|
¿Cuál
línea recta? (Distribución normal)
Oye
el siseo de tus dedos.
Juega con él.
Acércalo, aléjalo, mételo dentro de tu cabeza.
Permite que ése rítmico roce de tu índice y pulgar
te hechice,
te haga uno con él, te domine.
No dejes de hacerlo, sólo continúa, continúa: disfrútalo,
lleva tus manos a tus oídos, a tu nuca,
deslízalas por todo tu cráneo, tu pelo,
pásalas por tu boca, tu nariz, tus ojos. Talla tus ojos.
Disfruta el tallarlos, hazlos sufrir.
Permítete sentir el deseo de querer meter tus manos por debajo
de la piel,
de remodelar tu figura, tus pensamientos, tus miedos, tus frustraciones.
Pásalas por todo tu cuerpo, siente el placer de tenerlas en tu
vientre, en tu espalda
abrázate fuertemente: no te dejes respirar, contrae cada uno
de tus músculos,
no dejes que la sangre llegue a tu cerebro, contráete más,
más, aún más....
No, no te dejes vencer, aún puedes soportar más.
Deja que tu estómago sienta nauseas, deja que tus pulmones griten
por el oxígeno,
haz que tus piernas ya no respondan, olvídate de ellas, de tus
brazos, de tu vientre,
de tu ser todo.
Explota.
Lame tu cuerpo con tu lengua. Juega con tu saliva sobre él.
Siente la calidez de ésa saliva. Abrázate más fuerte.
Deja que tu cabeza dé vueltas, deja que tu espina se contorsione,
pasa una y otra vez tus manos, tus pies por todo tu cuerpo,
intenta llegar a lo inalcanzable. Huélete.
Muérdete. Golpéate. Grita cuan fuerte logres... Aunque
sólo sea en tu mente.
No salgas de ahí, quédate ahí, llora. Llora amargamente,
de alegría, sin razón.
Llora, sonríe, bésate, se sensual contigo mismo.
Acaricia tu hombro con tu mejilla.
Pasa lentamente tus dedos por tus labios.
Toca con tu pie derecho el muslo izquierdo.
Siente tu piel, tus vellos, tus uñas.
Encógete. Trata de abarcar todo tu cuerpo con tus brazos.
Estrecha tus piernas.
Como si fuera la última vez que
le demostraras tu cariño al ser amado.
Descansa.
|