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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2006
ISSN 1547-8114

 

HAPPY NEW YEAR

Esperaba yo el 2000 con supersticiosa ilusión, sin temer que el mundo se acabara, pero sí pensando que las doce de la noche del 31 serían de un mágico sin igual. Tenía mis fantasías postadolescénticas en donde esnifaba gramos de cocaína colombianísima en una suite que daba a Times Square, rodeada de esclavos musculados (escuchando a los Smashing Pumpkins).

Pasé las doce en un Four Seasons de medio pelo en el hermoso pero aburridísimo Río Dulce a donde, malaya la hora, se nos ocurrió ir a mi mejor amiga y a mí.

En la mediocre fiesta del Villa Caribbean bailamos con unos negros de la zona que eran animadores del Hotel y que nos vieron tan extremadamente poco animadas que intentaron sacarnos de nuestra miseria. Para la Mari y para mí, únicas parejas en la pista, bailar punta con aquellos caribeños no era el plan que teníamos en mente para el fabuloso salto al 2000. Más bien pensábamos que alguien nos invitaría a alguna fiesta privada pija sobre un catamarán, donde conoceríamos a un par de niños bien, con politos Lacoste y bermudas, que caerían rendidos a nuestros pies; nos daba un poco igual que fuera bajo los efectos del potentísimo ron Venado.

Río Dulce es un paraíso donde manatíes y grullas pueblan agua y tierra entre esos cañones cubiertos de palmeras y flores rojas que se despliegan a lo largo del ancho río que da al Caribe guatemalteco. Por supuesto que hay gente que tiene sus chalets en la zona, casas con aire acondicionado, catamarán y sirvientas beliceñas que les amasan el pan de coco para acompañar sus camarones importados. También hoteles de 1, 2, 3, 4 y 5 estrellas, donde se puede disfrutar de la belleza del río y de la compañía de los otros huéspedes del Hotel… Por carretera no hay ningún sitio al que se pueda llegar en menos de cinco o seis horas… Y bueno, también chocitas hechas de palo y techo de paja con hamacas colgadas de palmera a palmera, y un cayuco (barquita de tronco) en donde los hombres salen a pescar.

El paso al 2000 en Río Dulce no fue lo que esperábamos la Mari y yo, pero el sitio sí me dejó grabado su recuerdo. Tanto que cuando años después volviera para instalarme a vivir allí durante unos meses, dando clases de pintura a unos niños huérfanos, incluso de choza, me impregnó con una magia que trascendía por mucho la de Times Square.

© Beatriz Bonduel

 

 

 

 

Beatriz Bonduel | Guatemala, 1977 | Artista plástica y escritora. Ha expuesto sus obras en galerías de México, Ciudad de Guatemala y Madrid. Estudió Creación Literaria en España. Ha publicado críticas de arte, cuentos y poemas en revistas como El nido del escorpión, Los Noveles y Revista Kitsch.