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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2006
ISSN 1547-8114

 

 

 

LA GRAVEDAD Y EL VERTIGO

Rafael Villegas | México, 1981 | Es Licenciado en Historia por la Universidad de Guadalajara, donde actualmente estudia la Maestría en Historia de México. Ha publicado Galería Prosaica presenta, 100formas100, La virgen seducida y tiene en prensa Alucinemas y Zurrapapas y algo menos. Premio Ignacio Arriola de Guión Radiofónico (2004); Premio Nacional de Poesía Amado Nervo (2005); Premio Agustín Yánez de Ensayo Literario (2005). Sitio web: www.rafaelvillegas.tk

 

La coincidencia

 

Encontrarse en las contradicciones nos regala un solo resultado: la casualidad. ¿Encontraría a la mujer? ¿Encontraría a la magia? Ya Julio miraba Praga con sus ojos de gato complacido; ya Julio miraba las calles desde las ventanas-vaporeras de su apartamento parisino. Y yo, aquí, sólo sé que las maletas no son como las gallinas ficticias: voladoras y amenazantes pesadillas de párpado pesado. Puedo verte cuando respiras en mi espalda ciega; puedo atrapar la coincidencia de tu mano dormida (adormecida) en la mía. Trampa de mí. Trampa de tu vuelo, de tu giro, de tu flotación. Nos hemos encontrado con un cristal de por medio. Las tardes son lluviosas en Praga, las lluvias son praguenses en las tardes del mundo. No hay coincidencia demorada, o de azul, o de nosotros. Las visitaciones son casuales, las maletas no. Tengo miedo de los monstruos hermosos que habitan tu maleta: los escucho rumiar tu ropa blanca con mismo encanto de los saltos infantiles, felices, terrestres, celosos. El polvo huele bien con un cachete clavado en piedra. La piedra es tierra sobreviviente al vértigo. Somos sobrevivientes de una coincidencia, somos piedras, somos los monstruos hermosos que escuchamos, que escucho, que escucho.

 

La mentira

 

Fotografiemos el engaño, no dejemos que se percate de que vive en un estudio. Hay orgasmos que se revelan en cuartos rojos, retevelan por ser comprendidos o ignorados. La mentira no es más que ambición desmedida: deseamos lo que tenemos y lo que nos tragamos sin permiso. Y al final y al principio de todo surge el más terrible de los pecados: la verdad. Nos ubicamos con miras a destronar a Dios para hacer girar las acciones escondidas. No es el amor el último de los gritos de Eva, sino el primer aullido de un lobo desterrado del paraíso. Irónico: el Cielo está coronado por tres amantes asexuados, pero la Tierra es el espacio tiránico del dúo sexual. Si Teresa, al desnudarse, mostrara tres senos, su peculiaridad quedaría al descubierto, flotando en la superficie de la visión y los pulmones. Por eso Teresa tiene dos senos, como todas: Teresa es diferente en su gemido, “como todas”, piensa Tomás. El amor aísla, parte en dos; la verdad reúne las piezas del dolor, ese rompecabezas nada amable, tan distinto a la guillotina que corta el cuerpo de un francés

-----------------------------en dos.

 

La gravedad, la levedad

 

Esto es gravedad, esto es levedad: pensar que los besos son irrepetibles; pensar en caricias desaparecidas; pensar en casas familiares con luces apagadas; pensar en no estar sin que tú lo notes; pensar en huir de la cama usada; pensar en las canciones escuchadas a cuatro oídos; pensar en llorar sin más razón que la culpa; pensar en los nombres de tres niños; pensar en los teléfonos ocupados; pensar en las manos preocupadas; pensar en perderse entre la multitud; pensar en sacar la cabeza de las alcantarillas citadinas; pensar en las cabezas turísticas; pensar en la ilegalidad de las travesías; pensar en la ridiculez de un sombrero de anciano cubriendo un seno de mujer; pensar en un lunar casi llegando a la ingle; pensar en las cosquillas falsas de un vientre; pensar en los pezones más extraños del mundo; pensar en amarse sin temor; pensar en esquivar al paseante del Parc Güell; pensar en buscar la luz del atardecer a través de una ventana departamental (una de tantas); pensar en forzadas visitas armonizadoras; pensar en la compañía desencantada y deseada; pensar en dejarse caer en el pecho traidor; pensar en los ojos que comprenden la mentira; pensar en ti como una pluma atrapada en la atmósfera terrestre; pensar en ti como un yunque aplastante liberado desde arriba por la mano de un dios que, cuando pensamos, nomás se ríe.

 

El amor

para Brenda,

como un deseo de no cumpleaños

 

Podemos morir juntos. Tú y yo, una carretera, una mariposa blanca sobre el parabrisas. Lluvia. Podemos morir juntos. Nuestras manos acariciando lápidas, escribiendo epitafios amorosos con nuestras miradas. Mírame. No me dejes ir hasta que nos alcance la muerte. Podemos morir juntos. Después de bailar nos iremos a dormir. Muerde. Convidemos el aliento y el silencio absoluto. Que el peso nos aplaste. Podemos morir juntos. Las guerras son iguales, como este clavo enterrado en mi uña. Bésame. Aprende a girar la lengua sobre mi ombligo, pero no le cuentes a nadie el secreto de mi labio interior. Tortuga hermosa, sideral, marciana. Podemos morir juntos. Somos nuestros. Aislados en las cumbres remozadas del océano. Nada. Descubramos un refugio, una boca que nos trague para siempre. Sólo a ti, sólo a mí. Solos. Cargaremos esta foca gigantesca. Tierna. Nos hundiremos en el polvo de una planta azul. Podemos morir juntos. Regresa. Este círculo no tiene principio, ni final; el amor sólo tiene sentido, redondez… fin.

 

© Rafael Villegas