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Pablo
López Medel (España,
1978)
Periodista y literato. Tras
hacer un curso en los talleres de Escritura Creativa Fuentetaja,
empezó el primer año de La Escuela de Letras
de Madrid y un doctorado en Lengua y Literatura. Lleva cinco
años trabajando en Revista Foto (el último
como Jefe de Redacción). Ha hecho críticas
de libros y cine para diversos medios como El Eco, La Estrella
Digital o La Guía del Ocio de Madrid. También
ha sido corrector de estilo en la editorial Clie y tiene
unos cuantos poemarios inéditos. Actualmente está
trabajando (sin prisa, pero sin pausa) en la que será
su primera novela. |
Paraíso
en ruinas
La ventana
está abierta
y por una de las hojas
se cuela una brisa transparente.
La ropa, revuelta
en el suelo,
delimita el mapa de una guerra
que se libró a golpe de silencios.
Ella culebrea
entre las sábanas
y te dibuja con su cuerpo un te quiero.
Tú, sumido en el marasmo,
escupes al aire tu indiferencia.
Ella te mira con sus ojos mentolados
y tú sigues dando vueltas y vueltas
atrapado entre el ventilador del techo.
La noche avanza sigilosa y de puntillas
esparciendo su ceniza y sus brasas
sobre el colchón de esta cama tan vacía.
Ella apaga
la luz de su cuerpo
y escondiendo una lágrima azul
bajo la almohada,
parece clavar entre las sábanas
una bandera, deshilachada y polvorienta,
que dice: se alquila paraíso en ruinas.
El
hombre del saxo
Más
allá del alféizar
oteas el silencio de tu mundo
e intentas soplar esa melodía
que resuena y resuena
desde hace días
en tu cabeza,
pero todo queda en un suspiro
que se enreda entre las cortinas,
y, como cría que cae del nido,
se desploma
contra el suelo descalzo.
Otra vez atrapado
entre el reflejo de la ventana
y el absurdo brillo
que escupe en si bemol
tu instrumento desafinado.
Exploración
Explorando
la inextricable flexibilidad de tu sexo
(extrema expresión sexual
que exteriorizas con exceso).
Una reflexión existencial
que explica la sexualidad de lo externo.
Explorando
la inextricable exquisitez de tu sexo
(extática y exagerada exultación
exuberantemente extrema).
Una extrovertida exclamación,
un exacerbado exceso de extrasístoles.
Explorando
la inextricable textura de tu sexo
(exagerada y excitativa
expresión ex profeso).
Laxo sexo que exuda
algo extraño, algo excelso.
Explorando
la inextricable extrañez
de lo exótico y exorbitante
que exora por expeler
la exacta exégesis de tu existencia.
Una máxima expresión
excitatriz
exclamativamente
eximia.
Tierra
de promesa
Besamos
cada grano de arena
y, sin quererlo,
revivimos
en el reverso de los párpados
la sensación de estar atrapados
en aquella tormenta
de viento y agua,
de sangre y vómitos,
de gritos y silencios,
de suicidios y abrazos.
¿Y
ahora qué?,
nos preguntamos.
Cosas
de una
Qué
bien sienta esta lechuguita fresca. Y tan verde. A ver qué
pasa esta tarde. Gotas de silencio. Lo único que no entiendo
es ¿y adónde va con ese plato? No soporto las costillas
de cerdo. ¿Me estaré haciendo musulmana? ¿Cuándo
fue la última vez? Ya no me acuerdo. Vomitaría de
sólo pensarlo. La salsa barbacoa, las patatas aceitosas,
los churretones de grasa. ¿Cómo diablos puede alguien
comerse eso? Éstos no están tan buenos. Raff, ésos
si que están bien. Aunque son tan caros
Nueve euros
el kilo. Si fuese un tomate, costaría
quinientos
quinientos
quinientos cuatro euros. Un billete de los grandes.
Salgo barata, la verdad, aunque si tuviera dinero
Qué
barbaridad. Pues ese costillar debe valer lo suyo. Qué
asco. Quieta ahí. Quieta ahí. Te pinché.
Riquísima. Verdes o negras. Palabra de honor o cuello vuelto.
Negras o verdes. He ahí la eterna cuestión. Shakespeare
comía aceitunas. Lorca, lechuga muerta. El escote le pega
más a Lorca. No lo entiendo. ¿Por qué los
tíos leerán tan poco? Y a ver luego qué le
cuento a Sofía. Vamos a ver. Eduardo es un mal bicho. Y
mira que lo siento. ¿Se cree que por tener ese culito tan
bien puesto puede tratarla como la trata? Y todo por el culo,
y esos ojitos de Camporreal. Qué bonito es el verde. Ves,
¿de qué vale al final tener la gracia de Sofía?
Luego le salen ranas y me comería una aceituna de tres
kilos. Me quedo con los huevos, la escarola. Y la achicoria. Un
toque morado. Shakespeare es de cuello vuelto y se fuma el verde
de Lorca. Vinagre balsámico de Módena. Me gusta
más Bioy Casares o Cortázar o García Márquez,
aunque Borges
Qué historias. Eso sí que no
lo entiendo. Después de la carnaza se echa el coleto un
pastel, y encima de chocolate. Chocolate. Yo no quiero a tíos
como ése. Sólo dinero y caras bonitas. Yo quiero
lo de dentro, el aleph. Como las aceitunas. A mí me gusta
la anchoa. A Sofía no le gustan las anchoas. No nos parecemos
en nada. ¿Eso sí que tiene gracia? Parece ahora
que comer ensaladas es de enfermas. Tiene gracia. ¿Tener
una dieta sana es estar obsesionada por el físico? Quizá
Sofía. Qué va. Ella se lo ha currado. Y es guapa,
claro que lo es, pero tan ingenua
Yo a los tíos no
los entiendo. Claro, como para ellos es todo tan cómodo.
Es muy fácil desentenderse de algo que nadie les exige.
¿Y qué presión tienen ellos? Ninguna. A mi
me importa un pimiento lo que piensen los demás de mí,
pero ¿no tengo derecho a cuidarme si yo me encuentro mejor?
Esto es salud, no físico. Bueno, qué diablos. Algo
de físico ahí, ¿a quién no le gusta
verse mona en el espejo? No molesto a nadie. Pero a mí
no me va la vida en ello. Gotas de silencio, ¿no es un
poco pretencioso? Además, luego hablas con ellos y siempre
lo mismo: fútbol y fútbol y fútbol y más
fútbol. A ver a quién le falta aquí personalidad.
Si es que tiene narices. Tú cómete ese pastel que
a ti nadie te va a mirar las cartucheras cuando te levantes. Come.
Todo chocolate. Y siempre es igual. ¿No se depilan el entrecejo?
¿No se afeitan la cara todas las mañanas? ¿Y
los gimnasios qué? Si es que tiene narices. Una trata de
mantener sus cincuenta y seis kilos y está obsesionada
por el físico y lo de Carlitos sí que no tiene perdón.
¿Anoréxica? Éste está mal de la cabeza.
Es un anoréxico mental. En el fondo es lo que lo duele,
saber que una puede, además de darle un poco al coco, tener
cuidado con la comida. Eduardo tiene cara de coco y más
aún con esa ridícula barba. Tanto hablar y luego
no sabe ni quién era el de su camiseta. Por favor... Este
mundo es de locos. ¿A mí me va a dar lecciones?
Obsesionado, ése sí que está obsesionado
con el fútbol. Que es muy fuerte. Sofía de piedra
el sábado. Normal. Estoy yo con un tío y me hace
eso. Crónica de una muerte anunciada. Plantarla así
como
éste es el último tomate. Si fuese raff,
504 euros. ¿Y por qué leerán tan poco? Porque
vamos a ver. De los del grupo
Salva, quizá. Aunque
eso de lo del Ulises me huele un poco a
Al peperoncino.
¿Y cómo no me acordé antes? Y anda que vaya
dos, toda la noche pensando cómo se llamaba el dichoso
aceite. Estoy un poco harta del Gino's. Pero vamos, en general,
intentas hablar de algo un poco serio y se quedan todos de piedra.
Sí que está dura esta zanahoria. Y lo peor de todo
es que al final me paso la comida pensando en tonterías
y aún no sé qué voy a decir esta tarde. Si
es que lo mío también
Y ¿dónde
he puesto yo la
? Pues claro que me gusta el azúcar,
pero.. Monterroso o Dostoyevsky. Últimamente tiendo más
a lo Monterroso, pero eso no quita que cuando me dé la
gana me tome un Dostoyevsky como el de ése, con bien de
chocolate. Bueno y luego llega lo peor. ¿A qué hora
presento el libro? Llamaré a Cárol, soy un desastre.
Lo de Sofía es de libro. Gotas de silencio. No. Sigue sin
gustarme el titulo. No me gusta parafrasear a nadie. Y menos a
Beckett. No me gustan los hombres. Definitivo. Me quedo con los
libros. Jesús, qué calor.
©
Pablo López Medel
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