Cortitos en Do mayor

Por Santiago R.


Oz

- ¿Qué camino me lleva a casa, señor Legislador?
- No sabría decirte, niña. No tengo cerebro. Mejor pregúntaselo al Presidente.

- ¡Señor Militar, ayúdeme a encontrar el camino a casa!
- No me compliques la vida. Me falta un corazón. Pídeselo al Presidente.

- Señor Informador, ¿conoce el camino a casa?
- No puedo hablarte, niña.Tengo miedo. Busca al Presidente.

- Señor Presidente, ¿cómo regreso a mi granja?
- Conmigo no gastes el tiempo. Soy el farsante de la película.

 

Judas calato

Cada vez que comenzaba a darles por el culo, él prometía hacerles ver a Judas calato, pero había nacido con una pinga tan cagada que nunca pudo cumplir. A pesar de que todas las putas le decían que habían visto a San Pedro y hasta a los arcángeles, él siempre supo que todo era pura pendejada y que con esa pinga de mierda solamente sería capaz de competir contra un miserable cuy. Por eso un día se dejó de huevadas y se volvió maricón, y pronto encontró un cabro con una pingaza, un cabro que sí sabía dar por el culo, y hasta por las orejas, y que le hizo ver un millón de Judas calatos sólo con el primer polvo.

Calato: Per. Desnudo, en cueros. "Ver a Judas calato." Observar algo sorprendente.
Cuy: Amer. Conejillo de indias.
Cabro: Per. Sodomita (sumamente coloquial).

 

A las cinco de la mañana

Entré en mi alcoba y hallé esta nota en el suelo del recibidor:

Espero que me esperes y que aguardes suspensa (llegará la hora, y el día, y la flama) y yo recogeré mis piernas reposadas, me henchiré de aire con profuso ahínco para caminar sin lógicas, escaso de peripecias, tan sólo firme, y ciego, y loco de atar, hasta ese suelo feraz, hasta ese campo tuyo, más allá de la divisoria estría que ahora nos parte.

Inmediatamente me hice del teléfono y llamé a la recepción. El empleado del hotel me dijo que no me preocupara y durmiese tranquilo:

-No se trata de ningún pervertido, señor. En su habitación pena el Poeta desde hace treinta años. Se lanzó de la azotea de este edificio cuando su novia lo dejó por un jinete.
-¿Que lo dejaron por un jinete? No puede ser. Esos son todos unos enanos.
-Cierto. Pero si no me equivoco, al Poeta le faltaba una oreja.

© 2002 Santiago R.


 

La Senora Del Perrito y Otros Cuentos

Yerma: Edicion Miguel Garcia-Posada


Las obras publicadas en LOS NOVELES son propiedad intelectual de sus autores (C) 2002 LOS NOVELES Todos los derechos reservados.