Dos poemas

Luis García Gil
Español
1974

Para el amor

Para el amor no existen dobleces,
muerdo las ventanas, me derramo
en las playas silenciosas, beso
las auroras, me sumo al paisaje
de las hebras doradas, al timbre
de la voz que arrincona las nieves.
Para el amor tengo el hilo dulce
de la entrega, las manos que
acarician oleajes, el agua
anhelante, silenciosa, que reposa
en los búcaros. Para el amor
los ojos reteniendo el perfume
desvivido de los labios,
los nombres habitando la garganta,
la sombra de los sauces, los altos
timoneles de la noche. Para el amor
también traigo el miedo de perderte,
la piel extendida como un mapa
y el aliento que derrama su luz en la intemperie.
Para el amor el verso que se puebla
de emociones, la levedad del aire,
el trompo de la infancia, la luz en cada paso.
Para el amor las paredes
que saben cada historia,
los reflejos del amanecer
en las palabras, la risa que te busca
con su pronunciada corriente de alegría,
las nubes que no pesan, el alamar,
el sueño, la flor más imprevista de los labios.
Para el amor lo opuesto de la muerte,
la huella sobre el párpado, el centro
de la tierra, el fuego de la hoguera,
el tacto firme y sonoro de la vida.

Final de trayecto

Las calles mojadas, la lluvia infinita,
la blanca desnudez del viento,
todo el paisaje de la vida, los afectos, las dudas,
los restos del ocaso, el equipaje íntimo
donde nos refugiamos, la niñez que dejamos
en un descampado, atónita, perdida.


La memoria, huidiza pasajera, oscuro destello de
voces y sonidos, de mareas profundas
en las que buscamos nuestras raíces olvidadas.


Deshecho el tiempo, el hilo roto, la cascada de agua
partida, solitaria, y las hojas caedizas
del otoño inmóvil, y los caminos de la hojarasca y de la lluvia,
y el poeta habitando la frágil memoria de las cosas.

 

Copyright © Luis García Gil

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