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Jaime Pinos | Chile, 1970 | Nació en Santiago de Chile. Es Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile, editor del sello La Calabaza del Diablo y de la revista homónima. En 1997 publicó la novela Los bigotes de Mustafá, mención honrosa en el Premio Municipal de Santiago. El poemario Criminal fue editado en el año 2003. (Foto: www.letras.s5.com)

 

 

 

 

Todos los que me aborrecen

aman la muerte.

Libro de los proverbios

 

discurso del acecho

 

Soy el que acecha.

El que anda por ahí,

merodeando,

agazapado entre las sombras,

oculto en lo más profundo de la noche.

 

Ansioso por iniciar las ceremonias de la cacería,

la profanación de todo lo que, para ellos, es sagrado.

La ley.

La propiedad.

El dinero.

La decencia.

El buen nombre de las buenas familias.

 

Para evadirse de mí,

ellos han acumulado

rejas, alarmas, dispositivos,

guardias a contrata y policía regular,

armas, celdas de castigo, picanas eléctricas.

Mucha propaganda incitando

---------------------------------el odio de clase y la paranoia.

 

Pero no les servirá de nada.

A mí,

el Gran Violador,

el que vino a perturbar el sueño, nunca más tranquilo, de las niñas inocentes,

el monstruo,

no podrán detenerme.

 

Aunque el cerco se cierre

y llegue a su final este doble juego en el que soy

-----------------------------------------------------el cazador y la presa,

ellos no podrán eludirme.

 

Yo soy el que acecha.

Yo soy su miedo.

 

prontuario

 

Se abre la cacería.

 

1990.

Catorce años.

Asalta y viola a una ciudadana alemana.

Es detenido y dejado en libertad por ser menor de edad.

1993.

Diecisiete años.

Es detenido en la cárcel de Puente Alto por cuatro delitos de robo con violencia.

Es liberado, a los pocos meses, por buen comportamiento.

1994.

Dieciocho años.

Asalta una casa con resultado de lesiones graves a su propietario.

Es nuevamente detenido.

1996.

Veinte años.

Es condenado por el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago

a cinco años y un día de presidio por el delito de robo con violencia.

1997.

Veintiún años.

Es condenado a 850 días de presidio por el delito de robo con fuerza.

2001.

Veinticinco años.

Sale en libertad tras cumplir condena.

Viola a una ciudadana argentina y maltrata brutalmente a su marido.

2002.

Veintiséis años.

Asesina a cuchillazos a una menor de quince años, devorando luego sus entrañas.

Descuartiza y quema su cuerpo junto a una vía férrea cercana a su domicilio.

Amarrando previamente a su pareja, viola a una mujer de veinticuatro años.

Viola a dos mujeres y golpea salvajemente a un niño y a la asesora del hogar.

Asalta a un taxista.

Es detenido por robo con intimidación y reducción de especies robadas.

Es puesto a disposición del Tercer Juzgado de Letras de San Bernardo.

Recluido en el penal de Puente Alto, confiesa el homicidio de la menor.

Pruebas de ADN lo vinculan, entre otros treinta sospechosos,

a la zaga de ataques y violaciones

que aterroriza a la población.

 

Se cierra el cerco.

 

el puzzle policial

 

Una colilla con la saliva del atacante

encontrada en una de las escenas del crimen.

Evidencias orgánicas

halladas en una hoja de papel,

usada por el violador para secar sus genitales,

así como en su propia camisa

abandonada antes de escapar.

El rastreo electrónico de una llamada

efectuada desde uno de los teléfonos celulares robados a las víctimas.

La similitud entre las ataduras que presentaba la menor descuartizada

y las de que se valió el autor de los ataques.

 

Las piezas de un puzzle

cuya solución permitió a la policía

la plena identificación del culpable.

 

Sin embargo, fuentes judiciales informaron a la prensa

que su captura no habría sido el resultado de las pesquisas.

 

Otra habría sido la pieza clave.

El as bajo la manga

del largo brazo de la justicia.

 

La recompensa ofrecida por su delación

en todos los presidios del país.

Dos millones de pesos en efectivo

o el indulto presidencial

como precio por su cabeza.

 

escenas del crimen

 

El reiterado asalto a residencias del Barrio Alto,

así como el rencor expresado por El Criminal en sus declaraciones,

parecen apuntar a un elemento de venganza o resentimiento social

tras la selección de las escenas del crimen.

 

En cualquier caso,

el hallazgo de un plano de Santiago,

desplegado sobre una de las paredes de su domicilio,

si bien no demuestra la existencia de un patrón definido,

hace presumir cierto grado de estudio o planificación

respecto a la localización de sus víctimas.

 

El Criminal ha preferido guardar silencio sobre el asunto

o ha relacionado este aspecto de su modus operandi

con los efectos inconscientes de la droga.

 

Nadie sabrá si sus ataques sólo fueron guiados por el azar

o por una cartografía secreta

dibujada en el interior de su mente.

 

Un mapa personal del horror

trazado de sangre y de muerte

sobre el plano de la ciudad.

 

los demonios

 

Ni siquiera sé cómo llegué hasta el Barrio Alto.

Tomé pastillas.

Fumé pasta base.

Estaba totalmente drogado.

Yo sólo iba a robar.

Miserables diez millones de pesos,

esa era mi meta.

 

Lo del niño, por ejemplo.

Hasta el auto de procesamiento

no tenía conciencia de haberlo maltratado.

O lo de las violaciones.

Más de cuarenta se juntaban en mi casa.

Hombres y mujeres.

Tremendas partusas.

Tenía sexo gratis.

Tampoco creo que haya violado sólo por causar daño.

 

Aún no me lo explico.

 

Sé que nadie tiene derecho a hacer lo que hice.

Ni yo mismo.

Pero no podía evitarlo.

 

Los escuchaba.

 

Los siete demonios.

El horrible bramido de sus voces

saturando mi cabeza.

Pidiéndome a gritos

la sangre,

el dolor,

todas esas muertes.

 

informe psiquiátrico

 

La junta médica,

integrada por cuatro facultativos del Hospital Psiquiátrico José Horwitz Barak,

luego de numerosos tests y entrevistas

realizados al reo en el lapso de los últimos tres meses,

ha llegado a la conclusión de que éste

es plenamente imputable

por los delitos de que se le acusa.

El scanner craneano

y los exámenes neurológicos

tampoco arrojaron resultados positivos

en cuanto a detectar

algún factor hereditario

que pudiese explicar su conducta criminal.

 

El informe psiquiátrico,

ordenado por el juez exclusivo que lleva la causa,

consigna el maltrato físico y el abuso sexual reiterado

a que fue sometido durante su infancia.

Estas experiencias traumáticas

lo habrían llevado a reproducir con sus víctimas

el papel del agresor.

 

Autocalificado como bisexual,

el inculpado posee, según el informe,

un coeficiente intelectual superior al promedio

y sufre de adicción a las siguientes sustancias:

cocaína

pasta base

marihuana

anfetaminas

benzodiazepinas.

 

Las once carillas del informe,

firmadas por la doctora jefe del Departamento de Psiquiatría Forense,

establecen que el reo posee una personalidad antisocial de carácter psicopático.

Ello, sin embargo, no afectaría su juicio

ni su percepción de la realidad.

 

No estaba loco,

aseguran los psiquiatras.

El Criminal sabía lo que hacía.

De nada servirán en su caso

los asilos,

la farmacopea,

los electroshocks.

 

Lo suyo es una gangrena que ha ganado todo el cuerpo,

un cáncer que ya no puede extirparse,

una piedra imposible de extraer.

 

Del libro Criminal (La Calabaza del Diablo, 2003)

 

© Jaime Pinos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2006
ISSN 1547-8114