ULTIMA
(ARGH)
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Me
siento tentada a decir que un libro es su última
página,
una novela, vamos, y que un poema es su último
verso, pero eso sería como decir que somos
para el momento de nuestra muerte, que somos para
lo que reste de nosotros, que existimos en función
de nuestro “afterstate”. |
¿Quién se resiste a voltear y leer la última
página de la novela, ese espacio donde queda resuelto
el tremendo lío de acciones y conflictos narrativos
y semánticos?
Yo soy de las que resisten, esperando el último bocado,
el cigarrillo póstumo, dejando que su calidad de última
reine y perdure hasta el momento de llegar a ella triunfante
tras haber escalado palabra por palabra, lío tras
lío: cien, doscientas, quinientas páginas de
enredado o llano delirio.
Encuestando me temo que hay más de los que deshacen
esa “ultimidad” de la última llegando a ella antes
de tiempo, eyaculando precozmente sobre la narración,
dejando que el The End no sea ya ese momento reflexivo de
los subtítulos sino una verdad subyacente a toda la
lectura.
Esta avidez queda plasmada igualmente en el que crea, siendo
un creador del tipo que descarga potentemente un final, un
escupitajo, un punto y final, un do mayor potentísimo,
un ritornello poético, un cierre circular, un deshacerse
a lo puntosuspensivos, difuminando acciones pero
cerrando, claudicando el texto, volviéndolo final,
esencia pura. Y otro, claro está, del tipo que va
esparciendo acciones y potencias aleatoriamente, rítmicamente,
copypasteando a lo Internet, sin verdadero principio ni fin
claros, con clímax varios.
Me entretiene pensar en
este no ser última jamás
de la noúltima página en Internet, siendo esta
sección una primera o una tercera o una vigésima,
dependiento de los clics, tan distintos de la suave y olorosa
y ya casi decimonónica página.
No que la añore,
en lo absoluto, mi mente está más
que amoldada a esta nueva lectura sin últimas páginas
o sentencias concluyentes, pero eso no quiere decir que la
sensación en el dedo índice sobre el mouse,
el avance sobre la barra y ese scroll
scroll scroll no contengan en
ellos el encanto necesario que se requiere
para ser la última.
© Beatriz Bonduel |