cover

Joyce

cover

Bioy Casares

cover

Paz Soldán

 

Jorge Enrique Aguayo <Tedel>
Peruano
1979
a.l.i.v.e@hushmail.com

 

Retratos hablados

 

La discusión

Eva puso el rostro fiero y gritó. La discusión tenía ya varios minutos:
-¡Estoy harta de ti, mamá! ¡Siempre me vienes con las mismas tonterías! ¡En cuanto tenga dinero suficiente me voy de aquí!
-¿Ah, sí? -inquirió instantáneamente su madre-. ¿Y puedo saber a dónde pretendes ir?
-Me alquilaré un cuarto por ahí -manifestó ella, más rabiosa todavía-. No sé. ¡Qué te importa!
-¿Y puedo saber cómo lo vas a pagar?
-Con mi trabajo.
-¿Y si no te alcanza?
-Buscaré otro.
-¿Y si no lo encuentras?
Eva no podía soportarle más. Entonces gritó:
¡Quizá me vuelva puta y me pare por las noches en una esquina! Eso quieres escuchar, ¿no?
La mano de su madre no tardó ni dos segundos en dar con su faz; fue una cachetada sonora y contundente.
-¡No tienes ni idea de lo que estás hablando, estúpida! -dijo su madre, con la voz entrecortada-. Ser prostituta significa aguantar a un hombre encima de ti, dentro de ti, a cambio de un par de billetes. Significa sentir asco de ti misma hasta encontrar consuelo en la costumbre. Es vivir para esconderse del resto... Es cambiar de nombre por las noches... Es pecar como idiota hasta dar a luz a una hija... Sólo eso… Sólo eso te detiene...


Crueldad

Juan Pablo dejaba ver su rostro de preocupación mientras andaba:
-Fue increíble -dijo.
Su vecino le escuchaba muy atentamente.
-Esos niños vieron una rata enorme mientras jugaban. Y, lejos de irse corriendo, asustados, que es lo que corresponde a niños de su edad -comentó, mientras su vecino abría los ojos expectantemente- cogieron una piedra y se la tiraron encima.
-Qué peligroso. ¿Y le atinaron?
-Sí, la dejaron malherida.
-Tuvieron suerte. La rata pudo haberles atacado.
-Pero espere, a eso no me refería. ¿Sabe lo que hicieron después? Le vertieron un poco de alcohol que sacaron de casa y le lanzaron un fósforo. La quemaron viva, vecino. Fue horroroso -le confesó.
Ambos estaban ya muy cerca de la puerta de la parroquia.
-La pobre corría como un bólido, a mil por hora. Luego fue reduciendo su velocidad, hasta quedarse quieta.
-¿Y ellos qué hicieron?
-Eso fue lo peor, vecino. Ellos se quedaron viendo... Y reían.
El otro sólo atinó a hacer la señal de la cruz. Ya estaba comenzando la misa.

© 2002 Jorge Enrique Aguayo

 

 

 

Las obras publicadas en LOS NOVELES son propiedad intelectual de sus autores.

(C) 2002 LOS NOVELES Todos los derechos reservados.