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Fred
Rohner
(Brasil, 1977) Cursó
estudios de Lingüística y Literatura Hispánicas
en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Aficionado a la historia, la música tradicional y
criolla latinoamericana, compositor de algunas marineras
limeñas. Hoy, etimológicamente "desterrado"
realiza estudios de avanzada filología en el Consejo
Superior de Investigaciones Científicas de Madrid.
Ha publicado un libro intitulado Cancionero
(tangos, boleros y otros poemas para ser cantados)
en Lima durante el año 2001, bajo el sello de Corza
Frágil. |
Garcilaso
He cabalgado
las huestes de mi rey, he palpado el miedo en todas sus formas:
el hambre, el dolor, incluso la muerte. He pasado tanto tiempo
lejos de mi patria, que duramente recuerdo su rostro; me imagino
recorriendo callejuelas a las que, sin embargo, no me atrevo a
nombrar, porque no las reconozco, y porque ignoro si forman parte
de un recuerdo, o son producto de la ficción o de la fiebre.
En mis momentos
de ocio, que son pocos, leo o compongo algunos versos; quizás
les presto a veces demasiada atención, y esa vanidad me
ensombrece. Siempre he optado por imitar a los latinos y a los
toscanos, pero lo hago sólo por un gusto personal; como
ellos he querido ser pastor y en algunas ocasiones lo he sido;
ahora mismo en medio de esta batalla, en que mi nombre se confunde
vagamente con el golpe de una espada, dirijo un rebaño
que no conoce término, y el miedo se esparce entre los
hombres como las aguas de ese otro río, no el Danubio donde
dejé reposar tristemente mi cabeza, sino aquel donde rudos
pastores llevaban a abrevar el ganado, sus quejas dulcemente acordando.
Égloga I
Muy cerca
de estos valles
donde mis ovejas pacen
obstinadamente
pasa un pastor al borde de un río
que fabla e fabla:
dó sta l'anima que por estos montes
de mi pecho se placía
o con su mano deshacía
en amoroso llanto
los verdes pastos
que el Tajo le ofrecía
dó la humilde senda
por la que mi corazón se encaminaba
o dó la lluvia deslizaba
su atolondrado paso
de piedra
de rama
de oveja que moría
ya el ganado se apresta a huir
de esta noche que comienza y no termina
y yo mismo temo no encontrarte
posada sobre una gota de mi cuerpo
y subo una alta cumbre
para no ver sino la mar
meciendo blancas naves
sin remos, sin timón,
naufragando como la mañana
en un poema.
Égloga II
De este lado
del mundo
En el pequeño valle del río Rímac
Los pastores también entonan sus lamentos,
La amada huye o muere en cualquier parte
Y en una chinganita cuatro borrachines lloran
Al compás de un bolerito de Alci Costa.
Salicio
para
Andrea Cánepa
Jamás
fui pastor, todo lo inventó aquel hombre, y el único
rebaño que poseo, pace en mi corazón bajo distintas
formas; lo único cierto en esta historia es Galatea. El
Tajo jamás me prodigó sus pastos, jamás he
visto un río, yo frente al mar, en un puerto donde las
olas mecían las barcas y las desbarataban. Por lo demás,
mi vida fue tranquila, amé, fui amado, y muerta Galatea
no me queda más que restaurar su nombre.
Appendix (en la
lengua original del poeta)
Eo non seu
filio da la mare
Eo seu filio da meus propes pensamentus
Mea citá dourme seu nome
E la noite mostrasi manhifique
In cada uma da seus letteras
Um corpo dança e fatiga meus ochis
Ça se um corpo da lux
E meus ochis sun tute tenebri
E tute leito da flume fatigato
©
Fred Rohner
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