| Esta
tarde en el ómnibus, me he sentido mejor que nunca. La rabia
me ha dotado de una violencia sin límites. Mientras el bus tragaba
y tragaba asfalto, yo, fuera de control, le he roto a patadas la cara
a Misterio y, dominando a la gente, he buscado el paradero adecuado
donde descender. Al final hemos venido a dar a esta tierra de nadie,
conmigo han viajado varios de La Coalición. Estoy a punto de
llevar a cabo la mayor atrocidad de mi vida. Ahora solo es cuestión
de buscar el rincón adecuado y sin resguardo, es hora de ajustar
cuentas, de saldar las viejas deudas. Ficho y el Negro han estado jode
y jode con eso de que ya ha estado buena la catana, que debo dejarlo.
Me miran absortos, tragan saliva. Se han puesto las chompas porque empezó
a hacer frío. Cruzamos la avenida Bolívar y avanzamos
por San Martín. Después de cruzar la Plaza de la Bandera,
doblamos a la izquierda y nos adentramos en el pampón perdido,
detrás de las derruidas murallas coloniales de la gran ciudad.
Ahora sí que estoy jodido. La puta hora en que el ómnibus
se desvió de ruta. Maldita 57. Si esa línea nunca baja
hasta Manco Cápac... Debí haber salido con el resto de
La Causa por Grau. Hubiéramos roto un montón de lunas,
hubiéramos saqueado en las tiendas, a esta hora estaría
tomándome unos tragos donde el sastre para calentar la noche.
Ropa Tendida está hecho un animal, jamás lo había
visto así. No debo demostrarle miedo. Seguro que el maricón
se limitará a patearme el estómago, a terminar de romperme
la mitra, me dirá que deje de joder a su hembra. La muy perra,
si supieras Ropa Tendida... Ficho, Pesadilla y el Negro Alboroto no
saben a quién siguen, no saben en lo que se meten. Si me cortan,
se joden.
Lo mataras, Ropa, le dieras un mal golpe. Así me quedaría
solito con la jerma, le daría a forro. Está fuerte la
Jackie, ha sacado una delantera bravaza. La vaina es que con esa gallina
rondándola nada que ver, no se puede. Le dieras vuelta al mariconazo.
Voy a ir un poco más adentro, tengo un pata que vive en los ranchitos,
detrás de la huaca. Se que él me puede bajar un fierro.
Así será más fácil, más "suave".
Con lo de hoy ya no seremos los mismos en La Coalición, ahora
tendremos más peso, más respeto. Cuánto tiempo
ha pasado desde que llegamos... Recuerdo cuando masacré mi primera
gallina y rompí mi primera cabeza. Fue en Abato, a la salida
de un clásico, en el año 90. Desde entonces he vivido
muchas cosas en la Barra Sur. He asaltado un hotel de mala muerte en
Sullana, he robado desde kingkones hasta camisas y quién sabe
qué chucherías más, ya ni me acuerdo. Hasta caí
preso en Cajamarca en el año 93 por culpa del Alianza Lima, por
estar en la barra brava, por seguir al equipo en todos los estadios
del país. Hoy, después de once años, yo, Pesadilla
Balbuena, voy a entrar en la historia de los más bravos de Sur.
Gallina de mierda, mírenlo cómo implora con la mirada.
En buena hora subió el maricón, ahora Pesadilla tiene
chompa y tabas nuevas. Debí quitarle también el bobo,
sacarle el pantalón, terminar de reventarle la mitra a patadas.
La gente se ha banqueteado de lo lindo con una gallina en el ómnibus.
No sé cómo le vi asomar la vincha crema que había
guardado en el bolsillo, no sé cómo lo reconocí.
Se jodió Misterio. Ahora lo vamos a mandar de viaje, de ida pero
no de vuelta. Aunque primero tendrá que cantar las direcciones
de todita La Causa, del primero al último, así la gente
de La Barraca Rebelde se encargará, tendrá trabajo, habrá
que hacer visitas en San Borja.
Me ha sorprendido Ropa Tendida, yo pensé que era violento solo
a la hora de escribir cuentos. En el ómnibus quería arrojar
a Misterio por la ventana. No sé, en la clase se ve tan concentrado
en sí mismo, tan out. Jamás imaginé verlo con ese
power, así, tan agresivo, la verdad me ha descomputado. La tombería
ronda, debemos ser cautos, habrá que estar atentos a los silbidos
del que está de campana en la avenida; habrá que prender
un fallo, hace frío.
Qué pensaría mi madre si me viera ahora, en lo que ando.
Las mamás nunca entienden, solo se preocupan. Por eso será
que la vieja anda pendiente de si me alimento o no, por eso me manda
cada vez que puede pescado fresco y en sus cartas me pregunta cómo
me va en la universidad, qué dice la chica. A veces extraño
la vida en el puerto, echo de menos su comida, mi casa. Pero en Chimbote
no hay futuro, no está lo que busco. Por eso vine a Lima después
del colegio, aquí conocí a Laura, en la universidad, a
Ficho que está en Letras. Acá me hice vocalista de una
banda trash y me pusieron esa chapa horrible que mi viejita detesta.
La Coalición nació en una esquina de la avenida La Mar,
en un paradero lleno de hinchas aguardando un bus que los llevara al
Nacional. Ahí nos unimos, nos hicimos fuertes. Con las semanas
fueron llegando más y más grones de toda Lima-Oeste. Con
el tiempo tuvimos un nombre, una bandera enorme atada en el alambrado
de la Popular Sur, un respeto ganado a punta de cabezas rotas, de constancia,
de broncas inacabables a la salida de los partidos, de vandalismo en
los estadios del Perú.
¿Qué quieres, Ropa Tendida? ¿Para qué mierda
me has atado a este poste? ¿Acaso es por las pintas en tu jato?
¿Porque rompí tus lunas? ¿O es la perra de tu jerma
que ya fue con el chisme?... Ahhh, eso es, eso ha sido. Así que
ya lo sabes, qué bien. ¿Qué pensabas? ¿Que
soy de los huevones que solo joden y joden a una hembrita y nada más?
No... Nada que ver, además a tu jerma creo que le gustó.
En Norte no me llaman Misterio por las huevas, La Causa no se ha hecho
la más grande así porque sí. ¿Dónde
crees que aparecieron las primeras molotov? ¿Dónde? ¿Quién
crees que incendió el ómnibus de Sporting Cristal en 1991?
¿Quién?... Imbéciles, tira de perdedores. Todos
van a morir, todos se irán al infierno. Tu Ficho y tu banda trash,
metaleros de mierda, ricos se creen. Tú, negro maricón,
que no sabes a quién sigues. Pesadilla, triste tu vida, serrano,
indio de mierda, seguro has ido a traer más gente para sentirte
hombre, seguro te orinas ahorita mismo si ves un tombo y te pregunta
dónde andas; y el otro, el de pelo largo, jala y jala nomás.
¿Qué estará fumando?
Le he dado el fierro a Ropa Tendida y me ha quedado mirando con una
cara de no sé. He traído también una botella con
gasolina. Está raro el chimbotano, nunca lo había visto
como hoy, él no es así, algo tiene. Misterio ha vomitado
de tanta patada en el estómago, tiene la boca rota, la nariz
no ha dejado de sangrar. A lo lejos se oye el altoparlante de la camioneta
del serenazgo pidiendo a los chóferes pegarse a su derecha. El
pata de la entrada ha venido a decir que mejor nos vamos, que hay muchos
tombos, que tiene suerte el maricón pero no es seguro quedarse.
Ficho, que está recontra stoned también ha vomitado, no
se por qué. Parece que el chimbotano lo quiere matar a golpes,
patea y patea, no hay cuando acabe. Ahora lo tiene en el suelo. Le ha
golpeado la cabeza con una botella vacía de vodka. Misterio ha
quedado inconsciente, rodeado de vidrios rotos. Ahora se arrodilla,
hunde el pedazo de botella que empuña en el cuello del infeliz,
se desangra, lo termina...
Puta, cuñado, yo te dije. ¿Ahora qué mierda vamos
a hacer? ¿Tú sabes lo que es cargar con un muerto? Puta
madre, Ropa, ahora si la cagaste... Ya vámonos mierda. ¿Por
qué chucha le vas a prender fuego? No seas huevón...
Mierda, ¿a qué hora llegaremos? ¿Y si me bajo aquí?
Estamos en Pativilca, creo. La reconozco por su placita de armas llena
de poncianas, por su iglesia enchapada en cerámica color hueso,
por la enmohecida campana en lo alto. En éste lento y puto ómnibus
todos quieren ver el fútbol aunque sea en diferido. Ya saben
cómo ha quedado el clásico, no hay emoción, pero
ahí están. Los hombres de edad reniegan porque el televisor
a bordo no funciona, los muchachos granputean. Soy el único que
no quiere bulla, quiero desfogarme, solo escribir. No es que no quiera
ver el partido, lo que pasa es que lo tengo todo aquí. En el
próximo grifo me bajo con el pretexto de orinar y ya no vuelvo.
Entraré a una de esas fondas que nunca faltan en la ruta, pediré
un café, me pondré a escribir el cuento. Y pensar que
Laura me quería, que le había cogido gusto a la Facultad,
que Pueblo Libre era perfecto para mí. Pobre mi viejita, ojalá
algún día nos volvamos a ver. Ahora debo empezar una nueva
vida, olvidarme de Chimbote y de todos allá en Lima. Es casi
medianoche, la procesión de vendedores ambulantes ve partir mi
ómnibus camino al norte. Es tarde y estoy nervioso. Debo buscar
donde bañarme, quitarme éste inmundo olor a carne quemada
que llevo encima. Debo descansar, encontrar un lugar donde dormir...
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