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Dos
poemas
Dentro
de un reloj parado
Siento
un frío
inhumano
cuando tus ojos verdes
no me miran,
cuando ahogo al tiempo
tras echarte de menos
y acaricio la idea
de perderme
dentro de un reloj parado.
Alcanzo
la desidia
y el llanto
cuando tus ojos verdes
me ignoran,
cuando renuncio al temple
de una nueva vida
por volar una noche más
entre tus brazos.
Falto
a la verdad
cuando desairo
tu memoria,
pues incluso
un reloj parado
marca la hora exacta
dos veces al día.
Cumbre
indolora
Tan
sólo el aire
moldea
su aspecto.
Lo hace a su antojo,
con firme entereza.
Sólo
el gélido viento
acaricia
la tenue maraña
que puebla la cima.
Aletargado,
prisionero en el diván
de la tarde baja,
el sol renuncia
a ser la estrella
en un lienzo impresionista.
Y
tú en la cumbre,
vestida con gasas
que eclipsan con creces
la dureza
de un lugar tan inhóspito.
El
tiempo se mueve
a cámara lenta
en los dominios
del olvido.
Los bosques,
ahora yermos,
ansían el retorno
del amor,
siempre fértil,
puro en esencia.
Exquisitamente
granado.
Copyright
© Prado
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