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Percepciones
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Nicolás
Saraintaris
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Argentino
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1983
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Se
acababa el tiempo. Siempre había sido así,
era irremediable. Le quedaban unos minutos de conciencia
emotiva. Decidió terminar con las labores de acondicionamiento
físico. En unos instantes ya no gobernaría
su cuerpo. Se dirigió al exterior de la habitación
de entrenamiento y esperó. Sus ojos expresaban
cansancio. Pero tal sentimiento desapareció de
improviso, así como toda otra posible emoción.
Uriel Manzón comenzó una marcha lenta, mecánica.
Todo el empeño que había mostrado al ejercitar
su cuerpo fue reemplazado por movimientos automáticos.
Se dirigía al Centro de Trabajos Reconstructivos
(CTR), donde debía completar diariamente una jornada
de doce horas. Caminaba por una ancha calle, ajeno al
mundo, sin percibirlo. El paisaje era monocromático
y silencioso. Así lo había dispuesto el
Gobierno Mundial para todas las ciudades del mundo. Al
fin llegó al CTR, un edificio como todos los otros.
Entró. Se encaminó a su puesto. Allí
pasó toda la jornada, trabajando para algo que
el Sistema le obligaba a hacer, y como todo ciudadano
hacía. No lo había elegido, pero su interior
le ordenaba hacerlo.
-El cerebro humano es algo muy complejo. Todavía
nuestros pseudo-cerebros no se le pueden comparar. Pero
los avances, luego de seis generaciones, han sido notables.
Gracias al tiempo aletargado hemos logrado revivir nuestro
planeta, revertir la contaminación, aumentar nuestra
calidad de vida. Pero hemos de pagar un precio. - A esta
altura del discurso el doctor Reven hizo una pausa. Quería
que los individuos más poderosos del Sistema escucharan,
ellos gobernaban y ellos más que nadie debían
prestar atención. - Como probaron los pioneros
del proyecto, allá lejos hace trescientos años,
los pseudo-cerebros son eficientes, la evolución
última. Cada ciudadano vive un período en
el cual su cerebro biológico gobierna. Cuando éste
reduce sus funciones conscientes, en los que los antiguos
llamaban "descanso", el pseudo-cerebro se activa,
y el ciudadano se constituye en una herramienta del Sistema.
El Sistema dispone de su cuerpo para realizar labores
físicas, las reconstrucciones y tareas similares
abundantes en la actualidad. Ahora bien, el Sistema controla
el físico de los ciudadanos por un período
variable de horas de trabajo obligatorio según
el nivel intelectual, pero en los primeros años
resultaba inevitable que los sueños se entremezclaran
con la actividad en tal período de descanso. Los
ataques dementes de ciudadanos en las etapas iniciales
del proyecto fueron desastrosos. Muchas vidas y recursos
se perdieron. La realidad y el sueño se entrelazaban
y el individuo gozaba de una impunidad moral que le permitía
cometer horrorosos actos solo por poseer la libertad permitida
en el campo onírico. Pero no podíamos culpar
a las primeras generaciones de humanos evolucionados artificialmente.
La culpa recaía en la aplicación temprana
del Sistema, una irresponsabilidad. Así se decidió
estudiar la naturaleza del sueño para su posterior
eliminación y consecuente solución al más
grave problema que se le haya planteado a la evolución
inducida. -Dejó de hablar por un instante para
beber un poco de agua. El discurso había sido largo,
pero para él y los poderosos representantes que
accedían a su exposición, el tiempo no era
escaso. Su día, como el de todo profesional destacado,
se dividía en dieciocho horas de conciencia emotiva
y seis horas de pseudo-conciencia. -Estudios calificados-continuó-,
han demostrado que el sueño es un proceso de eliminación,
desecha la información superflua y evita una acumulación
innecesaria de información. En los siglos pasados,
el bombardeo de entidades perceptibles era continuo. Carteles
de distintos tamaños, luces de distinta radiación
y vestimentas de distinto corte y distinta confección
solo lograban dividir en un número elevado de unidades
la información recibida del mundo externo. La gente
debía soñar cada vez más, eliminar
la enorme cantidad de registros sensibles, o su cerebro
no aguantaría y devendría el colapso sináptico.
Decidimos entonces que resultaba menester disminuir los
datos que el individuo recibía del mundo para lograr
la erradicación total de los sueños. La
primera gran acción fue el cambio en el aspecto
de las ciudades. Hace sólo un siglo que lo hemos
concluido. Los colores fueron homogeneizados, así
como las formas y los sonidos. Durante nuestra etapa de
conciencia emotiva percibimos lo mínimo, y paradójicamente,
un todo. Sólo detalles cortan la homogeneidad.
Esos detalles somos nosotros, los humanos. De esta manera
hemos logrado eliminar el sueño, aumentando la
capacidad de control del Sistema sobre el cuerpo del ciudadano.
Pero hace poco hemos descubierto un problema, una amenaza
a nuestra forma de vida actual: el Síndrome de
Información Sobrecargada (SIS).
Uriel despertó en su monoambiente. Estaba parado
frente a la puerta de su hogar. Tenía las manos
muy frías. Conjeturó que podría haber
sido por higienizarse con agua a temperaturas bajas ¿Pero
por qué el Sistema, cuando usaba su cuerpo como
instrumento no impedía su malestar físico?
Recordó que únicamente durante la etapa
de conciencia emotiva su cuerpo respondía a las
emociones, el período restante era sólo
un minúsculo elemento de una gigantesca maquinaria.
Le vinieron a la mente las palabras de su tutora: "Viví
para sentir, de pensar se ocupa el Sistema." Volvió
a mirar sus palmas. Pero esta vez reparó en algo.
Le gustaba como se veían, eran distintas. Todas
las paredes y mobiliarios de su pequeña residencia,
así como toda la ciudad, eran de un color terráqueo,
como la piel humana. Pero lo que observaba era distinto,
algo más fuerte. Un color rojo. Corrió hacia
el compartimento de refrigeración, lo abrió
y metió ambas manos. Soportó el dolor. Un
minuto. Dos. Al fin las sacó. Estaban ambas coloradas.
Las apoyó contra una pared y se fascinó
ante el contraste. Había descubierto que disfrutaba,
disfrutaba de la percepción.
En la oscuridad de la sala de conferencias se observó
una leve intermitencia luminosa, alguien deseaba hablar.
El doctor Reven ya había terminado de presentar
el conflicto, por lo que cedió la palabra:
-Lo escuchamos señor. -Reven no hizo referencia
al nombre del sujeto sólo porque no sabía
quien era, la oscuridad le impedía percibirlo.
Pero ese era justamente el papel de la oscuridad, ocultar
la cantidad de entidades que pueblan un Auditorio, desde
los micrófonos y sillones, hasta los propios individuos
participantes. La "perceptibilidad", término
acuñado para referirse a la cantidad de datos ingresados
en la mente humana en un ámbito y tiempo determinado,
se reducía al mínimo.
-Muchas gracias. Mi nombre es Athos. Como muchos de ustedes
sabrán, soy Jefe de Seguridad.-Aclaró cual
era su nombre ya que la diferenciación en las voces
humanas había sido eliminada generaciones atrás.
Todos se comunicaban a través de un sonido metálico
común, propio de toda la humanidad. Una conformación
material de la vieja y utópica idea de "La
voz del Pueblo". Esta voz procedía de un pequeño
aparatillo injertado en cada individuo del Sistema, que
se hallaba en la cavidad donde residieran antiguamente
las cuerdas vocales. -He de hacer una pregunta: ¿por
qué hemos sido llamados funcionarios de campos
como el Control Urbano para discutir un tema de científicos,
el funcionamiento de los pseudo-cerebros y la enfermedad
del SIS?-Naturalmente, Athos no se explayó y fue
directamente al grano. Los rodeos en las mociones de cualquier
índole, hasta la política, habían
sido erradicadas tiempo atrás dado su carácter
superfluo.
A Reven no le extrañaba el cuestionamiento. Sabía
que Athos no era una mente muy brillante, ya que en el
cargo que ocupaba se necesitaba primordialmente acción.
Por lo tanto, no le pareció demente que el Jefe
de Seguridad no pudiera relacionar los últimos
acontecimientos de violencia callejera con lo que él
había explicado anteriormente. Juntó paciencia
y se dispuso a contestar:
-Estimado Athos. Agradezco su pregunta. Verá. Hace
unas horas, un grupo de manifestantes recorrió
las calles del vecindario de Arenga en tiempos de conciencia
emotiva pico, donde como todos saben la mayoría
de la gente se halla en su casa: o entrenando, o con un
único compañero, o con el inhibidor perceptivo
puesto. Estos "vándalos" corrían
desnudos con magulladuras en los cuerpos, e ingresaban
a los distintos monoambientes a exhibirse. ¿Recuerda
los hechos? -Reven no esperó que el Jefe de Seguridad
contestara. El sí estaba implícito, todos
los funcionarios conocían lo acontecido en Arenga.
- Las magulladuras le daban un tono distinto al monocromo
ambiente, y las pobres almas que observaban las contorsiones
de estos criminales, azorados por las percepciones múltiples,
demostraron luego un incremento peligroso en la actividad
sináptica. Uno de ellos murió hace unas
horas. El primer caso fatal de SIS en la historia.
Uriel por primera vez estaba feliz. Desde que se diera
cuenta de chico que su intelecto era muy bajo y que debería
trabajar doce horas para el Sistema, solo sentía
desilusión y tristeza. Su tutora le decía
para consolarlo: "No llores Uriel. Algunos nacen
para pensar, pero otros para algo más importante:
otros nacen para sentir". Ahora comprendía
esas palabras. Y en verdad que se sentía bien.
Decidió comunicarle a sus compañero de trabajo
y amigo, Moro, su descubrimiento. Decidió contarle
acerca del milagro de la percepción. Tenía
todavía unas horas de conciencia emotiva. Juntó
algunas cosas y se dirigió al barrio de Arenga,
donde residía Moro.
Arenga
era un vecindario como cualquier otro, todo era igual
en su planeta. Se dirigió al monoambiente numerado
C-156. Había conocido a Moro una jornada de trabajo
en la que ambos despertaron en el CTR, dado que el Sistema
los mantuvo en acción hasta el último momento.
Allí comenzaron a charlar y pronto descubrieron
sus semejanzas: ambos eran desdichados y desechados por
su bajo intelecto. Desde aquel día, tras comunicarse
la ubicación de sus residencias, se visitaban seguido.
Moro abrió la puerta y esbozó una sonrisa:
-¡Uriel! ¿Cómo estás? ¡Qué
suerte que has tenido! Si hubieras llegado cinco minutos
más tarde estaría con el inhibidor puesto
y no te habría podido recibir.
-Menos mal que te encuentro entonces. Tengo que mostrarte
algo, algo que descubrí hoy en mi casa. -Uriel
se dirigió al refrigerador y repitió el
ritual que realizara en su residencia. Mostró el
color contrastante a Moro.
-¡Es fabuloso! Podríamos montar un show con
este truquito. -Comentó con inocencia Moro. Pero
la revolución al Sistema había comenzado.
-Desearíamos el informe del forense Harris para
continuar con la sesión. -Informó Reven
a la oscuridad del ambiente.
-Gracias doctor. -Replicó una voz como cualquier
otra desde algún punto del auditorio. -La víctima
del primer caso fatal de SIS se apellidaba Rotting. Era
un científico brillante. Trabajaba en la puesta
a punto de los principales CRT, corrigiendo anomalías
y diseñando nuevo campos de aplicación para
la fuerza productiva. Su coeficiente intelectual (CI)
era muy elevado, razón por la cual el informe preliminar
aduce una relación directamente proporcional entre
el CI de una persona y las probabilidades que contraiga
SIS fatal ante un aumento considerable de la "perceptibilidad".
Esta hipótesis se ve reforzada por el hecho de
que quien recibió menos sobrecarga sináptica
en Arenga, fue un empleado común de CI medio.
-¿Te das cuenta lo podrido que es el Sistema? -Preguntó
Uriel a Moro.
-Sí. Sé como te sientes. A mí me
pasa lo mismo. Pero hemos de aceptarlo. Nuestro bajo CI
nos obliga a trabajos obligatorios más largos.
Pero la última expansión de nuestro período
"pseudo" ha ido muy lejos.
Moro hablaba con el mismo tono que todo el mundo, pero
Uriel percibía tristeza y desaprobación
en aquella voz. Percibía. Sentía. Esa era
la clave. Tal como dijera su tutora, Uriel había
nacido para sentir. Una experiencia placentera y gratificante
que no se vería vejada por una simple medida restrictiva
en su período de conciencia emotiva. Tomó
una determinación y le informó a su compañero:
-Tú has dicho que podríamos montar un pequeño
show con el truco de las "manos diferentes".
Te tengo una propuesta. Ya que el Sistema no nos dejará
conscientes el tiempo que nosotros consideramos justo,
nos rebelaremos. Haremos conocer a todos los hombres la
maravilla de nuestro descubrimiento. Ya verás que
les gustará. Querrán mantenerse "despiertos".
Luchando todos juntos haremos disminuir las extensiones
de nuestros períodos "pseudos".
Moro asintió lentamente. En su no muy capacitada
mente ya se conformaba una representación de lo
que harían. Un show, tal como él lo llamaba.
Por primera vez en mucho tiempo, el nivel de perceptibilidad
del Auditorio aumentó alarmantemente. Los distintos
funcionarios gubernamentales comenzaron a hablar simultáneamente,
azorados por las incidencias terribles del informe de
Harris. El doctor Reven, con experta rapidez, salió
del precinto y procedió a activar el mecanismo
de emergencia. Sobrevino el silencio. Ordenó a
unos trabajadores en períodos "pseudo"
que inyectaran a cada gobernante con una dosis de un calmante
de potencia moderada. Luego de consumada la orden, desactivó
el dispositivo para situaciones límites. Reingresó
al auditorio y se dispuso a hablar:
- Señores. Por motivos de seguridad, hemos activado
los "pseudos" de cada individuo dentro de esta
sala para privarlos del control de sus cuerpos. Posteriormente
los hemos sedado para evitar que tras la reactivación
de sus funciones de conciencia emotiva se prosiguiese
con el desastre previo. En estos momentos podrán
solamente escuchar. Luego de un tiempo recuperarán
la facultad del habla. Ustedes entenderán que exposiciones
múltiples de opiniones pueden dañar algunas
facultades mentales por la sobrecarga sináptica.
Entiendo su preocupación. Pero hemos de obrar con
tranquilidad. Un peligro acecha, y los que están
más expuestos son los de CI más alto. Por
lo tanto, espero que trabajemos exclusivamente en el desarrollo
de un plan para la eliminación de los manifestantes
de Arenga, pero que, paralelamente, mantengamos la calma
y no elevemos el nivel de perceptibilidad ambiente.
Uriel no podía creer lo que veían sus ojos.
Habían salido a recorrer las calles de Arenga con
la idea de ingresar a algunos monoambientes y montar el
pequeño acto circense de protesta. Pero en el primer
habitáculo en el que ingresaron el resultado fue
inesperado. La persona que vivía allí, un
señor cincuentón de aspecto inteligente
apellidado Rotting, los observó desde un principio.
Ya el frío no era el elemento que usaban para salir
del monocromo habitual, sino que ahora Uriel y Moro se
golpeaban. Lo hacían salvajemente. Una lucha, situación
que ya era ajena a la civilización actual. Rotting,
a pesar de su elevado CI, no entendía nada. Al
observar el vivo color rojo de la sangre y los desesperados
movimientos de ambos, que producían un show de
contrastes sin precedentes en la vida moderna, no aguantó
más y cayó al suelo. Comenzó a sacudirse
con violentos espasmos. Uriel Manzón frenó
un puñetazo de Moro y le indicó que mirara
al hombre. Espuma verdosa brotaba de su boca, por lo que
los manifestantes pasaron de montar el espectáculo
a observarlo. Y lo que veían, lejos de tranquilizarlos
o afectarles, los motivó. Gozaban con lo que percibían.
Desde la abolición del deseo sexual por ser considerado
perturbador del nivel de perceptibilidad ambiente, eran
los primeros que gozaban. Ahora sabían certeramente
que debían continuar con su lucha y llevarla al
límite de las posibilidades: el deseo y el placer
los motivaba.
El doctor Reven bebió un sorbo de agua. Como todo
lo que se ingería en la época moderna, era
insípida. ¿O sería que el hombre
había perdido su sentido del gusto como otra de
las consecuencias de la homogeneización de las
percepciones? Reven dejó sus cavilaciones y procedió,
ante los todavía enmudecidos funcionarios:
- He de informarles que en exactamente quince minutos
comenzará el período "pseudo"
de los integrantes menos capacitados de la sociedad. Las
medidas de seguridad de las últimas horas han demostrado
ser efectivas. Ningún otro acto criminal ha sido
llevado a cabo por estos manifestantes de Arenga.
Uriel y Moro estaban nerviosos. Ya habían hecho
esto antes. Pero ahora lo harían en un lugar singular,
donde ningún trabajador de jornada completa había
entrado nunca. Sólo los separaban de su objetivo
máximo un par de guardias. Pero debían apurarse.
Se les acaba el tiempo, tiempo en el que eran amos y señores
de sus propios "cuerpos".
-Bueno,
señores, ha sido una jornada larga y con algunos
problemillas. Esperemos contar en unas horas con
las descripciones de los manifestantes. Ha habido
un muerto y resulta menester resolver el conflicto.
El SIS no debe extenderse ya que
-Reven calló ante un fuerte ruido proveniente
de la entrada del Auditorio. A pesar de la oscuridad,
podía
atisbar un fuerte color rojo que danzaba ante sus ojos.
El color de la sangre, sangre que había sido
olvidada por la mecanización de los hospitales.
Atinó
a observar el medidor de perceptibilidad ambiente. Nunca
había visto un índice tan elevado. Se
sentía
mal. Calló muerto, con el evolucionado cerebro
fundido. Había sentido, y fue fulminante. Algunos
nacían para sentir. Otros no.
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© Nicolás Saraintaris
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