A
tus pies la soledad
es un gato ronroneando
a la espera.
Cazando, perpetrando
minutos, discursos,
maullando al esqueleto
de unos versos descarnados.
Tus pupilas temblorosas,
en reposo, apenas descuelgan
con dificultad un brazo,
que araña como beso.
Y tú mi soledad,
eres un animal, una pantera
que irrita, que vuela loca
y lejana por todas partes,
malgastando los andrajos
de este sucio verano,
hierba que fue flor.
La niña ha aromado,
mi muerte,
ven conmigo me dice,
este ruido no tiene eco,
esta flecha no mata,
es para quererte más.
Y voy cayendo,
me voy obscureciendo,
las dolencias se aprietan
entre sí, valerosas.
Se aviva mi sueño
mi cadáver coagula
en esas flores
amarillentas que
tanto nos gustan.
Qué seriedad de estas
vértebras azuladas,
de tus parpados
revoloteando en
mil recuerdos.
¡Qué extraña es la soledad
entonces!
Es una criatura sin límites,
una casa sin ventanas,
un dolor sin filtro,
una víctima de las
profundidades del silencio...
ronroneando, zalamera
a mis pies.
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