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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

POEMA ESCRITO EN UN TEMPLO

Alan Mills | Guatemala | 1979

 

Las líneas de ese otro libro que lees

te indican que no estás a salvo,

que no lo estarás nunca,

que nunca serás salvo.

Ni las flores adormecedoras,

ni los picos más altos, donde las banderas

ondean ese orgullo un poco tonto,

ni el mar que es todo deseo.

Nada, nada te salva.

No vuelvas a sintonizar el noticiero,

haz un graffiti en tu cuarto

que diga algo lindo o algo sucio,

pero que diga y ensucie esas paredes

que te conocen tanto.

Súbele el volumen a la música,

decídete a quemar ese libro,

viaja y llévate las cenizas

al sepulcro de Kafka.

 

Hay que ver que no se use

ningún material extraño,

así, si quiere hablarse de niños

reventados contra los árboles,

habrá que decirlo sin omitir la sangre

escurriendo las cortezas;

no vale la pena desbancar dolor

por ideas, mejor apresar la hinchazón

nerviosa que traen los ramalazos;

no meter palabra y palabra

donde el plomo sabrá armar su vacío.

Hay que evitar sucedáneos;

si la carne arde, gruñir macizo;

en cada impacto, mostrar su trayectoria;

a cada estallido, la savia roja de los árboles.

 

El animal que calla

se parece un poco a mí,

su charco de sangre,

su casi flotar en rojo

tiene algo mío.

Este animal ha sido molido,

duro le dieron

y ya no sé si es perro o pollo

o simple mártir o qué.

Todo lo que calló lo habla el asfalto,

lo hablan los que lo ven sin hacer nada,

lo dicen los que vomitan de verlo.

Algo tiene,

algo de mí le resplandece

en cada partícula que pasan arrebatando

las llantas.

 

fotografía con autorretrato

 

De engaño a engaño va la luz y no calla.

Da un salto la luz y es el vacío entre dos cuerpos.

Ese espacio iluminado recuerda a la permanencia

o a la necedad de querer ver y ser en la luz.

De engaño a engaño va la luz y no cesa.

Nada termina si no hay un límite oscuro.

Ese límite oscuro somos nosotros.

Flash.

 

poema escrito en un templo

 

Haz que el hombre vuelva a sentir

que tú, hombre, subiste hasta a ti mismo

por el dolor sin fin.

GIUSEPPE UNGARETTI

 

No señales las estrellas.

Tú las pusiste fuera de alcance.

Nadie roza lo que tiene dentro:

la tiniebla es íntima

está latente al subir la escalinata.

(En un insecto hay muchas almas

reunidas por la agitación del polvo

y el trabajo de las aguas).

No estás cerca del fuego y te consumes.

Tú volverás de la muerte a morir.

(Las estrellas gozan alma o calor y brillan:

son distantes entre sí

mas se congregan para que tengas cielo).

¿Quién sabe del alma?

No mates insectos en vano

(las rocas del templo sostienen todo

y no tienen razón de existir).

No hables con el cielo.

Desciende la escalinata.

No eres el jefe de la tribu

pero sin ti el mundo es menos.

 

© Alan Mills