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Al fin, después del caos, he recobrado mi Atari2600, la consola clásica, una pirámide trunca y enchapada; no la ramplona 5200, provista de esos joysticks inmanejables y absurdamente concebidos; no la 7800, fría y aplanada como ella sola: ha vuelto a mis manos el Atari2600 Video Computer System, Codename: Stella, introducido en el mercado en 1977, con 128 bytes de memoria RAM, un procesador central 6502, velocidad máxima de 1.19MHZ, 16 colores en pantalla, resolución de 320x200, 3 canales mono de audio. Una maravilla de plástico negro.

Otra vez, sí, me siento en el suelo de mi dormitorio a jugar Space Invaders. Acabo con los extraterrestres protegido por fortificaciones de piedra, apuntándoles con mi artillería láser: ¡piush! ¡piush! ¡piush!, y su platillo volador revienta como un tomate aplastado en la acera, mientras sus cuerpos, ¡malditos alienígenas!, ¡esta es mi tierra!, ¡mueran, bazofias, esta es mi tierra!, se despedazan en la pantalla de mi televisor de 32 pulgadas.

Estoy rodeado de cartuchos fabricados por ActiVision, HES, Coleco, Atari. Cartuchos de colores, de muchos colores. Con nombres bellos: Pac-Man, Asteroids, Missile Command, Galaxian, Pitfall, Frogger, Pole Position, Donkey Kong, Battle Zone. Tengo el cartucho de Los Pitufos y el de E.T. Y juro que E.T. armará el teléfono, lo prometo. E.T. podrá llamar a casa y reunirse con sus padres extraterrestres. Pac-Man devorará a todos los fantasmas. La rana cruzará la pista sin un rasguño. El gorila no logrará alejarme de la cornisa del edificio. ¡Mi pequeña nave triangular atravesará el campo de asteroides con la furia de un tifón!

Y mi madre, una ignorante, peliteñida, ¡acaso no sabes lo que está en juego!, ¡billones de aborígenes de un planeta, tarada!, ¡billones!, no me obligará a ir al comedor cuando dé la hora de su almuerzo vomitivo. Esa anciana de mi abuela se callará de una vez por todas, ¡porque no pienso leer ningún libro, momia enjuta!, ¡no necesito una pelota ni un disfraz de vaquero!

Es cierto, ya he recobrado mi consola clásica. Una vez más soy feliz delante de las luces de los televisores. Resplandezco en la noche. Aquí abajo nos compran juegos nuevos. Nos prometen 4 bits por siempre, más allá de mis treinta años. Este es un mundo en el que nunca reinará el Nintendo.

El mundo del Atari2600, donde yo vivo.

 

 

 

© Santiago R.

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