supranatural
Mamá está ensimismada.
No responde.
La llamamos
pero permanece callada,
los ojos abiertos,
conectada
a
lo
supranatural.
La miramos en silencio.
Nosotros comprendemos.
Nosotros,
hermanos aterrados,
hijos de divorciados,
expectantes,
en una cocina
suspendida nueve pisos sobre la noche
de la calle Azcuénaga.
Los azulejos cubren las paredes
y todo lo demás.
Nos resguardan
del infinito.
Es verano,
tiempo de vacaciones,
por eso estamos levantados
un martes a las dos de la mañana
hablando.
Mamá pestañea.
Apoya el vaso de cerveza en la mesa.
Valeria, la hermana mayor,
avanza hacia ese silencio.
“¿Qué viste? Viste algo, ¿no?”, pregunta.
Mamá afirma con la cabeza.
Su cara se retuerce
como si leyera en el aire
un lenguaje que se difumina.
Su mano se cierra sobre la botella.
Catalina, la hermana del medio,
intenta negar el pánico,
se aferra inútilmente al racionalismo.
Lanza una mirada de reprobación al vaso
pero todo su cuerpo espera
las palabras
mientras la espuma amenaza cubrir la habitación
pero se detiene
al borde del vaso.
“Una gran llamarada
algo espantoso
muerte
gente
quemada
trozos
de
...
personas”,
dice mamá.
No chillamos.
Valeria pregunta “¿dónde?”.
Mamá vuelve a mirar
en el vacío.
Yo contemplé la ventana.
Un rectángulo de aluminio
con el lavadero de los vecinos
adentro,
encima de nuestras cabezas.
Un toallón colgado sobre una puerta entornada.
Los palos de las escobas
se asoman
como si estuvieran interesados
en el precipicio.
“China”, dice mamá.
Suspiramos aliviados.
Hubo más preguntas
pero la visión se había disipado.
Especulamos.
Hablamos de política internacional
Teníamos, cada uno,
11, 13, 15 y 42 años.
Cambiamos de tema.
Lo ordinario reclama su prioridad.
Las cuentas, el posible novio
de mi hermana,
los misterios familiares.
Entre las sábanas,
más tarde,
las estrellas de papel fosforescente
brillaban en el techo de mi habitación.
Había pegado cerca de 300,
un universo.
Eran importadas.
Conservé el envase,
una bolsa de plástico
con la leyenda “ Glow in the dark” en letras luminosas.
En ésa época
me gustaba quedarme dormido
imaginando que estaba acostado
sobre un asteroide.
fin de año
Faltan pocos minutos
-----------------para el año dos mil
ya me quité la ropa
y apagué todas las luces.
Me muevo por la habitación,
-------------------------a tientas,
con el rifle de aire comprimido
---------------------------entre las manos.
Mi respiración retumba en el cuarto
----------------como un animal alterado.
Las luces de los fuegos artificiales
revientan sobre las paredes.
Cambia el siglo
y cambia el milenio
-----------------------(no van a encontrarme desprevenido).
paty delivery
La carne chilla sobre la plancha de metal,
--------y nosotros
--------aturdidos por la droga y la luz rosada de los tubos
fluorescentes
--------tratamos de no perder el sentido del tiempo
--------mientras esperamos nuestro pedido
--------con la mirada recorriendo los carteles estridentes de
las ofertas
--------y las risas bajas
-----------------de los jóvenes bolivianos.
--------------------------Y cuesta creer
--------que todos esos elementos estemos compartiendo un
punto común en el espacio
-----------------y todavía no llega el mozo
--------mientras imaginamos que entra un adolescente
--------con una remera
--------que dice
--------el Papa
--------también
--------la fuma.
© Iván Moiseeff |