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Jorge
Alberto Sosa (México, 1981)
Poeta y narrador. Ha participado
en talleres independientes y de la Sociedad General de Escritores
de México. También ha publicado sus poemas
en algunas revistas digitales. Su obra terminada e inédita
consta de dos cuentarios: Retablo
de Encuentros Rojos y El
1492 (en conjunto con Manuel Nepomuseno
Dávila Galindo Olivares), una novela: El
Ejército Invisible, y dos poemarios:
El Diario de los Ahogados
y Carne Irredenta.
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Libertad
Porque no
te busco ni me encuentras
me dejas inmortal
sin carne que se abra
ni sangre que se mezcle con el agua.
Me depositas en el único sitio que las navajas no lastiman
en donde no hay sol que valga para quemarse la piel
dulcemente me dejas caer en el blando territorio del olvido.
Me dejo recostar en tus razones poderosas y desconocidas
dejo que mis poros se llenen del polvo en tus pies blancos
que mis ojos se adapten al inmenso aire
y que todo mi cuerpo condescienda a tu espantosa libertad.
Sin salvación
La salvación
es la forma más fácil de querer,
hay que saltar de las cornisas sin soltar nuestras manos
hay que perder todas nuestras esperanzas
en una habitación oscura, sin dejar de llorar, abrazados
dejarnos respirar la desesperada locura
que es juntar nuestras soledades y pretender que conjuramos
el hechizo imposible, para acercar nuestros pulsos.
Hay que cortarnos las venas con las uñas del otro
destruir nuestras muertes, volvernos ilusos
reconstruirnos como somos
indiferentes, soberbios, pervertidos, sudorosos.
Tenemos que olvidar nuestras últimas palabras
para reconocernos con lenguajes propios
con heridas, con dolor, con bocas quemadas.
Hagámonos a la idea del fracaso
a un par de lápidas, al olvido
así cuando nos arrincone el frío
cuando esté todo perdido
pelearemos como tigres
y en tu boca dibujaré mi última sonrisa
en nosotros habrá espacio para un último delirio
y nunca habremos sido vencidos.
Hasta pronto (Ten
cuidado)
I
Cuídate,
pero cuídate bien
de los sacerdotes
de los abstemios
de los célibes
de los no fumadores.
No dejes que te apunten en listas
que te aparten del dolor
no les permitas encender la luz de tu alcoba
no dejes que sepan que debajo de las sábanas,
de la melancolía, no tienes ropa.
Mantén tu espíritu lejos de sus verdades condescendientes
nunca olvides lo terrible que es esto de vivir
no te dejes alcanzar por sus manos blancas, sin olor
recuerda que unos dedos vacíos de caricias
pueden ser los dedos de tu tumba.
Que nadie te quite un cigarro de la boca
ni una cerveza de la mano
ni el sexo de la cama
ni la sangre de las venas
ni la sonrisa de los labios.
II
Aléjate
de los vendedores de seguros,
de los cirujanos, de los banqueros.
No hay amor en bonos
ni se puede hipotecar la soledad.
Quédate en el bando de tu cuerpo
con tus uñas sucias, tu riñón doloroso
un cuchillo en tu vientre es peor que cualquier enfermedad.
Mantén una silla cerca de los borrachos
de los herejes, de los apátridas
tómate tiempo para entender
que ciertas carencias no implican desventajas.
No te acostumbres a la frustración, ni a la fatiga
no hagas una rutina de maldecir a los impuestos
-----------------------------------------------al
gobierno
-----------------------------------------------a
la suerte, o al abandono.
Enfrenta las mentiras
largamente repetidas
con orgullo, con la lengua afilada
lánzate al toro con toda tu sangre
y si resiste (resistirá, mucho tiempo, muchas venas vacías)
prepara una nueva, otra última, y mortal embestida.
Revolución
Habría
que dejarse ir,
con los fetichismos y las eyaculaciones
con revolución, con esperanza.
Habría que dejarse
contra las calles y los sacerdotes
contra las señoras de la pobreza
y todas las piedras amontonadas de Dios.
Cuánto hace falta
estrellar nuestra embriaguez
nuestras prostitutas
nuestro amor irredento
contra los palacios de gobierno.
Habría que bombardear las casas de justicia
atrincherados en los burdeles
en nuestras sábanas sucias
en nuestras barbas descuidadas.
Habría que dejar brotar la rebeldía
entre nuestros sexos
y llenar las calles de su olor
de su vida.
Algo
sobre los parques
Nunca el mundo
fue así de triste
ni así de luminoso,
en tu ausencia un pájaro sostenido en el aire
es un milagro
pero un milagro amargo, melancólico.
Tengo que admitir que no me eres tan dolorosa
que mis vísceras demostraron estar listas para vivir sin
ti,
supongo que lo que seca tu ausencia se parece más
a un sitio etéreo de mí
que canta, que se vaporiza en las tardes de domingo en cualquier
parque;
ese tipo de gabardina, fumando, sombrío, para tu lejanía
no está listo.
Es que no estoy dispuesto a volverme prostituta de tu memoria
ni siquiera entre estos papeles,
es que no te acepto sin tu cuerpo
a tramos largos o cortos de palabras
ni pienso en concederte aunque fuera un solo palmo de mi muerte.
©
Jorge Alberto Sosa
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