la búsqueda del recuerdo

Pilar Salas / España / 1974


 

En esta ausencia social adoptada
por voluntad propia,
desde este escondite escogido,
alejada de cualquier realidad
e inmersa en esta pesquisa,
hago acopio en mi memoria
de cuantas risas logro recordar,
de sus estrepitosos sonidos,
de la salazón de mis lágrimas,
incluso aquellas derramadas injustamente,
de la pena de mis llantos,
del orgullo egocéntrico
al que tantas veces subí victoriosa,
de la humillación sostenida
por el destape de mi alma,
por los errores constantes,
...
Persevero en la ardua tarea
de envasar en mi pensamiento
tantos momentos felices que fueron,
y que se desgajaron del recuerdo
tras el transcurso de tormentas y vendavales
que se llevaron mi calma, mis contentos,
trozos de mí que se esparcieron en el camino
de temporales adversos que la vida,
las personas y el medio,
nos ponen en el paso de nuestra existencia
...
Insisto en el hallazgo
de aquellas emociones agrias
que desvelaron mi vulnerabilidad,
o la inocencia de una edad concreta
de impulsos desatados
ante pasiones recibidas,
el dolor de la caída
ante la decisión equivocada,
el levantamiento de la seriedad
por la visión de una vida no tan clara
...
Ando por una senda virgen
sin marcas, ni cruces ni señales,
con rumbo fijo y paso constante,
con la firmeza de culminar en la plaza
de la búsqueda iniciada,
para el rescate de mi persona,
el hallazgo del alma derrumbada,
para el reencuentro con mis recuerdos,
con los buenos y los malos,
los ligeros y los tenaces,
con las dosis de felicidad ya disfrutadas,
con la amargura de otros tiempos,
los que llevan espinas clavadas,
los que sujetan las bofetadas encajadas
y las pérdidas y ausencias
que arrastra ser persona,
el destino,
de un modo u otro, nuestra vida
...
Me sería insignificante
el orden de recuperación del recuerdo,
de si el primero fuera agradable,
transportador de sueños,
o cargador de aquellas mis sensaciones,
daría igual si fuera sabor agridulce
lo que empapara mi alma,
si fueran momentos de sollozos
o instantes pasajeros sin fuerza,
pero con emoción grabada
...
¿Qué importancia tendría su color,
su sabor o su sentimiento?,
pues risueño, oscuro, frágil o emotivo,
me devolverían a quién un día fui, era,
traerían de nuevo la impregnación
a mi piel del olor que me baña,
el sabor tan degustado
y tan desconocido ahora de mis júbilos,
el gozo de mis ilusiones,
el reconocimiento, sin espejo ni cristal,
de mi persona,
de los sentimientos en mí habitantes,
la paz y confianza de volver a conocerme,
de saber y sentir
que por fin he vuelto a casa,
al interior personal
de quién un día fui,
de quién siempre era.




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