1
Escribir
con un dedo
sobre la escarcha
del parabrisas,
hacer una pregunta,
un bulto: esto tan imbécil.
2
Te
iluminan los faros.
aún es importante sonreír.
3
Quizá
ya no volverá a serlo,
noto que este día ha ido
llegando: soy difícil de seguir
a veces, pero este día
me ha alcanzado
con sus huesos livianos,
sus plumas amputadas.
4
El
hacha cae con sencillez,
algo de gracia, como si fuera
un estribillo, una caricia
sobre los títulos de crédito,
en el momento en el que
la heroína arranca el coche
y en el aparcamiento cae
un silencio que se traga
a otro silencio.
5
Soy
difícil de seguir,
ella está muerta igual
que los fotomontajes, las
postales porno, la infancia
desde un cigarrillo, el aire mítico
de la culata de un revólver:
nadie es inocente, nadie
es inocente. Ríete,
6
alguien
tendría que inventar
el golpe seco de esta risa,
no basta con ser metódico,
aplicarla en ocasiones especiales
y correr tras ella por los pasillos
del metro, junto al tren de la una.
7
Pero
nunca será así, tú sabes.
El día es casi una venganza.
8
Lo
más justo, dejarte ir,
dejar que me arrincones en un
ejercicio de nostalgia, hacer
un chiste en la jaculatoria
del rencor, no es lo que se lleva
en este lado de mi historia.
9
El
día puede ser todo un invierno,
una fogata, un filo dentado
para que desemboquen frases
hechas y así, que es poca cosa,
yo te atraiga al fin al nombre.

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© Javier Esteban
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