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Phone
Call (o cierta clase de imbécil)
Erick
Miranda
| México | 1980
Para Valerie
El
teléfono sonó cuatro veces y luego apareció
su voz que con paciencia contestaba por quinta vez a la llamada
indecisa del que se quedaba callado. Ese que se quedaba callado
estaba destinado a ser su marido si se atrevía a decirle
que la amaba.
Para
él era muy difícil porque estaba convencido de que
eso del amor no era más que una idea de la literatura y
se afanaba en crear una nueva palabra que llevara al nivel lingüístico
todo lo que sentía, una palabra que no estuviera tan prostituida,
manoseada y violentada por los incontables seres humanos que buscaban
mitigar su sentimiento de ajeneidad a través de la simple
confesión: “Te amo.”
Se
preguntaba medio conectado a la realidad el porqué de su
urgencia para decir lo que sentía sin aplicar la absurda
palabra con a. Se preguntaba además lo que diría
ella al escucharlo decir lo que diría en substitución
a “Te amo” ¿Le entendería? ¿Sería
su voz lo único necesario para que lo comprendiera? ¿Podría
únicamente a través de un “bueno” hacerle
sentir a ella que la amaba? Se lo preguntó unos cientos
de veces mientras el destino caminaba implacable sobre su vida.
Una
especie de risa macabra estallaba en su interior cuando pensaba
en susurrarle a la bocina ese universal “te amo” para
que lo llevara a oídos de la que del otro lado de la línea
lo escuchaba. “Es que no la amo”, se decía
a velocidad del pensamiento inconsciente. “Es algo mejor,
algo superior, es un concepto no literario, es algo que no tiene
descripción ni manera de ser articulado fonéticamente.”
Tal vez si le tomaba la mano podría hacerle sentir lo que
sentía, tal vez si la abrazaba podría explicarle.
¿Pero decirle “te amo”? ¿Prostituir
sus emociones? ¿Destruir el orgullo que predicaba “el
amor es una creación literaria”? No. Inconcebible.
Absurdo. Tonto.
---------Mas
no había otra forma.
Ella
sabía perfectamente quién era el tímido al
otro lado del teléfono. Sabía de los altos ideales
que tenía y sabía en especial de la filosofía
del amor como algo salido de la imaginación y de eso que
Hegel llamaba alienación. Por eso decidió esperar
esta quinta vez hasta que él hablara o colgara. Sostenía
la bocina sonriendo a veces y desesperada al minuto siguiente.
No era tan difícil decir “te amo” ¿O
sí?
---------O
lo decía o la perdía.
¿Y
qué si el amor era nada más que algo orgánico
idealizado por las musas y los númenes? Volverse algo literario
no sería algo malo. De hecho todo lo que había vivido
con ella parecía surgido de la imaginación de un
adicto o de un magnífico escritor. Dios es amor. “Ahí
hay otra de esas maneras de definir la nada con la nada o el todo
con el todo o el todo con la nada o viceversa. Nadie puede definir
a Dios y nadie puede definir al amor. Decirle ‘te amo’.
Siento algo demasiado especial por ella como para decirle algo
tan absurdo y burdo como eso. ‘Te amo’. Como la amo
tanto no le puedo decir ‘te amo’. Qué estupidez.
Te amo. He ahí una palabra-frase comodín. Me dan
ganas de invocar a Dios pero me parece igual de tonto. Te amo,
te amo, te amo, te amo, te amo, te amo. Pero maldita sea, no es
amor lo que siento, es otra cosa...” Y sudaba frío,
el cuerpo le temblaba al escuchar la delicada respiración
por la bocina del teléfono. No se explicaba por qué
no había colgado ya.
---------Sólo
dímelo, sólo dímelo de una vez y no tendrás
que volver a decirlo.
Basta,
voy a decirlo y no me importa si me traiciono o me contradigo.
Bonito tema para un ensayo: El amor como autocontradicción
y autonegación. Carajo. Voy a decirlo, voy a decirlo,
voy a decirlo, voy a decirlo. Si tan sólo pudiera inventar
una palabra: Valefilia... No. Sólo debo decirlo.
-
¿Val?
- ¿Sí?
---------El
crédito de la tarjeta se terminó y la llamada se
cortó.
---------¿Qué
clase de imbécil hace este tipo de llamadas desde un teléfono
público?
©
Erick Miranda
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