me
sobra un muerto
a
Pablo de Rokha
Me sobra un muerto, me sobra
me sobra un muerto y no soy yo, quién es
y viene de la levadura y de los precipicios
me sobra un muerto
un muerto martillándome la piel
me sobra un muerto y no soy yo
porque estoy vivo y lo presiento
lo respiro, y cae de la manga de otro muerto
y cae y cruza mi camisa, y da la vuelta
y sigue y sigue en mi esqueleto, un muerto
un muerto en mi esqueleto, instalado de por vida
un muerto me sobra y no soy yo
y llora y grita y ríe con su carcajada demoniaca
un muerto, un muerto sagrado
un muerto en el gemido del espanto
un muerto derramado en mi garganta y en mi sed
con su ceniza de elefante
en el vinagre, en el aliño de los años
un muerto rodeando los cristales
en las babas, en el pus, en los gusanos malolientes
defecando un muerto sus palabras
o en la suma de las voluntades o en ninguna
o en la roca de las rocas, trapicado el invencible
el muerto agujereado por los otros
inmutable en el zarpazo, en la estocada del olvido
me sobra, me sobra un muerto y no soy yo
porque patea y raspa
engulle con su dentadura cavernaria
hasta rozar por fin la sal del universo
ésta es mi sangre
a
Ramón Meléndez
Mi abuelo era carpintero
un gran maestro
de los clavos y la madera
Él se entendía con las casas
con las vigas, con las ventanas
con las puertas
se entendía con las bisagras
y con la gente que le contrataba
Un viejo lleno de historias
un erudito en el arte del serrucho
en la estrategia del martillo
un sabio al fin
desparramado en la pobreza de los años
Mi padre conoció de sus batallas
de sus bostezos
alimentó a este soldado sin camisa
lo levantó en la derrota
anduvo de la mano en el dolor
en la insistente necesidad
Puede llorar maestro Meléndez
puede llorar en este hombro
que le pertenece
puede llenar de lágrimas mi alma
Aquí estamos de nuevo en una lucha distinta
aquí estamos entre ladrillos y cemento
formón en mano, tristeza en mano
y este poema que nació a martillazos

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© Mario Meléndez
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