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Luna
llena en Cholula
Beatriz
Bonduel
| Guatemala | 1977
Habrá
luna llena. Es uno de esos días en que los niveles de agua
suben y en que cronométricamente siento el estrógeno
en cada una de las puntas de mi cuerpo. Esos días en que
alucino affairs entre mi ex y mi amigo gay o en que pienso
que la prometida de aquel amante gitano me está enviando
alguna maldición para que se me quede estancada una píldora
de la memoria en la garganta.
-----Expulso la píldora sanguinolenta
por la nariz y todo el día me creo y creo firmemente cualquier
especulación.
Voy
a clases buscando en el piso cosas de valor; encuentro un guante,
cincuenta pesos, un botín de niño de dos años
y un anillo de esos de plástico que tanto me gustan. Cuando
llego, allí está Suárez, parado en el banco
de cuclillas como un buitre o un pterodáctilo ínfimo
pero poderoso. Su voz es ronca, potente, y está hablando
de la pintura conceptual de su amigo chileno Jumuzzo, que usa
bolitas de peluche para construir cuerpos bi-tridimensionales
que se unen en complicadas posturas eróticas. Esta noche
es su fiesta de cumpleaños, tiene 37 Suárez, doce
de casado con una famosa artista y dos de esos mismos de novio
de un bailarín californiano. Pongo toda la atención
y luego me fumo un Viceroy light platicándole a Suárez
sobre lo mucho que deseo a su amigo Jumuzzo, tan tímido
él. Suárez se ríe, estridencia pura, y me
abraza huesudo por la espalda diciendo que lo seduzca antes de
que regrese a Chile, mañana.
En la tarde me quedo en la casa, oigo las banalidades de Nani
un rato y luego nos divertimos bailando alrededor de la mesita
de vidrio mientras me seca el pelo y le pinto los ojos. Ella va
a la discoteca y yo a la fiesta de Suárez, con toda la
beautiful and fashion people que se lanzó a la
exótica Cholula desde el D.F., solo para ver en qué
anda el artista que dejó la fama por las calles terrosas
y el deseo.
Estoy haciendo mi tesis por esos días, y las confusiones
son muchas, no logro establecer un rango que me permita hablar
de refetichización sin hablar de fetichismos sociales o
sexuales. Me está costando acotar mi rimbombante propuesta
de tema.
Llegaré
al patio de Suárez esperanzada de que alguno de los fashion
me diga algo de valor, porque sé que aparte de Chanel están
muy de moda Deleuze, Guattari y la hija de puta de Kristeva.
-----Fabuloso también si logro
terminar besando a Jumuzzo.
Al fin, sale la luna. Llego con una blusa negra y peluda y un
pantalón de vinil imitación de serpiente, la síntesis
del fetiche. Suárez me presenta a un Doctor en Sexualidad
que expulsa verdades complicadísimas sobre mi bourbon y
que en aparente descuido me roza el pezón con su copa verde.
Entonces escucho un acento cubano y los cuatro bourbons me permiten
acercarme a Orlando. Bromeo de lo más tranquilamente, entonces
inconsciente de que se trata de EL crítico importantísimo.
Les propongo el tema de la refetichización y los dos se
destruyen a diatribas sobre mi cabeza durante la noche entera.
Estoy hechizada, embebida, la lucidez me recorre completa, entre
bourbon y bourbon y Viceroy y Viceroy resuelvo la totalidad de
mi tesis. Está clarísimo, el fetiche se erige en
la mente.
Ya en la madrugada recorro con la mirada turbia el patio antiguo
donde aún está viva la fiesta. No está Jumuzzo
por ninguna parte, pero está prendida la luz en el balcón
de Daniel, el cineasta peruano, ese que se cree Paul Auster y
me hace sentir Sophie Calle.
Las madrugadas son frías en Cholula, recuerdo esa clase
de Semiótica a las siete de la mañana que me sacaba
yagas heladas en las manos. Así de helada salgo de la cuatro
poniente, de la casa con el balcón clausurado de Daniel,
de sus dedos finos. Ya es el día de vivir sola la resaca.
Paso a comprarle una coca cola a mi duende, Micaela, la niña
que parece niño de la tienda de a dos cuadras de mi casa.
La discoteca setentera derrumbada me invita a entrar y acordarme
de días de lluvia y arcoiris cantando en el cuartito en
donde aún se ven los recortes de mujeres desnudas pegados
en la pared a medias. Es precioso vivir al lado de las ruinas
de una discoteca, aún mejor que sea setentera, circular
y ya comida por la vegetación.
Llego
a mis sábanas lila. Le doy vueltas a la tesis, a Orlando,
a Daniel, a la risa de Suárez. Mis poros escupen el bourbon.
No puedo dormir. Oigo las risas de Nani con su novio Rafa, se
ríen por horas, se ríen como niños jugando,
se ríen sin parar, sin tregua, no paran de reírse
en varias horas mientras doy vueltas en las sábanas lila.
No me duele la cabeza, solo siento que tengo una criatura que
habita entre uno de mis hemisferios y el otro, un animal blando
y amorfo, no desagradable pero si intrusivo.
-----Una piedra en mi ventana, es
Suárez que ha discutido con Jeff, quiere hablar, quiere
que vayamos al Franco´s. Me pinto los labios de magenta
y me subo al auto rojo, oímos a Miss Kittin mientras Suárez
empieza a lagrimear pensando en voz alta en el daño que
le está haciendo a Jeff.
Llegamos
a tiempo para el show travesti, nos dan la mesa de siempre, los
Dejà Vus de siempre, vodka con tónica y una rodaja
de pepino. Las chicas están fabulosas, todas emplumadas,
engominadas y repletas de brillos plásticos. Aplaudimos
con una sola mano sobre el vaso verde fluorescente del Dejà
Vu.
Suárez
se va animando cuando se percata de que lo ve de reojo un chico
de aspecto infantil vestido de dorado. Franco, ahora Celeste,
se acerca a brindar con nosotros. Tiene unos labios colosales
y pintados de rojo brillante, nos invita a dos Dejà Vus
más por cortesía de la casa. Está de buen
humor. En un momento veo que lleva de la mano al chico de dorado
que resulta ser su sobrino. Franco está más que
encantado de que el profesor de la Universidad le esté
prestando tanta atención al chico. Yo solo le pregunto
si pueden poner de nuevo la canción de la Batidora. Le
hace una seña al DJ que baja corriendo y me dice que en
dos canciones más la pondrá.
Dejo
a Suárez con el chico, Aarón se llama, y me voy
a bailar la Batidora frente al espejo. Bailo bajando y subiendo
al ritmo con las caderas, sudo mucho, me divierto, me veo bailar,
dejo las palmas sudorosas marcadas en el espejo. Dos chicos me
imitan, uno me grita en el oído que le enseñe a
bailar así de sexy.
-----Nadie más que yo misma
me ve con lascivia.
-----Me agoto de egoísmo y
veo en la esquina más oscura del Franco´s que Suárez
está devorándose al niño dorado.
©
Beatriz Bonduel
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