
|
Guillermo
Dall'Occhio
|
Argentino
|
1970
|
gmdal@hotmail.com
|
![]() |
Conquista
|
|
Una sala chica y Uno, Dos, Tres, Cuatro, Cinco, Seis y Siete... Importantes
personas dentro de ella discuten la mejor manera de proceder ante la
crisis. Mientras tanto, no hay crisis en la vida de una cucaracha. Las siete personas son de gran tamaño y la cucaracha asquerosa y libre. La concentración de Siete se distrae hacia la oportuna aparición del algo, de la nada en un rincón y de su asquerosa libertad. En otra situación la hubiera pisado y, una vez muerta la cucaracha, Siete tendría nuevamente la tranquilidad robada por su presencia y podría prestar atención a los cálculos, a las cifras y al mal humor. A decir verdad, la más importante reunión del año está teniendo lugar, ahora, entre seis personas. La número siete se siente desnuda y miserable, en otro lado, del tamaño de una cucaracha enorme. El
intruso, marrón y brillante como el traje de Dos, se asomó
por el rincón derecho detrás de Siete. Caminó rápido
por el zócalo hasta la mitad de la pared y Siete no pudo evitar
que las comparaciones lo sacaran de la reunión. Siete nunca había admirado a una cucaracha. Ella seguramente lo supo. De otra manera no hubiera hecho alarde de sus capacidades en esa humillante caminata a la misma velocidad que antes, solo que ésta vez, hacia arriba, por la pared. La pregunta de Uno interrumpió a Siete. Siete no lo miró pero respondió afirmativamente y conformó, aunque lo mismo hubiera sido responder lo contrario. Tres asintió en silencio. Siete tenía razón con eso que dijo sin pensar. La cucaracha esperaba en el mismo sitio. Se preparó y lo hizo de nuevo, ésta vez a una mayor velocidad. Siete miraba de reojo a la pared de la derecha cuando respondió la pregunta, ahora, solo unos segundos después, todo su cuerpo apuntaba hacia ella y su vista estaba dirigida hacia arriba. La reunión seguía a la izquierda, entre seis. Desde donde estaba el pensamiento de Siete todavía se escuchaban voces. La cucaracha miraba a su admirador y se divertía demostrando su indiscutible superioridad al único capaz de comprender. Corrió hasta donde la pared se vuelve techo. Siete rogó que no se cayera. Podría hacerlo sobre la mesa llena de papeles y calculadoras. En ese caso la diversión de lo realmente importante terminaría para él y se vería obligado a volver a la reunión, a las cifras y al mal humor. Pasó sin problemas, Siete cerró los ojos y llenó la sala con un suspiro que el resto no entendió. Ella se detuvo. Cinco levantó la voz, concentrado, para tapar la voz de Dos que bajó la vista. Siete, en cambio, tenía ganas de aplaudir emocionado, de pie y mirando al techo. La cucaracha llegó hasta la luz y aparentemente pensó que ya era suficiente. Voló ruidosa. Siete soltó su lapicera. El resto estaba ahora en silencio. Voló por sobre las cabezas hasta el centro mismo de la pared de la que venía y Siete se paró quedando así a la misma altura por primera vez. Todos se pararon y gritaron del asco. Siete ya lo había decidido. Todos parados y gran confusión. Ella caminó lento hasta el suelo y después hasta la puerta. Ganadora. Segura de su conquista. Lentamente y comentando el asunto, Uno, Dos, Tres, Cuatro, Cinco y Seis se sentaron en sus sillas. Siete, en cambio, prefirió dejarse llevar. Sin mirar al resto, apoyó sus rodillas y sus manos hasta que su corbata tocó el suelo y, en esa posición, siguió a la cucaracha lo más rápido que pudo hasta afuera de la sala. |
Las obras publicadas en LOS NOVELES son propiedad intelectual de sus autores.
(C) 2002 LOS NOVELES Todos los derechos reservados.