Sin garantías

Jorge Tempio
Argentino
1961

 

Dices que me amas -yo realmente valoro eso- pero el amor no es ninguna garantía. Digo que en realidad me soportas, que me llama poderosamente la atención tu tenacidad/capacidad de hacer perdurar ese sentimiento no correspondido. Sin embargo, en algo te daré la razón: he vuelto, después de todo estoy aquí hoy de nuevo contigo, con la misma vieja maldita valija nueva, las mismas camisas, las corbatas, la ropa interior, el traje, las idas y venidas, las discusiones interminables, los gritos, los llantos y todo eso que nos identifica tan bien como pareja.

Aunque año tras año lo olvide -no más rosas ni bombones- me lo recuerdes y reproches, seguimos conmemorándolo. Hay algo inconsciente en mi que se niega a esa fatídica fecha de nuestro aniversario; como si se tratara de un último e irreducible bastión tras el que me resisto estoicamente a aceptarlo, como si en el medio de este naufragio de amor me aferrara desesperadamente a los restos que todavía aún se mantienen a flote y al mismo tiempo quisiera hundirme atravesado por un ancla gigantesca.

Dices que soy frío, como una heladera, incapaz del amor, y me muerdo los labios dolidos para no responder… para decirte que no es cierto, para decir que yo también me veo en ese espejo que me devuelve insípido, pero que en realidad ese no soy yo. Mientras tanto me sigo preguntando cuál de la dosis de tu razón es la que más envenena.

Soy un cubito porque mi casa es un congelador -dije, ensayando una defensa - pero descubro entonces, cuando me justifico una asociación espuria de ideas, acaso una injusticia. Insistes con el anillo que no está donde debiera desde que algunos ladrones supieran anticipar un deseo aún no develado. Pienso si no será algo más que una casualidad que el portador del símbolo emblemático del matrimonio se llame justamente así: "anular". El anillo ya no está pero está, indisoluble, voluminoso... pesado. Anular me repito, anular, anular, anular...

En un sencillo y no muy emotivo acto sellamos la unión con una simbólica mirada de estos ojos que dices apenas te ven, con un beso de estos labios que llamas rígidos, encallecidos de desencanto, que hablan sobre los tuyos siempre generosos pero que no pueden entender, no pueden reprimir un reproche amargo sobre mi forma ausente de besar, y volví a pensar que tal vez después de todo tuvieras algo de razón. Pero entonces... ¿qué es lo que te hace querer seguir, qué es lo que te impulsa a aferrarte a mí con todas tus fuerzas, a mi pesar, a pesar de ti, a pesar de nuestros rencores, a pesar de todo para llenarme después de reclamos insatisfechos que probablemente jamás satisfaré, a reclamarme para ti tozudamente? Repasé la idea por un instante... y sólo por un instante pensé que tal vez, después de todo, esta mujer me amara.

Vuelvo a mirar a mi hijito que juega inquieto en el living y detengo en el aire la próxima pregunta; en esa sonrisa de hoyuelos pequeñitos, en ese pedido velado encuentro mi propia respuesta: lo amo como imaginaba un padre debe amar, como me doy cuenta mi padre debió haberme amado aunque nunca supo demostrarlo. Comprendo ahora su dolor de no poder que me duele a mí con un dolor propio, amplificado; pienso que siempre busqué ese amor que él fuera incapaz de dar y me pregunto cuánto de él hay en mí, me pregunto cuánto le debo esta manera natural de postergarme, esta manera natural de vivir relegado, de sobrevivir con migajas de amor para dar y recibir, me pregunto entonces para concluir: Dios, ¿cuánto de mí hay en ti, querido hijo mío?

Digo que ya basta de los "te quiero" y después te duelo hasta el alma, digo que estoy lleno de heridas de aquellos que dijeron amarme - y tal vez lo hicieran - y repito y afirmo que el amor no es ninguna garantía.

Él ama a su madre, su madre dice que a mí, yo a él, él a su madre, su madre dice que a mí… A veces deseo otra oportunidad, tan sólo que fuéramos un poco distintos, tal vez que el amor fuera... transitivo.

Hoy he vuelto nuevamente y me muerdo estos labios fríos para no responder, para no decirte que ese... ese no soy yo.


Copyright © Jorge Tempio

siguiente>

 

 

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover

cover