Oliver Glave (Perú, 1977) Siguió la carrera de Psicología Social en la Pontificia Universidad Católica del Perú, de la cual se graduó como bachiller en agosto de 2002. Desde hace ya varios años, dedica la mayor parte de su tiempo a la escritura. Hasta la fecha ha publicado algunos de sus textos en revistas digitales como LOS NOVELES. El primero de sus libros, cuyo título es Pleodrina, fue editado en Lima a principios de 2003. Actualmente se encuentra preparando su segundo poemario, aún no titulado. Blog: haymasquever.blogspot.com

 

I

Sumergido en las rosas he ahogado a mis niños. Y a ti flama turbia te he visto erguida y con miedo implorada en sus tibias frentes. Mis hijos de álgidos labios. ¡Ay, cuánta hambre entre espinas de pobre criatura! Yendo al hogar con mil cantos de sangre en las sienes. Rumbo a los templos aspirando el cielo y todavía aferrados a un trémulo seno en lágrimas. ¿Cómo podía adorarlos si clareaba el ansia en sus bocas, qué en su despertar podía sostener, yo que me descubro tiernamente entre colmillos admirables?

 

II

A María Paz

 

Y pienso en ti en la ausencia sin lamentarme de nada y así el jadeo me amanece. Sí, quiero arrancarme la cara cuando veo sus labios, el desvelo en su boca. El no saber que significan esos ojos me calcina inversa flor, hiervo en flama trémula. Y sin darme cuenta por dentro me voy como una antorcha, sin que se den cuenta conteniendo la mandíbula; fervor insomne que viertes.

 

III

Me percato del habitual escozor en las fisuras de mi columna, la carne hirviendo,
el orgánico, el vital polvo cancerígeno que une las miradas.
Siento nuestras pieles rozarse única, indefinidamente en esta coagulación notoria
del principio, las estimo inmensas, estiradas, cada una un capullo
una reserva de agua virgen.
Es difícil concebir que sólo ayer desconfiaba de tu respiración,
de aquellas historias del placer, de tus intrigas y bondades inciertas
y que ahora mi alma, agobiada, sin ánimos de renacer sólo desea ver tu rostro,
empequeñecerlo, apoyarse en tus justas lágrimas, ayudarte a dejar de ser una sombra
una presa que se anida en latidos exiliados.
¿Qué no sientes como lentas las paredes se acomodan
sonriendo en ángulo agudo hacia ti?
Curiosas alergias a la sangre y pena humana causas
curiosas alergias furtivas.

El sol ardiendo en nuestras espaldas, la plenitud de una vida, tus inflamados labios,
tus heridos cabellos, ¿interesa tanto conocer las causas, los engaños, el valor?
Hemos dejado ya de bordear llantos, hemos calmado el temor y las ansias.
No más recelo en tus ojos, el recuerdo de lo que fuimos
ha quebrado los pilares de este orgullo.
Entiende pronto que mis rabiosos tendones,
de nuevo ávidos por emerger, sólo quieren seguirte.

 

© Oliver Glave

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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