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Josué
Barsa
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Mexicano
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1981
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josuebarsa@hotmail.com
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Dos cuentos
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Espejismo Era un espejismo que se veía a lo lejos, en movimiento, sin ruido, apresurado por llegar a mí. Era negro apenas, y se notaba su color por su diminuto tamaño. Después, ese espejismo tomó la forma de hocico, de cuatro patas, de fuerza, de relincho, se había convertido en caballo. Luego, en minutos, atravesó por donde estaba, levantando arena, sin verme. Se fue alejando,
y el hocico ladró y siguió corriendo, era pequeño,
y más pequeño cuando maulló: era un gato asustado
en el desierto que no sabía en dónde estaba. La arena
que volaba cayó y a lo lejos se veía que seguía
teniendo cuatro patas, como la tortuga, y era tan lenta, pero llegó
a desaparecer, tal como había aparecido: sin ruido, en movimiento,
sin forma, como un espejismo que se ve cuando no hay nada, cuando uno
está con uno mismo.
¿Vas a salir?, y lanza la pelota que pasa por la puerta de la habitación en donde se encuentra y pega en la pared que está frente al baño para pasar por su respectiva puerta y de ahí se va rumbo a las escaleras en donde rebota, una y otra vez, y cuando parece que va perdiendo fuerza, al acabar las escaleras, Mercedes la levanta y dice sí. Lanza la pelota hacia arriba y esto hace que se acorte su viaje ya que no pasa por las escaleras sino por el aire y pega en la puerta del baño desde donde rebota a la pared que está frente a ella y de ahí fácilmente llega a las manos de Izmar quien aún se conserva tumbado sobre la alfombra mirando las persianas azules que desfiguran la lluvia que cae. Llévate el paraguas del closet porque la lluvia parece que está fuerte y no vaya ser que llueva más. Tira la pelota hacia la pared que se ve desde donde él está, y ésta pasa por la puerta que continúa abierta y pega y se va hacia la puerta del baño para luego irse rumbo a las escaleras y bajar saltando rápidamente hasta llegar a los pies de Mercedes, quien lo escucha y levanta la pelota. No hace falta, son dos cuadras a lo mucho. Mercedes mira la pelota lanzándola de vuelta hacia arriba, pega en la puerta del baño, rebota en la pared haciéndose ir hacia Izmar quien se levanta porque el rumbo de la pelota cambia y sólo de pie pudo tomarla. No creas, la lluvia es engañosa y ya sabes el peligro que corres al ir. Aprieta la pelota con su mano y la lanza por el piso con fuerza, entonces, después de rebotar en la pared, va hacia la puerta del baño en donde toma la dirección de las escaleras para bajar y ser tomada por Mercedes, quien no la toma como antes porque le sorprende el giro que ésta da antes de llegar, va hacia la derecha al igual que Mercedes, y retrocediendo unos pasos ella la toma. Ella, que había preparado una respuesta para el comentario que acababa de escuchar, se quedó callada, porque sabía que Izmar se había puesto de pie, como pocas veces, le contesta lo que él no quería escuchar. ¿Te has puesto de pie?, y sube un escalón para lanzar la pelota hacia la pared que divide las escaleras y ésta, de una manera u otra, rebota en la puerta del baño para irse con Izmar, quien extrañado de su posición y su valentía le contesta rápidamente que no se preocupe, que vaya a donde tiene que ir y que va a estar bien. Entonces, en ese viaje, la pelota tarda un poco más en bajar y llegar donde Mercedes, a pesar de que ésta se encuentra en el segundo escalón, por tal motivo le llega la pelota a la altura de su abdomen, entonces sube dos escalones más y le faltan otros dos para llegar justo a la mitad de la escalera pero no lo hace, tiene prisa. Toma la pelota y la rebota en el piso y la toma nuevamente para contestarle que no baje, que no es necesario y que sabe perfectamente que se encontrará bien cuando no esté. Lanza la pelota, ésta da saltos por las escaleras, las sube de manera extraordinaria, en vez de ir a la puerta del baño se va directo a la pared que está frente a la puerta, metiéndose por la entrada de la habitación en donde él está. Izmar toma la pelota, la mira como buscando algo que ha perdido desde hace años. Pero no hay nada, sólo piensa en Mercedes y en lo lejana que está desde aquel accidente que lo dejó así, lisiado. Con gran fuerza da dos pasos hacia la puerta de su habitación para dar dos más y llegar a ella. Entonces, apoyándose en una pared que está antes de llegar a la salida de la habitación, mira los escalones y el vacío que hay entre las dos mitades de la escalera desde donde la pelota puede llegar a Mercedes sin ningún esfuerzo, sólo cayendo de boca. Le dice cuídate, mi amor, y la pelota cae e Izmar la mira queriendo mirar a Mercedes pero cuando la pelota se pierde, se enfoca en el ruido de sus rebotes, y rebota, y rebota, y cuando topa con la puerta de entrada de la casa, se da cuenta de que está solo. |
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