EL EROS INCESANTE
Selección de poesía erótica por Carlos Barbarito

Imagen: Gabriel Grün, Sátiro (www.gabrielgrun.com)
Hay hombres a quienes repugna el trato carnal, y sin embargo derrochan fortunas en mujeres. Aquel que pase de sesenta, que lo dé todo por acabado. Si le gusta el vino, no podrá beber lo suficiente para emborracharse. Si le gusta comer, no podrá hartarse como antaño. Si ama a una mujer, a ella no le llega el momento.
El vino, las mujeres y los manjares infunden alegría al corazón.
Aquel que goza de todo lo antedicho sin vociferar no es objeto de reproche en la calle. Aquel que se priva de alguna de esas cosas acaba siendo enemigo de su cuerpo.
(Papiro de Leiden, Antiguo Egipto)
Su majestad el rey Neferkare, soberano del Alto y del bajo Egipto, salió solo una noche, sin nadie que le acompañase. Teti se apartó para no ser visto. Permaneció inmovil y se dijo: “si la vista no me engaña, es cierto lo que se dice: sale por las noches”.
Teti, hijo de Henut, siguió de cerca al monarca sin vacilar a fin de averiguar qué se traía entre manos. El rey llegó a la residencia del general Sisene. Lanzó una piedra y golpeó el suelo con la planta del pie, en respuesta a lo cual le tendieron una escala. El rey trepó por ella, y Teti quedóse abajo aguardando su salida. Cuando su Majestad terminó de hacer lo que deseaba con su general, regresó a palacio, seguido de Teti. (...)
Su majestad había ido a la casa del general Sisene cuatro horas después de entrada la noche, y había pasado allí otras cuatro horas. Y regresó al palacio cuatro horas antes del alba.
(La esfinge erótica, Antiguo Egipto)
…Cuando partía, ella le dijo:
«Vivo en la vertiente soleada del Monte de las Hechiceras,
donde la cumbre se hace inexpugnable.
Por la mañana soy nube del alba,
por la tarde lluvia que se desliza.
Cada aurora, cada atardecer,
al pie de la Terraza del Sol».
(Gaotang Fu, China, siglo III a.de C.)
Imagen: Hilda Paz, Paisaje 2 (www.geocities.com/DelSurAgenda/hildapaz/galeria.htm)
Soy en la corriente una isla cercada de luz
y la brisa ondula las aguas verdes.
Aunque no tan suave como el lecho del capullo del gusano de seda
soy feliz con el azul de mi vestido.
Hay motas de polvo en las mangas de seda de mi dama,
ricas fiaras sobre su lecho de marfil.
Ama, cuando bebas hasta muy tarde,
trae a tu amante a festejar aquí.
(Liu Yun, China, 465-511, El lecho)
Yegua tracia, ¿por qué huyes de mí sin piedad
mirándome de costado? ¿Crees que ya no sirvo para nada?
Sabe que podría colocarte el bocado con facilidad
y, sosteniendo las riendas, hacerte girar en el mojón de la carrera.
Ahora, en cambio, pastas en el prado saltando, retozando,
porque no tienes jinete experto que te monte.
(Anacreonte, griego, hacia 570 a. de C., traducción de Wenceslao Maldonado)
Amar a un muchacho es agradable, puesto que en otro tiempo Ganimedes
fue amado por el hijo de Cronos, rey de los inmortales,
y habiéndolo raptado, lo condujo hacia el Olimpo y lo hizo
un espíritu, mientras conservó la amada flor de la niñez.
Por eso, Simónides, no te admires de que yo aparezca
prendado por el amor de un hermoso chico.
(Teognis de Megara, griego, siglo VI a. de C., traducción de Wenceslao Maldonado)
Imagen: Claudio Parentela, Art 871(www.claudioparentela.com)
Por favor, dulce Ipsitila mía,
mi delicia, mi encanto,
invítame a tu casa a la hora de la siesta.
Y, si me invitas, otro favor te pido:
que no pongas candados en la puerta
ni se te dé por salir.
Mejor quédate en casa,
prepárate a que echemos
nueve polvos seguidos.
Aunque, si te parece, invítame ahora mismo:
pues, bien comido y panza arriba,
atravieso la túnica y el manto.
(Catulo, XXXII, 87?-54? a. de C., versión de Anibal Núñez)
¡Por la Alianza!, amado mío, ¡por tu vida! ¡por
vida del amor que me lanzó una flecha!
¡Juro que soy siervo del amor que ha perforado
mi oreja y ha partido en dos mi corazón!
-o-
La noche en que la joven gacela me descubrió
el sol de sus mejillas y el velo de su pelo,
rojizo cual rubí, cubriendo, sobre
sien de húmedo bedelio, su bella imagen,
se parecía al sol, que cuando despunta enrojece
las nubes del alba con su brillante llama.
(Yehuda Ha-Levi, judío, 1070-1140, traducciones de Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás)
Imagen: Enrique Lechuga, Son tus ojos o tu vagina lo que veo todas las noche sobre la luna (www.sonambula.com)
Amémonos sin tasa ni medida
puesto que para amar hemos nacido
adora mi gorrión cual yo tu nido
pues sin ellos ¿valdría algo la vida?
Y si aún luego de ésta extinguida
fuese posible amar, bien querido,
a gritos pediría el bien perdido
para seguir gozándote todavía.
Gocemos cual lo hizo regiamente
la primera pareja de mortales
bien aconsejados por la serpiente.
Que nos perdieron por amar, se dice
blasfemia son dichos tales
que sólo a quién no ama satisface.
-Pues calla y ama y también, ¡castigo!
Calla y méteme hasta los pendones
jueces de amor y del amor testigo.
(Pietro Aretino, Italia, 1492-1556, Soneto I)
En el principio estaban O Del y el Beng, los cuales se desafían recíprocamente. Un día, mientras paseaban a la orilla del gran río, el Beng dijo: "Soy capaz de bajar hasta el fondo"… O Del con Su bastón ordenó a los perales y manzanos de fructificar, luego ordenó a los dos de comer los frutos, respectivamente a Damo de comer las peras, y a Yahvah las manzanas. Entonces ellos sintieron deseo el uno por la otra y por orden de O Del hicieron el amor. Pero la mujer, insaciable, pidió al hombre que repitiera varias veces el acto. Entonces o Del dijo: "Tú, mujer, no serás satisfecha jamás; tendrás siempre deseo del hombre". Y los abandonó a su destino.
(Una historia de los Rom de la región de los Balcanes, Extracto de: Traditions, coutumes, légendes des Tsiganes Chalderash; textes recueillis par le R. P. Chatard présentés par Michel Bernard; La Colombe, Paris, 1959)
Si los sueños que sueño fueran ciertos,
qué gran gozo tuviera de continuo.
Era Abril: mientras solo sesteaba
sobre un verde prado, asaz florido,
una hermosa doncella de astral rostro,
hija sin dudar de sangre regia,
aparecióseme, y con su manto
abanicábame con gran cuidado,
y en la brisa entreveraba dulces besos
que me daba con su boca tan melosa.
Su cuerpo habría unido con el mío,
mas temió un rechazo de mi parte.
[...]
Con un prieto abrazo la anudé,
su faz beso, sus tetillas acaricio,
hasta llegar por fin al quinto cielo.
Fácil es deducir qué feliz fuera,
feliz, feliz, una y mil veces,
si tuviera, despierto, a aquella chica
que durmiendo tuve, allí en el prado.
(Anónimo, De Somnio, Cancionero de Ripoll, 7, fragmento, traducción de Gabriel Laguna Mariscal)
Imagen: Zazie & Jean Marc Laroche, Waiting for the Rain (www.zazie.at & www.jmlaroche.com)
Gacela deseada en España
prodigiosamente formada.
Tienes autoridad y dominio
sobre todas las cosas vivas.
De forma encantadora como la Luna
con espléndida estatura.
Rizos de púrpura
sobre brillante templo.
Como José en su forma
como Adoniah el cabello
De ojos bellos como David,
me ha matado como Uriah.
Él ha encendido mis pasiones
y consumido mi corazón con fuego.
Por él yo he sido dejado
sin entendimiento y juicio
¡Llorad conmigo avestruces,
gavilanes y halcones!
El amado de mi alma me ha matado
¿Es esta una sentencia merecida?
Por él mi alma está enferma,
confundida y anhelando.
Su palabra sobre mi corazón
es como rocío sobre tierra seca.
¡Arráncame del abismo de la destrucción.
cuando me pierda en el infierno!
(Yishaq Ben Mar-Saul, judío, siglo XI, fuente: Boswell, J., Las bodas de la semejanza)
Martín llevaba su cerdo al mercado
con Alicia, que en la gran pradera
pidió a Martín hacer el pecado
del uno sobre el otro. Martín preguntó:
“Quién sostendrá a nuestro puerco, compañera?
¿Quién? –dijo Alicia- hay una buena manera.”
Pero cuando ató el cerdo a su pierna,
Martín enérgico sobre ella envainó,
Se asustó el cerdo, y Alicia gritó:
“Sujétame, Martín, que el cerdo me lleva”
(Clement Marot, Martin et Alix, Epigramme XXXV, Renacimiento francés, traducción de Mariana Alonso y Karina Sacerdote)
Imagen: Anasor ed Searom (http://br.geocities.com/anasoredsearom/anasor34.html)
Los ojos vueltos, que del negro dellos
muy poco o casi nada parecía,
y la divina boca helada y fría,
bañados en sudor rostro y cabellos,
las blancas piernas y los brazos bellos,
con que al mozo en mil lazos envolvía,
ya Venus fatigados los tenía,
remisos, sin mostrar vigor en ellos.
Adonis, cuando vio llegado el punto
de echar con dulce fin cosas aparte,
dijo: "No ceses, diosa, anda, señora,
no dejes de mene..." y no dijo "arte",
que el aliento y la voz le faltó junto,
y al dulce juego feneció a la hora.
(Anónimo, Soneto del Vicentino que acabó a lo humano y comenzó a lo divino, Siglo de Oro español)
Debajo de un olivo fructuoso
por do se van mil vides retorciendo,
con gran lujuria vide estar hodiendo
a una dama un galán furioso.
Ella los pies al cielo luminoso tiene,
con que en los lomos le va hiriendo,
y con dulces meneos va haciendo
se encienda más el fuego lujurioso.
Y al derramar la esperma y regucijo,
dijo el galán: " Mi vida, pues acabo,
si puedes di aceituna" y quedó mudo.
Ella, que sin compás menea el rabo,
“Acei..., acei..., acei..., aceite” dijo,
que decir “Aceituna” nunca pudo.
(Anónimo, Siglo de oro español)
Imagen: María de la Vega, Voyeur 6 (www.mariadelavega.com.ar)
Cuando suceda que juntos estemos,
Mi dama y yo, y solos reposemos,
En su alcoba, que en privado ha de ser,
¿Habrá en este mundo mayor placer
Que aquel que juntos nos procuraremos?
La noche entera de amor hablaremos
Y de sus bienes lo mejor habremos,
Pues de todo habrá allí para escoger
Cuando suceda.
Pese al celoso placer nos daremos,
Merced a buen amor, nos besaremos,
Y si de tiempo disponemos luego
Y somos asaltados por deseo,
¿Adivináis qué será lo que haremos,
Cuando suceda?
(Anónimo, Cuando suceda…, Francia, siglo XV, traducción del francés de Analía Montes)
Un zagalón del campo,
de esos de acá me zampo ,
con un fraile panzón se confesaba,
que anteojos gastaba
porque, según decía,
de cortedad de vista padecía.
Llegó el zagal al sexto mandamiento,
donde tropieza todo entendimiento,
y dijo: "Padre, yo a mujer ninguna
jamás puse a parir, pues mi fortuna
hace que me divierta solamente,
cuando en un caso urgente,
con lo que me colgó Naturaleza,
y lo sé manejar con gran destreza."
"¿Conque contigo mismo
-dice el fraile enojado-,
en un lance apretado
te diviertes usando el onanismo?"
"No padre -el zagal clama-;
no creo que es así como se llama
mi diversión, sino la...". "Calla, hombre
-dice el fraile-; yo sé muy bien el nombre
que dan a esa vil treta,
infame consonante de retreta.
¿Tú no sabes que fue vicio tan feo,
invención detestable de un hebreo,
y que tú, por tenerla, estás maldito;
del Espíritu Santo estás proscrito;
estás predestinado
para ser condenado;
estás ardiendo ya en la fiera llama
del Infierno, y...?". "¡No más! -el mozo exclama,
queriendo disculparse-,
Esta maña no debe graduarse
en mi de culpa, padre. Yo lo hacía
porque veo muy poco, y me decía
el barbero mi primo aclaraba
la vista al que retreta se tocaba."
Aquí con mayor ira
el fraile replica: "!Eso es mentira!
Pues si fueran verdad juicios tan varios,
las pulgas viera yo en los campanarios."
(Félix María de Samaniego, El onanismo, siglo XVIII)
Imagen: Pinina Podestá, L'enigma (www.pininapodesta.it)
Obsequiado con canciones y danzas
en este vinoso pabellón,
verdadero palacio del paraíso,
¡el alma se diluye!
Habiendo aprendido
-en una noche de primavera-
todas las "posturas del placer"
de que hablan los budistas,
¡las veinticinco formas de la perfecta iluminación!
(Lin E, China, 1857-1909, Placeres de Shimbasi, traducción de Harold Alvarado Tenorio)
Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.
Te juré no escribirte; por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.
No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz de arcángel y una boca de animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.
Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas como inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura.
(Gonzalo Rojas, Chile, 1917 - , Retrato de mujer)
Cuando un hombre y una mujer que se han amado
se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través
de las piedras sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el
furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto
con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles
de la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles
o enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros
hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo
Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma
de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas
insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta
en otro cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal
como un enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del
trabajo marítimo con el desplomado trono de las olas y
el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo
el mundo desesperado como una fiesta en su huracán
de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca
de las aguas y de los campos con las violencias de este
planeta que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus
brazos como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta
y el cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia
que acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su
dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio
y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia
del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón
de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta
y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado
se separan
(Enrique Molina, Argentina, 1910-1997, Alta marea)
Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sábanas solitarias
de esta cama donde te deseo.
Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos;
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.
Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.
Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia mi mismo centro,
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.
Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.
Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.
(Gioconda Belli, Nicaragua, 1948 - , En la doliente soledad del domingo)
Lo que más breve sea:
la paloma, la flor,
la luna en las pupilas;
lo que tenga la nota más suave:
el ala con la rosa,
los ojos de la estrella;
lo tierno, lo sencillo,
lo que al mirarse tiembla,
lo que se toca y salva
como salvan los ángeles,
como salva el verano
a las almas impuras;
lo que nos da ventura e igualdad
y hace que nuestra vida
tenga el mismo sabor
del cielo y la montaña.
Eso que si se besa purifica.
Eso, amiga: tus manos.
(Efraín Huerta, México, 1914-1982, Ternura)
Imagen: Beatriz Matar, Friso (www.artesur.com/beatrizmatar/es.htm)
Qué voz hace crujir el vestido de seda
de esta noche y entreabrir los muslos tiernamente
y desnudar su espalda de mujer?
Parece ser el canto ebrio de bacantes
o el susurro lejano de una viuda
o la lluvia entrecortada de una novia.
¿Qué voz extraña hace que el perro se levante y dance,
y la luna galope en el lomo de un caballo,
y el lago abra su ojo cristalino más que nunca?
¡Levántate, amor! La noche espera ser ungida
de vinos y perfumes,
sacrificada como una diosa frágil
entre los brazos de la tierra.
(Orietta Lozano, Colombia, 1956 - , Danza)
Terminando el rosario a nuestros dormitorios
subiremos donde el ángel maligno,
que quiere atormentarnos, nos espera.
La espalda en la pared, cuidando que las ropas
no escondan nuestros ojos mucho tiempo,
la fragante franela nos ha vestido al fin.
Y sabemos, tras el vuelo fruncido
del tibio cubrecama, quién se oculta.
Al mínimo ruido en el contiguo cuarto
irrumpiremos, entre las tenues sábanas
de cruda muselina, anhelantes,
buscándonos.
Y nos sorprenderán
e irremisiblemente seremos castigados,
devueltos al horror de las alcobas.
Pero, abrázame ahora. Febriles confortémonos
que el miedo vendrá, en breve, dispuesto a aniquilarnos.
(Ana Rosetti, España, 1950 - , Los ojos de la noche)
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