cumpleaños

Ana Castro / España / 1966


 

cumpleaños

Salgo del trabajo por la mañana. Después de pasar allí toda la noche, cuando abro la puerta principal de salida a la calle, siento que tengo diez años más en mi cuerpo y en mi cabeza. Conducir hasta casa está empezando a convertirse en un deporte de riesgo. Pero aún así, mis pensamientos siguen evolucionando libremente en mi cerebro, como ha ocurrido durante toda la noche, y todas las noches. Se mueven con independencia de mis reflejos. Voy en una nube siempre.

Llamo al portero automático. Me contesta la voz de mi madre. Paso una puerta, otra, subo las escaleras, llego al rellano. Saco las llaves..., esta no es mi casa, pienso. Vuelvo a bajar las escaleras. Saco las llaves del coche y abro la puerta. Esta vez conduzco hasta mi casa. Abro la puerta del portal, subo las escaleras, y abro la puerta de mi casa con la llave. No hay nadie. Los busco por toda la casa. No están. Las camas están hechas y la casa está vacía. Otra vez no me ha dado tiempo a llegar antes de que se fueran al colegio. Tenía tantas ganas de verlos, un ratito, sólo un ratito antes de acostarme y volver a perder la luz de otro día más. Lloro, al principio despacio, después deben oírme hasta mis vecinas. Sólo quería unos minutos de luz con ellos. De pronto suena mi teléfono móvil. Es mi marido.
- Cariño, ¿dónde estás?
- Pues en casa, ya he llegado.
- Pero ¿qué haces ahí? No recuerdas que este domingo habíamos quedado para desayunar con tus padres. Estamos todos esperando a que traigas los churros. Y tu madre toda preocupada, - ya sabes como es- porque no llegabas.
- No me acordaba.
- Venga, vente, que la niña esta deseando tirarte de las orejas 37 veces.
- Ven a buscarme, por favor, ven a buscarme, hoy ya no quiero abrir yo más puertas.


mi madre no me comprende

Todos los días igual. Todos los días le hablo, le cuento mis cosas. A veces con cariño, a veces con seriedad. También grito y me enfado. Le hablo, le acaricio. Quiero que entienda que entiendo, que ahora que yo también voy a ser madre, quiero compartirlo con ella, que sé por lo que está pasando. Muchas veces termino abrazándola y llorando. Pero ella... nada, ni una palabra, ni un gesto, ni siquiera me mira desde hace tiempo. Quiero que sepa que la necesito todavía. Pero no sé ya cómo hacerla comprender.

Mi hija viene todos los días. Habla y habla. Y yo la escucho. Cómo me gustaría volver a ver su cara. Si por fin me abandonara este letargo, sería maravilloso poder abrazarla. Ella me cuenta que tendrá pronto un hijo. Y yo quiero hacerle llegar mi alegría. Pero sin poder hablar, ni mirar, ni mover, ¿cómo voy a hacerla comprender que la entiendo? Quiero que entienda que yo ya no estoy, aunque parezca que sí, porque yo ya no soy mi dueña. Quiero que se despida de mí, que hable con los médicos, que me dejen partir. ¿Pero cómo podría hacer que me comprendiera?




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