|

|
|
En
el batimóvil, con Miss Graciela

Las
clases que más me gustan son Inglés y Caligrafía.
Después de Inglés tenemos recreo y la sister
Thomas nos deja golpear la carpeta de contentos, pero en Caligrafía
viene la miss Graciela y a mí me pasa como que
pongo la cara de Popeye cada vez que Olivia le da un beso, porque
a mí me gusta mucho la miss Graciela. Y además
es más bonita que Olivia porque tiene tetas y sus piernas
parecen de propaganda de Beautyform.
Mi mamá y mi tía Lucy, y mi tía Merce y mi
tía Carmen, siempre dicen que "qué chico tan
buenmozo", pero después yo las he escuchado decir
que los señores buenmozos tienen ojos azules y el pelo
rubio. Yo tengo el pelo negro como Tony, el de El túnel
del tiempo y a mí él sí que me parece
muy buenmozo. A veces me miro en el espejo y pongo la cara de
Tony para que la miss Graciela se dé cuenta, pero
ella como si nada. El otro día me regañó
porque le llevé a sacar punta a mi lápiz tres veces
y me dijo que a mi mamá no le iba a hacer gracia que no
me duraran los lápices. Yo sólo la quería
ver de cerquita porque ella sí es rubia y tiene los ojos
azules. Como Judy, la de Perdidos en el espacio.
Mi primo Rodrigo ha visto Perdidos en el espacio en Estados
Unidos y dice que Judy es más bonita en colores, pero que
Penny sigue siendo feísima. Judy tiene una boca bien grande
que parece que si te da un beso te marca la cara como mi tía
Nati. Pero Judy nunca ha besado a nadie y su enamorado siempre
está peleando con los monstruos del espacio y no tiene
tiempo para besar a Judy. A mí me gustaría casarme
con Judy cuando sea grande, pero ella vive en Estados Unidos y
mejor por eso prefiero casarme con la miss Graciela.
Ella sí da besos en la boca porque el otro día la
vi.
Una vez le mandé una carta a Judy a canal 5, pero nunca
me contestó. Yo le pregunté a mi mamá que
por qué si le podías mandar una carta al Tío
Johnny o a Kiko Ledgard, no le podías escribir a Judy.
Mi mamá me dijo que primero tenía que aprender inglés
y después mandársela a Estados Unidos, pero mi hermano
me enseñó que su nombre no era Judy sino Martha
Kristen. A lo mejor la carta no le llegó por eso.
Verdad, pues. Cuando empezaba Perdidos en el espacio
salían los nombres por orden de tamaño: «Guy
Williams ("ese es el papá"), June Lockhart ("esa
también es la de Lassie, ¿no?"), y
con ellos Mark Godard ("¡ese es el enamorado de Judy!,
¡qué suertudo!"), Martha Kristen ("¡Judy!"),
Billy Mummie ("¡el enano Will!") y Angela Cartwright
como Penny ("¡fea!"). Invitado especial, Jonathan
Harris como el doctor Smith ("¡No temáis, Smith
está aquí!"). A mí Judy me gustaba mucho,
pero la miss Graciela me hacía sentir como cosquillas
en el pipilín.
A mí me gustaba más decir pipilín que peepee,
como nos enseñaba sister Thomas. Mi mamá
siempre me decía que se me iba a caer cada vez que me veía
con la mano en la bragueta. A mí me daba miedo que se me
cayera porque era bien rico tenerlo entre los dedos, aparte de
que si se me caía tendría que hacer pichi por el
poto como las mujeres. Un día la miss Graciela
me cogió el pipilín.
Fue cuando mi tío Daniel me puso el yeso en el brazo. Mi
mamá se molestó conmigo porque me lo rompí
tirándome por el tubo del tobogán. Malázquez
tuvo la culpa. Me preguntó: "Mendoza, ¿tú
sabes por qué Batman se baja a la Baticueva por un tubo?".
Yo le dije que no sabía y entonces me llevó al tobogán.
Es bien rico. Te hace cosquillas en el pipilín. "Con
razón Batman se tira", le dije a Malázquez.
A Batman en los chistes no se le ve la raya de los dientes, pero
en la televisión sí se le ven los dientes. Yo prefiero
que los dientes no se vean y me lavo, me lavo bastante, bastante,
pero siempre se me ven. Entonces me miro en el espejo y pongo
la cara de Tony y otra vez la del teniente de Viaje al fondo
del mar, que también es otro teniente en Combate.
Esas series también las veo, pero no salen mujeres. A mí
me gustan las mujeres. No las chicas, sino las mujeres. La miss
Graciela es una mujer.
Briceño me contó cómo saber cuál es
una chica y cuál es una mujer. "¿Mendoza, tú
ves La isla de Gilligan?", me preguntó. Yo
le dije que sí y entonces me explicó que la de las
trenzas era una chica y la del vestido blanco una mujer. No la
esposa del millonario, sino la que tenía un lunar en el
cachete y siempre quería besar a todos en la boca. Y era
verdad. Cuando vi La isla de Gilligan me di cuenta que
la Ginger también me hacía cosquillas en el pipilín.
Osea que Penny también era una chica y entonces Judy es
una mujer. Qué capo es Briceño.
Otro que también sabía un montón de cosas
era Hernández. El no era hincha de la "U", sino
del Alianza, pero era buena gente. Parecía de la "U".
Hernández decía que la de Mi bella genio
también era una chica, pero que la 99 era una mujer. A
mí me gustaba más la de Mi bella genio
porque se parecía a la miss Graciela, pero en
verdad la 99 tenía una boca como la de La isla de Gilligan.
Hernández decía que esas bocas servían para
chupar el pipilín. Bien trome era Hernández. Parecía
de la "U".
A mí me da miedo que me chupen el pipilín porque
duele. Mi papá tiene una revista en inglés donde
salen un montón de mujeres sin ropa que le chupan el pipilín
a otros señores. Seguro que duele mucho porque ponen cara
de que les están pegando: con los ojos cerrados y la boca
abierta. Yo prefiero poner la cara de Napoleón Solo, la
de Yllia Kuryiakin o la de Bud Masterson, que siempre están
enseñando los dientes aunque se les vean las rayas. ¿Cuándo
saldrá la miss Graciela en la revista de mi papá?
Ya salió la miss Spring, la miss Winter
y la miss Summer, pero la miss Graciela todavía.
Yo ya la he visto sin ropa, pero quiero verla de nuevo en la revista.
Ojalá que cuando le toque a mi colegio nunca salga la miss
Rosaura porque no me gusta. Un día le llevé la revista
a la sister Thomas para que nos la leyera en la clase
de Inglés.
A mí me gusta más Caligrafía porque la miss
Graciela me coge la mano y me enseña a hacer las letras
bonitas. Cuando me agarra la mano me siento como cuando me tiro
por el tubo del tobogán, y entonces volteo y la miro con
la cara de Tony, la cara del almirante Nelson, la cara de Simón
Templar y la cara de Batman, todos juntos. "¿A quién
de la tele me parezco, miss Graciela?", le pregunté
con los dientes como los chistes. Yo no sé por qué
me dijo que al cabo Rosty.
Ya sé, la cara que le tengo que poner a la miss
Graciela es la del Capitán Kirk, porque el Capitán
Kirk siempre las besa a todas aunque sean marcianas. ¡Yo
soy el Capitán Kirk, y mi cuaderno de Caligrafía
es el Cuaderno de Bitácora del Enterprise!, pero
la miss Graciela está como si nada. Es más
fuerte que Batman. Una vez Batman se peleó contra una mujer-pillo
que se llamaba Marcia, que te tiraba una flechita al poto y te
enamorabas de ella. Se la tiró al Comisionado Fierro y
se enamoró, se la tiró a Robin y se enamoró,
pero se la tiró a Batman y Batman no se enamoró.
Más bien Batman se la tiró. Sí, porque para
capturarla le tiró una de las flechitas y Marcia se enamoró
de Batman. Pero Batman no se enamora. La Gatúbela y la
Batichica tampoco pudieron enamorar a Batman.
Otro que no se enamora es el doctor Smith. Una vez se le apareció
una marciana bien bonita que no era chica sino mujer, y entonces
lo llamaba por la ventana de la nave diciendo: "Doctor Smíííiiith".
Pero el otro se iba corriendo. Bien maricón era el doctor
Smith. A Pedro Picapiedra también se le apareció
otra que era más bonita que Vilma, pero siempre se escapaba
por una puerta secreta diciendo: "Soy demasiado importante
para que me capturen". ¡Qué bruto el Picapiedra!
Yo me hubiera quedado con la otra, además a ésa
no se le veía la raya de los dientes. Yo no soy Batman,
pero tampoco soy como el doctor Smith. Yo quiero que la miss
Graciela se enamore de mí porque yo me quiero casar con
ella. La próxima vez que me coja el pipilín se lo
digo.
Cuando estoy haciendo pichi hago como que tiro rayos, y las moscas
son las naves enemigas. ¡Chuis, chuis!, les disparo. Pero
cuando me rompí el brazo le pedí a la miss Graciela
que me llevara a hacer pichi. En el baño le conté
lo de los rayos y ella me dijo: "Mejor vamos a jugar a que
es una metralleta", y entonces agarró y me cogió
el pipilín y me hizo ratatatatatatatá-ratatatatatatatá-ratatatatatatatá.
Yo sentí como si el señor Spok me hubiera hecho
su cosa rara ésa en el hombro, porque casi me desmayo en
el wáter. Qué linda es la miss Graciela, cuando
me agarra el lápiz me gusta y cuando me agarra el pipilín
también me gusta. Todo lo que me agarra me gusta. Por eso
me quiero casar con ella cuando sea grande, pero primero tengo
que hacer que pelée con Kowalsky.
El enamorado de la miss Graciela no es arquitecto como
mi papá ni doctor como mi tío Daniel, es como Kowalsky
de Viaje al fondo del mar -que siempre está arreglando
el cuarto de máquinas, el Seaview, el Aerosub
y la Batiesfera (ahí no sale Batman pero se llama
así)- porque tiene un mameluco igualito y arregla todos
los carros, todas las motos y todas las lanchas que se llevan
a Ancón en vacaciones. Mi papá dice que es corredor,
pero el enamorado de miss Graciela no se viste como Flash
y siempre anda bien cochino. A lo mejor a ella le gustan las cochinadas.
Cochinadas resultaron ser las revistas de mi papá. Eso
fue lo que me dijo la sister Thomas cuando se las llevé
a la clase de Inglés, y eso fue lo que le repitió
mi mamá a mi papá cuando la sister Thomas
me acusó. Mi papá estaba caliente y le dijo a mi
mamá que por qué la monja de mierda ésa no
se lo decía a él en su cara. ¿La monja?,
¿o sea que sister Thomas también era una
monja? Mi mamá decía que las monjas trabajaban en
colegios rascuaches y que por eso nosotros estábamos en
colegio de sisters, porque una sister era como
más que una monja y un colegio de sisters era más
que un colegio de monjas. Pero ahora resulta que sister
Thomas también era monja y además «chancha»,
«cojuda» y algo así como «comprimida».
Bien caliente estaba mi papá; pero la que más se
molestó conmigo fue mi mamá.
Antes sólo me fastidiaba cuando me veía con la cara
de Tony, la del sargento Sunders o la del capitán Kirk,
diciéndome "te va a dar un aire y se te va a quedar
la cara así" y entonces yo corría rápido,
rápido a la ventana para quedarme con la cara que estaba
poniendo, pero nunca me daba un aire de ésos que decía
mi mamá. Otras veces me decía que se me iba a caer
el pipilín de tanto tocármelo, pero desde que le
llevé las revistas a la sister Thomas me dijo:
"¡La próxima vez que te vea con la mano ahí,
te rajo!".
La miss Graciela, en cambio, nunca me decía nada.
A mí me daba como cosquillas cada vez que la veía
y siempre le pedía que me tajara el lápiz, que me
hiciera hacer las letras con su mano, que me amarrara el zapato
o que me llevara al baño a hacer pichi para que me hiciera
la metralleta de nuevo. ¡Qué bonita era la miss
Graciela! Yo le ponía la cara de Tony y le decía
que era más linda que la 99, que Mi bella genio,
que la de La isla de Gilligan y que Judy, todas juntas.
Ahí fue cuando ella me dijo que si yo me quería
casar con ella cuando sea grande y yo le dije que sí. El
problema es que no peleaba con Kowalsky. Pero un día peleó.
Mi papá siempre me llevaba cuando arreglaba los carros
y me dejaba solo adentro y se iba a la calle. Después de
un ratazo volvía y me decía: "te compro un
helado en el Tip-Top y le dices a tu mamá que nos fuimos
a Chicolandia". Cada vez que íbamos al taller yo ya
sabía que me iba a aburrir, pero que después podía
pedirme un «Zambito». Ese día la miss
Graciela también estaba en el taller. Seguro que fue para
pelear con Kowalsky.
Él
como que la quería morder en el cuello como los vampiros
y ella lo empujaba. A mí me daba cólera y quería
ser más fuerte que Súperman, más grande que
Little John y más poderoso que Ultramán,
para meterle un puñete en la barriga al enamorado de la
miss Graciela. Además que la agarró de
las tetas y la metió en la parte de atrás de una
camionetaza que parecía el carro de Batman. A mí
también me gustaba ir en la parte de atrás de las
camionetas, pero no cuando estaban paradas. Bueno, en verdad esa
camioneta se movía y se movía, pero no avanzaba
ni un poquito.
Me asomé calladito por la ventana y la miss Graciela
estaba como en las revistas de mi papá: calata y enroscada
a Kowalsky. Apuesto a que se estaban peleando, porque ella le
mordía el pipilín y el otro se quejaba y saltaba
como si le doliera mucho. Si la miss Graciela le seguía
pegando así, seguro que el enamorado iba a salir corriendo.
De pronto ella se sentó encima de él y empezó
a preguntarle: "¿Te vas, te vas?". "¡Todavía,
todavía!", gritaba el otro. Se notaba que la miss
Graciela estaba ganando porque lo tenía prisionero.
Yo estaba pensando a qué hora me tocaba entrar a ayudar
a la miss Graciela y hasta cogí un fierro por
si acaso, pero la miss seguía chancándolo
y saltándole encima y Kowalsky se revolcaba del dolor.
Se movía la camioneta y se movían las tetas de la
miss Graciela. Me gustaban sus tetitas porque tenían
pequitas como su cara. A lo mejor a ella también le estaba
doliendo porque estaba haciendo muchas muecas. Si le daba un aire
se podía quedar con la cara así.
Entonces la miss Graciela empezó a moverse más
fuerte y otra vez comenzó a preguntarle a Kowalsky si se
rendía. Le decía: "¿Te vas?, ¿ya
te vas?, ¡apúrate!, ¡corre!". Y entonces
el otro gritó: "¡Sí!, ¡sí!,
¡me voy!, ¡ya me voy!". Pero el conchudo en vez
de irse se hizo el dormido y quiso ahorcar a la miss
Graciela aprovechando que ella estaba cansada. Ahí fue
cuando cogí el martillo de Thor y lo agarré a fierrazos
gritando "¡D'Artagnan al ataque!", "¡Llamas
a mí!" y "¡Cabazooooooooorrooooo!".
La que se armó fue peor que lo de las revistas.
Mi mamá fue bien acusete y a la miss Graciela
la botaron del colegio. Mi papá se peleó con mi
mamá por dejarme solo en el taller de Kowalsky y encima
no me compró helado en el Tip-Top. A mí también
me sacaron del colegio de sisters y me pusieron en uno
de monjas, donde al pipilín ya no le dicen peepee
sino cuquita. Pero no me importa. Aquí en este colegio
yo soy como Hernández, como Briceño y como Malázquez,
todos juntos, y les enseño a los chicos las revistas de
mi papá y ellos traen otras revistas de sus papás.
Yo les he dicho que un día va a salir en una revista de
ésas la miss Graciela, que es una que tiene pequitas
en las tetas, que te muerde muy fuerte el pipilín y que
sabe hacer una metralleta bien rica.
A veces me acuerdo de la cara que ponía Kowalsky cuando
la miss Graciela le mordía el pipilín,
y me pongo en el espejo para hacerla junto con la cara de Tony,
la del capitán Kirk y la del Llanero Solitario. Pero cuando
me sale igualitita es cuando me tiro por el tubo del tobogán
y siento esa cosa tan rica en el pipilín. Seguro que por
eso Batman usa capucha, para que no le dé un aire y se
quede con la cara así cada vez que se tira por el tubo
de la baticueva.
©
Fernando Iwasaki
| |
Fernando
Iwasaki |
Lima,
1961 | Realizó
sus estudios de Licenciatura y Maestría en la
Universidad Católica del Perú. Ha sido
profesor de Historia en diversas universidades del Perú
y España. Es autor de una docena de títulos
como la novela Libro de mal
amor, el ensayo literario El
Descubrimiento de España, las crónicas
reunidas El sentimiento trágico
de la Liga y de los libros de relatos Tres
noches de corbatas, A
Troya, Helena e Inquisiciones
peruanas. Recientemente publicó la
colecciones de narrativa Un
milagro informal y
Ajuar funerario. Reside en Sevilla donde
dirige la revista literaria Renacimiento. Es
columnista del diario ABC y director de la
Fundación Cristina
Heeren de Arte Flamenco. Sitio web: www.fernandoiwasaki.com
|
|
anterior
| siguiente
|
|