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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

LO SUBTERRANEO Y HECTOR ROSALES

No resulta gratuito, por el contrario, hablar de lo que es, o pudiera ser, la poesía aquí y ahora, en esta breve presentación de los poemas de Héctor Rosales. Pasó un largo tiempo desde Hugo y su frisson nouveau ante los versos de Baudelaire. Exactamente ciento treinta y ocho años. A esta altura, y desde hace mucho, no estamos para fantasmas ni fantasías deleitables– pienso en Swedenborg y en Walpole al escribir esto-. Me atrevo a afirmar, hablando de fantasmas, que, al cabo de tanto tiempo, es el poeta mismo lo que acabó por convertirse en fantasma. Me explico: de una confianza ciega en la inspiración, de un autoconvencimiento de ser una integridad, de permanecer sin dudas tras una voz y seguirla hasta el fin, el poeta se situó en la antípoda –donde ahora habita-: ser escindido, fragmentado, caído entre pliegues, oculto en lo secreto, extraviado en un punto de un viaje que comenzó siendo promesa de néctares y piedras de filosofía. Sí, autobús otrora carruaje: y autobús oscuro, en el que viajan unos pocos, por una tierra enferma, cubierta de ramas desnudas. ¿Todavía podemos decir, con Dylan Thomas, que el corazón es más fuerte que todo el polvo?

Leo estos poemas. Provienen de lo subterráneo, de lo que el poeta ubica en el fondo de algún volcán oscuro. Figura que representa, por un lado, la morada –mejor, el refugio- donde el poeta vive; por el otro lado, al poeta mismo, su ser y su conciencia. Rosales sabe lo que yo sé, no en vano compartimos un mismo momento: en más de una pared de editorial un cartel anuncia: No leemos poesía. ¿Para qué escribimos versos? Esta pregunta es de difícil respuesta, pero tiene respuesta: para no enloquecer, tal vez; para no ahogarnos en lo oscuro, quizás; para que la muerte no nos alcance, podría ser… Ahora, si preguntamos ¿hay alguien del otro lado? ahí sí que surge el temor, la incertidumbre: ¿y si a nuestra voz contesta sólo nuestra voz convertida en ecos por interminables galerías de piedra vacías? Si escribir poesía es expresión de un amor, lo dice el poeta, ¿qué salvación para este acto que se repite? No hablo de teología. Hablo, lisa y llanamente, de almohada donde apoyar la cabeza, plato lleno de lentejas, hueco para acomodar el cuerpo, una ventana para ver caer la lluvia, camino bordeado de árboles. ¿Es mucho pedir? ¿O ya todo esto, por pequeño que parezca, son cosas remotas, inalcanzables para los cultores de un arte u oficio que se transformó, a los ojos de tantos, en incomprensible maniobra de extraño, de extranjero?

© Carlos Barbarito


 

receta del trébol encendido

 

Compensar el defecto del trébol, añadirle

la hoja cuarta recortando con cuidado

esta misma superficie que lees y olvidas.

 

Poner la figura en el ojal y salir

por cualquier página hacia las palabras

que te afirmen tres veces, o te nieguen,

iluminando sin ayudalguna de la suerte.

 

De El manantial invertido

 

al mejor postor

 

el gentío es un depósito descuidado en las láminas

de la trastienda ---retales de gastadas emociones

que un vientocioso lima con desgano ---menosprecia

 

una nueva muchedumbre se afana en distinguir

los murmullos columnados hacia el techo impreciso

---mientras maullan las horas entre latas

vaciadas de sustento coloración y estampas

 

el pordiosero plegará géneros ---trámites ---cábalas

para meter en su botella exhausta

 

más tarde se arrastrará por el pantano

un tumulto confundido en vidrio ---restarrojada

al no ---al abajo ---a la depredadorapuesta que desplaza

 

De Desvuelo

 

lo apremiante

 

anaranjadamente se inicia

la convulsión hasta

que las cornisas formulan

invitaciones al turismo sin

folletos entusiastas

 

y se anda por cantones con

un globo desalentado y un

silbato

 

en los ascensores se incuban

los aviones que

rabiosos piratearán en

los restos del crepúsculo

 

un zumbido las letras anuda

a las escoltas del sub-

mar(c)inismo

 

entre el sombrero alto y

las líquidas profundidades

una cabeza rebota en

los desfiles sonámbulos la

programación de

lo apremiante

Inédito

 

la(r)va

 

Sin mediar modelo, aunque con visos

de rumor antiquísimo, he oído rezar

en el fondo de algunos volcanes extinguidos.

 

Escorados haciallí, los ángeles entendían

sin extender traducción. Taimados, seguían

mostrando haciabajo cálices desprovistos

del alivio, herencias

que la lava había rechazado.

 

De El manantial invertido

 

ese viejo peligro

 

el asteroide había remolcado ese viejo peligro

durante milenios ---exactamente seis

milenios y seis días

al séptimo lo soltó detonando

la extensión y el rosario de sobadas precauciones

 

hay quien pudo comentar la remembranza

describir las centellas imprevistas y las siguientes

cruces proliferando sobre débiles tejados

 

entonces pasaban las cosas como sonámbulas

descalzas bajo el mandato de una turbia jerarquía

 

prosperaban ayunos al conmemorarse cada laberinto y

en la pausaritmética vaciaban los ceros su escalofrío

 

hay quien no volvió a levantar la vista evitando

el destello evocador de las naves ---arrojadas

hacia un confín vibrantemente opaco

 

y hubo quien por el suelo tembló ---al adivinar

esos vuelos en la sombrafilada del menhir

incorporado en el octavo día

De Desvuelo

 

última frontera

 

¿Estamos llegando al objetivo?, cuestiona

el comandante de la nave interestelar.

Partimos hace tanto viaje que los millones de años

o sueños alteraron los datos originales.

No podemos regresar.

En la pantalla se angosta ese puerto perentorio,

allí quedaremos. Desconectad los sistemas, olvidaros

de vuestros nombres, afectos, malabarismos.

Ocupad vuestros puestos vacíos para el descenso.

No me preguntéis nada más, nada más, os lo ruego.

Hasta este horizonte creímos avanzar... Mas

ahí veo la calle donde jugué cual niño astronauta.

¿Están ya desconectados los sistemas?

Ha sido un honor acompañaros en el extravío.

Ocupad vuestras sombras.

Oremos.

De El manantial invertido

 

brisa

 

Tijeras, tallos, pétalos, primer vals

rosado de la brisa. Aquel perfume.

Y lo que tanto amé sin salvación.

El aire respirándome hasta hoy,

sin saberlo.

De El manantial invertido

 

la danza

 

De los escenarios del frío aquellos ventanales

vieron danzar una débil, azulada bailarina

que huyó con la tibia cajita de música

donde dormía mi corazón.

 

En aquel tiempo suspendido un carruaje recorría

ovaladas sendas de piedras innumerables,

un sombrío carruaje solitario, solamente ocupado

por la voz que lo impulsaba preguntando

a los cuatro silencios quién sabía de aquélla

y de mi vida.

 

Acontecieron inviernos sofocantes, sequías, desquicios

de agua envenenada, navidades espolvoreadas con ceniza,

eclipses, objetos trabados en su olvidado sino,

pasaron mapas ilegibles, bomberos incendiados, afónicos

profetas, impermeables vacíos...

 

... Y un autobús claro (¿otrora carruaje?) sin señas, salvo

aquella débil silueta de familiar tibieza que daría la vuelta,

recobraría cristales y aceras, extendería brazos ofreciendo

un nuevo viaje por el mismo, cambiado camino.

 

De los escenarios del frío, de los opacados

vestuarios sonámbulos, de las recias lejanías

los seres queridos retornando, palpables las hebras

de alboradas apacibles, consumada la danza

giratoria, dormida en mi fe la bailarina.

 

Inédito

© Héctor Rosales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Barbarito | Argentina, 1958 | Poeta y bibliotecario. Su trabajo comprende libros de poesía y de crítica de artes plásticas como: Teatro de lirios, Éxodos y trenes, Acerca de las vanguardias, Bestiario de amor, Desnuda materia y Puntos de fuga. Su obra ha sido traducida al inglés y portugués y aparece en diversas antologías. Recientemente publicó el poemario La orilla desierta. Página web: Carlos Barbarito
Héctor Rosales | Uruguay, 1958 | Nació en Montevideo y reside en Barcelona desde 1979. Ha publicado libros como: Visiones y agonías, Desvuelo, Alrededor el asedio, Habitantes del grito incompleto, Mientras la lluvia no borre las huellas. Incluido en antologías, catálogos, libros colectivos y publicaciones de diversos países. Es autor de las breves antologías Voces en la piedra iluminada / Diez poetas uruguayos (Toledo, 1988) y Chapper, las espinas del verso (Montevideo, 2001). Sitio web: www.hrosales.com