Todos los que me aborrecen
aman la muerte.
Libro de los proverbios
discurso del acecho
Soy el que acecha.
El que anda por ahí,
merodeando,
agazapado entre las sombras,
oculto en lo más profundo de la noche.
Ansioso por iniciar las ceremonias de la cacería,
la profanación de todo lo que, para ellos, es sagrado.
La ley.
La propiedad.
El dinero.
La decencia.
El buen nombre de las buenas familias.
Para evadirse de mí,
ellos han acumulado
rejas, alarmas, dispositivos,
guardias a contrata y policía regular,
armas, celdas de castigo, picanas eléctricas.
Mucha propaganda incitando
---------------------------------el odio de clase y la paranoia.
Pero no les servirá de nada.
A mí,
el Gran Violador,
el que vino a perturbar el sueño, nunca más tranquilo, de las niñas inocentes,
el monstruo,
no podrán detenerme.
Aunque el cerco se cierre
y llegue a su final este doble juego en el que soy
-----------------------------------------------------el cazador y la presa,
ellos no podrán eludirme.
Yo soy el que acecha.
Yo soy su miedo.
prontuario
Se abre la cacería.
1990.
Catorce años.
Asalta y viola a una ciudadana alemana.
Es detenido y dejado en libertad por ser menor de edad.
1993.
Diecisiete años.
Es detenido en la cárcel de Puente Alto por cuatro delitos de robo con violencia.
Es liberado, a los pocos meses, por buen comportamiento.
1994.
Dieciocho años.
Asalta una casa con resultado de lesiones graves a su propietario.
Es nuevamente detenido.
1996.
Veinte años.
Es condenado por el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago
a cinco años y un día de presidio por el delito de robo con violencia.
1997.
Veintiún años.
Es condenado a 850 días de presidio por el delito de robo con fuerza.
2001.
Veinticinco años.
Sale en libertad tras cumplir condena.
Viola a una ciudadana argentina y maltrata brutalmente a su marido.
2002.
Veintiséis años.
Asesina a cuchillazos a una menor de quince años, devorando luego sus entrañas.
Descuartiza y quema su cuerpo junto a una vía férrea cercana a su domicilio.
Amarrando previamente a su pareja, viola a una mujer de veinticuatro años.
Viola a dos mujeres y golpea salvajemente a un niño y a la asesora del hogar.
Asalta a un taxista.
Es detenido por robo con intimidación y reducción de especies robadas.
Es puesto a disposición del Tercer Juzgado de Letras de San Bernardo.
Recluido en el penal de Puente Alto, confiesa el homicidio de la menor.
Pruebas de ADN lo vinculan, entre otros treinta sospechosos,
a la zaga de ataques y violaciones
que aterroriza a la población.
Se cierra el cerco.
el puzzle policial
Una colilla con la saliva del atacante
encontrada en una de las escenas del crimen.
Evidencias orgánicas
halladas en una hoja de papel,
usada por el violador para secar sus genitales,
así como en su propia camisa
abandonada antes de escapar.
El rastreo electrónico de una llamada
efectuada desde uno de los teléfonos celulares robados a las víctimas.
La similitud entre las ataduras que presentaba la menor descuartizada
y las de que se valió el autor de los ataques.
Las piezas de un puzzle
cuya solución permitió a la policía
la plena identificación del culpable.
Sin embargo, fuentes judiciales informaron a la prensa
que su captura no habría sido el resultado de las pesquisas.
Otra habría sido la pieza clave.
El as bajo la manga
del largo brazo de la justicia.
La recompensa ofrecida por su delación
en todos los presidios del país.
Dos millones de pesos en efectivo
o el indulto presidencial
como precio por su cabeza.
escenas del crimen
El reiterado asalto a residencias del Barrio Alto,
así como el rencor expresado por El Criminal en sus declaraciones,
parecen apuntar a un elemento de venganza o resentimiento social
tras la selección de las escenas del crimen.
En cualquier caso,
el hallazgo de un plano de Santiago,
desplegado sobre una de las paredes de su domicilio,
si bien no demuestra la existencia de un patrón definido,
hace presumir cierto grado de estudio o planificación
respecto a la localización de sus víctimas.
El Criminal ha preferido guardar silencio sobre el asunto
o ha relacionado este aspecto de su modus operandi
con los efectos inconscientes de la droga.
Nadie sabrá si sus ataques sólo fueron guiados por el azar
o por una cartografía secreta
dibujada en el interior de su mente.
Un mapa personal del horror
trazado de sangre y de muerte
sobre el plano de la ciudad.
los demonios
Ni siquiera sé cómo llegué hasta el Barrio Alto.
Tomé pastillas.
Fumé pasta base.
Estaba totalmente drogado.
Yo sólo iba a robar.
Miserables diez millones de pesos,
esa era mi meta.
Lo del niño, por ejemplo.
Hasta el auto de procesamiento
no tenía conciencia de haberlo maltratado.
O lo de las violaciones.
Más de cuarenta se juntaban en mi casa.
Hombres y mujeres.
Tremendas partusas.
Tenía sexo gratis.
Tampoco creo que haya violado sólo por causar daño.
Aún no me lo explico.
Sé que nadie tiene derecho a hacer lo que hice.
Ni yo mismo.
Pero no podía evitarlo.
Los escuchaba.
Los siete demonios.
El horrible bramido de sus voces
saturando mi cabeza.
Pidiéndome a gritos
la sangre,
el dolor,
todas esas muertes.
informe psiquiátrico
La junta médica,
integrada por cuatro facultativos del Hospital Psiquiátrico José Horwitz Barak,
luego de numerosos tests y entrevistas
realizados al reo en el lapso de los últimos tres meses,
ha llegado a la conclusión de que éste
es plenamente imputable
por los delitos de que se le acusa.
El scanner craneano
y los exámenes neurológicos
tampoco arrojaron resultados positivos
en cuanto a detectar
algún factor hereditario
que pudiese explicar su conducta criminal.
El informe psiquiátrico,
ordenado por el juez exclusivo que lleva la causa,
consigna el maltrato físico y el abuso sexual reiterado
a que fue sometido durante su infancia.
Estas experiencias traumáticas
lo habrían llevado a reproducir con sus víctimas
el papel del agresor.
Autocalificado como bisexual,
el inculpado posee, según el informe,
un coeficiente intelectual superior al promedio
y sufre de adicción a las siguientes sustancias:
cocaína
pasta base
marihuana
anfetaminas
benzodiazepinas.
Las once carillas del informe,
firmadas por la doctora jefe del Departamento de Psiquiatría Forense,
establecen que el reo posee una personalidad antisocial de carácter psicopático.
Ello, sin embargo, no afectaría su juicio
ni su percepción de la realidad.
No estaba loco,
aseguran los psiquiatras.
El Criminal sabía lo que hacía.
De nada servirán en su caso
los asilos,
la farmacopea,
los electroshocks.
Lo suyo es una gangrena que ha ganado todo el cuerpo,
un cáncer que ya no puede extirparse,
una piedra imposible de extraer.
Del libro Criminal (La Calabaza del Diablo, 2003)
© Jaime Pinos |