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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2006
ISSN 1547-8114

 

 

 

SURREALISMO, JETHRO TULL Y UNA RUTA

No importa tarde si la dicha es buena –dice un refrán. Conocí tarde a Alejandro Puga y, si bien en este caso el refrán volvió a tener razón, y si otro refrán señala más vale tarde que nunca, me hubiese gustado conocerlo mucho antes. Mis amigos conocen de sobra mi compleja relación con el tiempo, que no elude angustias y ansiedades, al contrario. Me hubiese gustado conocer a Puga veinticinco años atrás, y no sólo por el hecho de que su amistad hubiese aliviado mi enorme soledad de aquel entonces, sino, sobre todo, porque su obra hubiese enriquecido sin duda una cotidianeidad signada por la desesperanza. Pero hace muy poco estuvimos frente a frente, en cierto bar de la Avenida Córdoba, y mientras conversábamos pensaba yo de qué modo ocurren las cosas, de qué manera misteriosa se dispone el universo –hasta podría haber un Dios o existir el unicornio, dice Borges- y, para mis adentros, insultaba al cosmos entero porque quien debiera haber conocido hace décadas recién estaba frente a mí un sábado, en una fría tarde de junio de dos mil cinco. Pero, ¿qué se puede hacer ante tamaña relojería, ante semejante mecanismo cuyos designios, pese a tanta cuántica y tanta relatividad, apenas si sospechamos? Lo acepto. Tuvo que ser una antología de poesía surrealista, idea de Floriano Martins, la que me dio el primer indicio de Puga, y tuvo que ser Floriano Martins, desde Brasil, el que me señaló cómo comunicarme con aquél, y tuvo que ser en una tarde de junio de este año el momento para reunirnos y comenzar un diálogo sobre mutuos sueños, pesadillas, obsesiones, alegrías y proyectos que, ansío, se prolongue y enriquezca.

No me rotules como artista plástico, me siento un poeta –me dijo. Me lo dijo porque lo incluí entre los plásticos en mi sitio en Internet. Y tiene razón. Puga es un surrealista –concepción del arte y el mundo que, pese a lo que digan muchos críticos, goza de muy buena salud- y, como tal, coloca la poesía en primer lugar, como elemento que engloba, sostiene y alimenta al arte todo. Sin poesía, entendiendo como poesía el soplo, el hálito, la vitalidad, la luminosidad, el arte deviene seco, mustio, desinflado. No son muchos los que saben hoy de esto, pero no son pocos los que sí lo saben –Puga es un ejemplo- y en ellos está otro destino para un arte que, en su mainstream, en su corriente principal, que los intereses se obstinan en convertir en hegemónica, se nos presenta adocenado, amaestrado, repetido, previsible. Y para ejemplos basta asistir a tantas muestras en las que se exhiben juguetitos a resorte, fotos Polaroid desenfocadas, piedritas de colores adheridas a las paredes, farolitos de papel; basta leer una literatura armada por los editores y ante la cual los escritores quedan reducidos a comparsa. Ante el estado de las cosas, el surrealismo sigue siendo una alternativa válida, Puga me lo reafirma, sobre todo su decisión de que el arte y la literatura deben superar los estrechos recintos a los que tradicionalmente fueron destinados para ser una visión integral del hombre y del mundo y herramientas para su transformación. Es decir, el arte y la literatura tienen que convertirse en poesía. No son la misma cosa poesía y literatura, el surrealismo optó desde el vamos por la poesía. Alejandro Puga es un surrealista, es un poeta.

En esta tarde primera de junio, descubrimos que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Aun si nos separaran gustos y preferencias, y hasta ideas de pensar la política, nos uniría la poesía. Sonreíamos cada vez que pronunciábamos un nombre al mismo tiempo: Hopper, O´Keeffe, Duchamp, Tanguy, Artaud, Ernst... Nombres que nos revelan habitantes de una patria común. Y, ahora lo pienso, más allá de las bromas del universo que juega con el tiempo y, por ende, con nosotros, indican que recorrimos caminos paralelos y semejantes y que, aunque el cruce se diera de modo tardío, de algún modo, ya nos conocíamos, al menos nos sospechábamos, desde siempre. Es más: yo elegí como lugar de encuentro un bar llamado Jetro, sobre la Avenida Córdoba al 2900, y Puga, apenas llegó, me preguntó si era porque yo conocía su fascinación por Jethro Tull. Yo desconocía eso y, de algún modo, como en tantas otras cuestiones, lo sabía. De nuevo se cumple la magia cotidiana, de la que hablaba Breton: mínimos prodigios, que unos pocos con los sentidos alertas detectan, que tienen lugar alrededor de nosotros, a cada rato.

Ante mí tengo dos libros de poemas de Alejandro Puga: Apunte de eternidad, de 1988 y La inspiración del universo, de 1992. En la cubierta del primero, la fotografía de un objeto, titulado El principio del placer , diseñado por Mirta Ignacio y el propio Puga; en el segundo, tanto en tapa como en páginas interiores, obras de Kirín. Una palabra se me ocurre a propósito de la obra escrita de Puga: expansión. Término que me lleva a pensar en uno de los modelos de universo, en una de las teorías en vigencia a partir del Big-Bang. El cosmos poético de Puga es una infinita sucesión de elementos en expansión, como luminosas astillas de un gran vidrio que estalló en el fondo del tiempo. Estos componentes en vertiginoso viaje en todas direcciones están conformados por las más diversas sustancias que tienen los más diversos colores, olores, medidas y pesos. Es un mundo que no tiene ni pasado, ni futuro, ni presente, más bien donde pasado, futuro y presente semejan un inmenso telón de fondo o, mejor, un sólido de forma harto compleja, laberíntica, por el que las figuras del tiempo se mueven de manera indiferenciada. Así Heráclito vuela muy cerca de Sade, helechos prehistóricos se aproximan a un Venus resplandeciente.

Leo: el fuego es propiedad del agua. Sólo un poeta puede afirmar tal cosa. En cierto film alguien habla de agua que se quema . En realidad, en Puga, el fuego es propiedad exclusiva de cuanto existe. Relámpagos, cosas que arden, verbos que arden, llamas que deshacen las miradas, detonaciones del placer, alelíes calcinados... Fuego es Eros y lo erótico, la más alta manifestación del fuego, aparece por doquier, de los modos más singulares y cambiantes: como fragancia de cama de amor, como largos cabellos saciados por los flujos del mar, como una bella elegida, como sed de truenos, como estuche de cartas amorosas... Esta apelación a lo erótico confirma una vez más la filiación surrealista de Puga, su apuesta por la más alta carga vital es, también, una apuesta al no a la represión y la cristalización de lo humano. Hay en el hombre, leí esto alguna vez, energías que le han sido sustraídas por el aparato, la sociedad. Y sobre todo lo erótico le ha sido arrebatado. El deseo en los poemas de Puga adquiere libertad y potencia, el poeta manifiesta a su modo su conciencia crítica ante lo que fija e inmoviliza. No es otra la intención de su universo en permanente movimiento, no es otra la significación de sus vastas manifestaciones de energía.

El poeta es un permanente insatisfecho. Su meta es lo desconocido, lo maravilloso, lo soñado, sus herramientas son el azar, la alucinación, el delirio. Lejos estamos del talento, como faceta del ingenio y la lógica, cerca estamos, con Puga, del ensueño, del juego desinteresado, vía hacia la más alta libertad.

Alejandro Puga hace rato emprendió esa ruta, los ojos bien abiertos, despeinado y descalzo.

 

© Carlos Barbarito


Imagen: La interpretación de los sueños, Alejandro Puga

 

encallado en el fin de nuestro mundo

 

Para la noche fuegos de artificio

¿Será el coleccionista de naufragios?

Claro el invierno ya no existe así es muy fácil...

 

Pero cómo posar las manos en una piedra

Sin que desespere la naturaleza entera

Tal vez en mi celo resida el secreto del mecanismo dialéctico

Con el que se vale la primavera

Cómo dilucidar el tacto femenino de las espesuras

Que circundan cada una de sus respuestas

Usted es una mujer que ha sabido disponer hasta del más

...suave de mis latidos

Por ello no creo que le sea arduo el convertirme

En un prestidigitador del deseo

Amaría culminar con mis preparativos cuando salga la luna

Se reducirían a un sencillo homenaje a la luz

Creo profundamente que es sólo por usted posible

LA FUNDICION DE LOS CONTRARIOS

Pero venga mire qué hermosa noche hace en mi amor

Su lengua recogerá con provocación las palabras

Que no me he animado a decirle

Si apuramos el paso

 

Aquí los acentos que la ambigüedad del mal tiempo cubre con ramas de.sauce deben desaparecer de mi indecisión

Acabemos de una vez con ese manierismo de corazón que tanto nos ha.alejado de la marea verdadera

La que regresa con la misma plenitud

Aunque usted no piense en mis distancias

Permítame velar el artificio poético

Arrimarlo

A la legítima

Espuma

 

Y siempre el mar

Con sus espectros de sal infinita

Ahuyentando lo que queda de brillo en el muelle

Con su hondura de caracola a la deriva

No es verdad que sean desperdicios lo que arroja a la costa

¿Podemos llamar de ese modo a los maderos sostén de los

..náufragos a los sedimentos marinos que los poetas

..surrealistas disfrutan haciendo de ellos el instrumento de

..lucidez necesaria para creer en la palabra?

¿Podemos llamar de ese modo a la tajada de velamen que ha hecho posible la dirección en las tormentas?

Insisto en que es inevitable un estricto sentido moral

Para con los objetos

En el que las pasiones no sean incompatibles con el trino

...rosado

Siempre sugerido por el amor carnal

De qué libertad me hablan los anuncios fantasmas del

...periódico

Cuya retórica asustaría de ser posible al más valiente de los

..pájaros

 

Planteo un ritmo más pausado

Para valerse con ternura de la brisa

Una caricia más honda en su cabellera indefensa

Antes de hundir la lengua

En el reino preferido que no brinda oscuridad

A nuestros ojos porque no la merecen

Excluir a la naturaleza siempre es indigno para el soñador

 

Divisada por mi pluma a través de su no

La noche

Se maquilla

De espaldas al espejo que forma usted con sus caricias

Ella porta un delantal de bellísimos relámpagos

Plegado en la cintura convirtiendo en abanico

El nacimiento de sus muslos

Un portaligas color fresa y sus cabellos están sujetos

De Pararrayos

 

Bosquejo de una cabalgata, el paisaje demarcado por espesas nubes rojizas, rozando un estrecho bosque de abetos, cabe en una cajita de maquillaje. Así es la inspiración al introducirse, lengua arqueada, en el liviano mecanismo de la espera. Los hálitos del amor se acumulan impacientes, bajo las cumbres que irradian el calor necesario para que las bocas femeninas más bellas se abandonen a la estocada del glande; los hálitos del amor dispuestos a destrozar las medias de seda, prolija demarcación, entre los picos nevados – alturas donde sólo la dama amada llega -, donde el pensamiento ajeno es una serpiente olvidada en el fondo de una vasija milenaria.

...Y a pesar del rodeo de las muchachas vírgenes aún, brota el triple carácter de la máscara esquimal. Al agitarla suena como una alcancía casi vacía, rumor sublime de cigarra, bajo el translúcido mantón del alba polar.

...En una cajita de maquillaje la suave lluvia de final de estío diluye los trazos de tiza roja que intentaban reproducir una caravana de buscadores de oro, signo interrogativo sin dirección, devastando la bella frondosidad amazónica; la suave lluvia de final de estío derramándose como lava en un reloj despertador, sacudido por su alarma incontenible, chorro de letras impalpables que mi ventana ilumina, cuando apago la lámpara.

                                              

...De amor despertado

...El matorral donde soñó mi dama

...Al tornarse capullo de nelumbio

...En sus manos el cielo plumaje que olvidó el vuelo

...Es uno de los cuatro botones que es preciso desprender

...Para que ese cielo salga de la cama

...Deje admirar una nube retrasada un vuelo oscuro

...En busca de un vértice de infinito

...O de altanería.

 

 

... La palabra silabeada en abanico de rayo plegado. Saberse recorrido por el hilo de la tradición menos conocida por los archivistas de la Historia, en zigzag.

... Con índices y pulgares hacer un corazón transparente. Entonces  la noche se deja  robar un farol, una carta de amor, tan mordida y besada que sólo quedará de ella al terminar de leerla un aroma de lápiz a punto de acabarse. La estampilla diluida  -las  ruinas  del  castillo de  La  Coste bajo la nieve–

¿Dónde estaría el teatro de sesenta butacas que Donatien mandó construir, dónde su alcoba de colchón indeformable?

... La palabra amor en abanico de rayo plegado se subyuga a sí misma, imitando la curva de la ola de la lengua al penetrar en zigzag entre las sedas tibias las costuras, la orilla espumosa de la enagua que ya no existe. Ocasión para beber el primer sorbo de té digo..................El navegante de la dicha es una chimenea humeante, en el trozo iluminado del telón.

... El pájaro antes de desaparecer de mi mirada quiso imitar la página donde escribo. Planeando la tinta se licúa en alas dispuestas a ayudarme. Causa de variedad en esas criaturas plumosas más sorprendentes si se las descubre de noche. Así es la inspiración. El horizonte pone orden. El azar merece ser sondeado en sentido contrario a las agujas del reloj. Hay que tantear la orilla de ajado terciopelo que algunos sabemos lo acompaña en su rodeo, también las tensiones en las que la gramática hace agua como un enorme buque el día de su estreno, tantear los repentinos cabeceos contra la hilaridad del periódico matinal, también muestra conciencia de la palabra del prójimo, de su felicidad en raras ocasiones con sublime velamen transparente ¡Oh corazón!

... El telón corre detrás de la sombra que lo conduce.

... De amor despertado se inventa el soñador una serie de paralelas que serán cruzadas por los placeres de su amada. Esas paralelas son espejos que permiten una prolongada contemplación sin empañarse, son luces que cubren la página blanca  luego de haber  llegado colgando de algún sonido, de alguna interrogación muy antigua, de algún llamado telefónico esperado, luces de noche reflejadas, reveladas en los pasos desconocidos, yendo quién sabe adónde –de ninguna parte a ninguna parte- ¡Tanto es el enigma que los rodea!

... El mismo pájaro o tal vez otro, vuelve tras sus aleteos. Esta vez con otro de su misma elegancia. Por un instante el claro cielo azul se recortó desdoblándose, hundiendo el doble viraje en el éter, colmando a la velocidad de la aparición de un perfecto equilibrio que mi mirada rompe, para ordenar algunas palabras, las adecuadas, trozos de la imagen que antes debieron permanecer intactos en lo Absoluto. El mismo pájaro o tal vez otro, volviendo tras sus aleteos, buscando la diaria ración de inmensidad. En abanico de rayo plegado. 

... En verdad ella abre sus fauces olvidándose de las consecuencias: el oxígeno surge bordeando las carnosas estalactitas blancas. Aquí y allá complicados brillos ahondan las cálidas redondeces de las mejillas vueltas esplendor. Luego aparece el espectro móvil, roja belleza que me roza cada día si la busco entre los colores desposeídos en la armonía, antes de conocernos.

... Ella deja caer una hoja de papel manteca mientras sostiene con la mirada un diálogo sin pausa con mis sueños. Desplegando una fina luminosidad o erigiendo una reliquia gestual en el borde de un acantilado, abre sus fauces, le sonríe a una lejana estrella que sale de su boca recién pintada, mostrándose como era hace millones de años, desparramando su titilante desamparo, quitándose uno a uno sus prendedores de luciérnagas, para concluir en un tormentoso cielo de cartón arañado, por un paseante demorado, por su propia prisa arañado, bajo el ademán de abrir el bellísimo laberinto de tela se esconde un recorrido de sangre enamorada, temblorosa dada la enorme desenvoltura de vuelo. Se diría una negación a cada paso,  una  soltada  de pájaros  claros en plena noche del corazón humano –al paseante lo llamo con un nombre que no es el suyo, al menos en los diccionarios se lo reduce– una rendición más de desamparo del Universo. 

De El navegante de la dicha

© Alejandro Puga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Barbarito | Argentina, 1958 | Poeta y bibliotecario. Su trabajo comprende libros de poesía y de crítica de artes plásticas como: Teatro de lirios, Éxodos y trenes, Acerca de las vanguardias, Bestiario de amor, Desnuda materia y Puntos de fuga. Su obra ha sido traducida al inglés y portugués y aparece en diversas antologías. Recientemente publicó el poemario La orilla desierta. Página web: Carlos Barbarito
Alejandro Puga | Argentina, 1957 | Poeta y artista plástico. Autor del poema épico Pararrayos, considerado por el francés André Pieyre de Mandiargues como uno de los poemas más hermosos en lengua española del siglo XX. Su obra pictórica incluye collages y acuarelas. Actualmente prepara la edición del primer tomo de su Obra Poética Completa además de La estela esencial, libro donde reunirá todos sus collages, editados parcialmente en el 2003 en formato CD Rom. Sitio web: www.alejandropuga.com.ar