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Anacolutos

El
ansia de salir hace los laberintos. Las cifras nunca han sido
un utillaje tan insuficiente como en su interior...
Aurora Luque
...pero ahora escucha mis recuerdos, caro amigo:
“Como
si fuese una carcajada, entre los arbustos... también la
necesidad de ver más allá de las murallas, por encima
de los pasadizos y de la espuma enrojecida... sus presagios y
los suspiros de otra joven, ¿no?... creo que no: era justamente
toda esa sangre desperdiciada que se esparcía en la arena,
que mojaba mi túnica y la dureza de tus...
Nuestra madre llora... ¡silencio!... ¡sshhh!,
aguanta la respiración, pisa con cuidado las algas secas
que puedes alterar la quietud del templo... descuida, aquí
el tiempo no puede tocarnos, tan solo nos... ¿qué?,
¿todavía temes por la sangre?... creo que ya es
hora... el Sol se ha puesto; sin embargo, los muros permanecerán
tibios por unas horas más... sí, es el rumor del
mar... yo prefiero soñar que es la voz de nuestra madre...
que todavía llora porque yo... que todavía espera
verme erguido y sosegado...
Paciencia... a veces siento que la familia es una prisión
terrible que no necesita de calabozos ni menos de estas paredes...
a veces sueño que llega un hombre extranjero para rescatarme,
perdón, rescatarnos... no, tú no eres una rémora:
deja de repetir las tonterías de papá... ¿por
qué extranjero?, es que los de nuestra casta están
ya podridos como las anguilas que mueren cerca de las peñas,
sí... un hombre extranjero nada sabe de nuestra maldición...
solo nos queda rezar por la ingenuidad de ese hombre, por su deseo
de conocer las maravillas de nuestra tierra...
Vuelan formando un triángulo... a veces vuelan de forma
desordenada, pero siempre... siempre desafían la inmensidad
de mi cárcel... quiero que sepas que todo el odio que cargo
en mis espaldas es más pesado que el yugo que una vez arrastré...
tú dices que la familia es una prisión... yo creo
que la familia es un sueño... una pesadilla... hay días
en los que despierto sintiéndome amado por mamá,
por papá y por ti... en realidad solo es la sombra de mamá,
el odio de papá y tu voz antes del crepúsculo...
no, la sangre es innecesaria... no la bebo... es que a veces...
nada podemos hacer para evitarlo... ¿libertad, dices?..
¿cómo?... ese hombre del que me hablas ¿no
es también un sueño?...
También he fijado la vista en las gaviotas que huyen del
mediodía... no, desde la ventana de mi celda... sí,
porque mi habitación es también una celda... la
tuya es casi infinita en sus linderos... la mía lo es en
su vacío... estrechez... vuelan, pero también las
he visto caer... y los cuerpos caídos... hay otras aves
que los devoran, que se disputan trozos de carne descompuesta
con animales igualmente feroces... pero tú no quieres saber
más de eso; quieres elevar tu cuerpo como las gaviotas,
por encima de los muros, más allá de la sangre...
Bien sabes que son ellos los que descuartizan... el doble
filo de sus hachas... la frialdad de sus métodos y el deseo
de estar cerca de papá... yo solo me paseo en medio de
los arbustos, a través de este hediondo bosque de huesos
y pellejos grisáceos... claro, ellos huyen de mí...
jamás conocerán mi temor... solo uno de ellos, hace
muchos años, se atrevió a mirarme fijamente a los
ojos... fue un gesto desafiante, pero ridículo... tú
solo piensas en conocer nuevas costas... yo solo pienso en la
humedad de la espuma... quiero sentir el rumor del agua en mi
piel...
¿Quieres
un trozo de pan?... tuve que robarlo de la cesta... sé
que solo vives de la hierba que asoma entre las grietas... ¡anda,
come!... hoy bebimos mucho vino diluido... papá presidió
la ceremonia de ofrenda... pero ellos creen que más de
un dios sabrá apreciar el sacrificio de este año...
toma, compartamos la hogaza... ¿te das cuenta que la espuma
del licor se parece a la espuma que llega a los muros de tu casa?...
perdón, olvidé que no has visto nunca el vino...
no, su sabor se parece más al de las bayas de primavera,
aunque un amigo de papá dice que el de su villa sabe a
miel y tierra...
Quiero que sepas, hermana, que tarde o temprano saldré
de estas murallas... entonces iré donde papá y le
diré que no quiero su trono, que no quiero su tierra ni
el mar que se ve desde las torres... nada de eso... quiero irme
como el hombre alado... es que tú al menos has visto el
pueblo, conoces los caminos que conducen a las villas de los pescadores
y...
No podrás burlar a los guardias, ni mucho menos cruzar
a nado el mar... la gente de las villas te señalaría
con miedo... ¿cómo pasar desapercibido?... tendrías
problemas para conseguir alimento, para dormir seguro, para...
Refugiarme
en el templo de Atana Potnia... pocos se atreven a penetrar sus
dominios... seguiría refugiado gracias al temor... es que
no puedo... ya no quiero ver los cuerpos mutilados, ni sentir
el olor dulzón de la sangre...
Eres
una maravilla y no puedes disimular la robustez de tu naturaleza
incongruente... y tu voz, tu voz... y los pasos que das tan lentamente
con una peligrosa solemnidad... y las manchas de sangre que dejas
en los muros... y la violencia de tu testa que desgarra a los
incautos... y el miedo de la gente que empuña armas con
doble filo...
Quizá
la diosa, en su templo, me procure descanso o... así sentiría
el aire que me dices se respira en los campos donde crece el espárrago...
podría también acariciar las plumas aún adheridas
a lo que me dices son las aves... conocer, del mismo modo, el
cabello de un infante: su olor, su sabor y su temperatura...
¿Cómo
justificar tu ausencia tras los muros...? ¿fingir la pesada
presencia de tus carnes en la sombra de los pasadizos y...? ¿qué
decir a los jóvenes que acuden ciegos a tu regazo como...?
prueba algo de pan... bebe este licor y olvida...
...o
tenderme de bruces en la hierba y morderla... ¡podría
ver el cielo y las estrellas!... saber si la premonición
de los magos sobre mi sino es verdadera... corroborar en las estrellas
mi muerte y la de los míos... pero mejor sería llegar
hasta la espuma del mar, no lo crees?
El
mismo temor que hoy te encierra sería la llave de tu libertad...
Muerte segura hallarás en las calles... es que... cerca
del templo... trampas... mi vida...
¿Qué?...
escuch... ¿Hermana?.... aquí... no... y por... ¿hermana?...”
Fue así como el rumor de la muerte del toro y del
hombre se diluyó como la espuma salobre que tanto anheló.
Yo estuve cerca de él cuando Teseo, sin preguntar si quiera
por su nombre, lo mató con los puños. Mi ingenio
es grande y por ello pude reproducir años más tarde
en mi mente las frases entrecortadas de ambos hermanos, interrumpidas
estas por la ciega violencia del hijo de Egeo. Pude, también,
leer unas palabras que Ariadna, o acaso Asterión, escribió
sobre la arena que llegaba al pórtico del Templo Laberinto
que construí:
Decía,
pues, que “los ríos, el mar infinito y todas las
demás cosas, todos los inmortales, los dioses felices y
las diosas, cuantas cosas habían nacido y cuantas nacerían
después...” Lamentablemente la prisa y la ignorancia
del ateniense borraron el resto del poema, cuyas letras se perdieron
en la arena, ya por entonces retinta con la sangre del toro. Sin
embargo, querido Apolodoro que lees esta carta, no sabría
decirte si la sangre que pintó la arena provenía
del toro que tanto temimos o del hombre que apenas pude escuchar
esa tarde, antes de que el salvaje ático lo impidiese de
pronunciar la primera sílaba de su nombre...
©
Elio Vélez Marquina
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Elio
Vélez Marquina |
Lima,
1979 | @
Bachiller
en Literatura Hispánica por la Pontificia Universidad
Católica del Perú (PUCP).
Ha sido galardonado en diversos certámenes como
el Concurso Binacional de Poesía Argentina-Perú.
Es colaborador del Centro de Estudios Orientales de la
PUCP y miembro de las revistas de literatura
Ajos
y Zafiros y LOS
NOVELES. También
es autor del poemario En el
bosque, publicado en 2003, y de otros libros
inéditos. Se desempeña como Coordinador
del Programa de Ediciones de la Dirección Académica
de Proyección Social y Extensión Universitaria
de la PUCP. En Los Noveles
publica bimestralmente la sección Lectura obligatoria.
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