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Última
página: Hay cosas que sinceramente
me llegan al pincho

La
vaina es así:
Llegaron
estos huevones a mi jato, Tato y el Miki. Y dicen: “Oe,
Salvatore, juégate a tu hembrita un toque que la necesitamos
para una chamba.” Y yo les digo: “¿Ta mare,
otra vez? Ya se las presté el mes pasado, tío.”
Entonces esta gente me dice: “Ta que no te ases, brother.
A la firme, esta es la última vez. Ya después le
pedimos al Flaquiflaqui que nos juegue a su monstrua.” Y
yo nada que ver con estos huevones y les digo: “No, no jodan.
Busquen a otra huevona.” Y estos huevones empiezan a rogarme
que por la amistad y que después te invitamos unas chelas,
ya pe, brother, no seas cagón. Y yo no sabía
qué hacer porque estaba con la duda: que si les doy a mi
hembrita o no les doy a mi hembrita. Y al final sacaron una bolsa
llena de wiros y dijeron: “Mira, Salvatore, para ti solito,
causa. Te los fumas tú solito a cambio de que te juegues
a tu hembrita por unas horas.” Y me cagaron, pues. Ta que
yo los wiros los vi peso y medida oficial y me quedé huevón.
La
huevona de Bianca estaba jateando en el cuarto, soñando
seguramente con el viaje a Lunahuana que siempre le prometía.
Estos huevones la despertaron y yo le dije: “Mira, Bianca,
te vas un toque con Tato y Miki para hacer una chambita y cuando
regreses nos vamos a Lunahuana.” La huevona de Bianca me
miró medio con odio medio con alegría porque le
estaba confirmando lo del viaje y se quitó sin decir pío.
Entonces cerraron la puerta de la jato y yo al toque me fumé
como diez wiros al hilo. Me metí un flying de
aquí a Marte, carajo. Hasta ahí, todo chévere
con mi disco de Bob Marley:
’Cause
all I ever had, redemption songs
Redemption songs, redemption songs
La
huevada empezó a preocuparme unos días después,
cuando desperté de mi flying. Yo no sé
qué día era, pero el camión de la basura
estaba pasando así que de hecho era martes o jueves porque
el camión no pasa todos los días y yo fijo que me
había prendido un domingo. Entonces me levanté porque
estaba tirado en el suelo –sin lompa y sin mi polo porque
cuando me prendo me da por correrme la paja y quitarme la ropa-
y fui al cuarto a darle un beso a Bianca. Entonces llego al cuarto
y ni puto rastro de Bianca. Y yo recontra friqueado porque mi
hembrita no estaba en el cuarto y a esa hora fijo que tenía
que estar. Ta que salí del cuarto con los huevos de corbata
y chequeé en el baño, pero nada. Lo mismo en la
cocina. Ta que volví al cuarto y ya me puse a mirar debajo
de la cama, que era el único lugar donde podía esconderse
Bianca, pero la misma huevada: cero Bianca. No había Bianca.
Bianca no estaba. Se había evaporado. Entonces comencé
a pensar huevadas. Me dio miedo. Chapé el fono para llamar
a Tato y a Miki. Ta que no me acordaba del número. Entonces
llamé al huevón de Gino que de hecho tenía
el número, pero me contestó su prima, que Gino se
había quitado al norte, a Punta Sal. Puta madre, la que
lo parió. ¿Y ahora cómo consigo el número
de esos conchadesusmadres? No me quedó otra huevada más
que chapar las llaves del carro y salir a buscar a Bianca. El
roche era que no sabía por dónde empezar. Lima es
grande y estos huevonazos de hecho que se habían escondido
bien. Por la puta madre, me dije, cómo mierda se me ocurrió
cambiar a Bianca por una bolsa de wiros.
Al
rato me di cuenta de que mi carro no tenía gasolina y tuve
que chapar un taxi. El taxista me preguntó que adónde
y yo sólo le pude decir: “No sé, tío,
tú sólo maneja y cuando veas a un par de pavazos
con una flaca de pelo castaño, me pasas la voz”.
El taxista me dijo: “Esta carrera te va a salir cara, chochera”.
Y después arrancamos hechos unos emersonfitipaldis…
©
Santiago R.
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