planet circle
Ante los ojos, la casa y su silencio
de esfera clausurada. la gravedad
del muro, el péndulo cansado.
A veces, la hendidura,
la cicatriz de un cuerpo que confina
su propia intrascendencia.
El sonido que nunca rasga el cuarto.
La cuenca o la hemorragia en la que orbita
el lejano temblor de las ciudades.
les noces barbares
Habitación naranja. Las dos sombras
se arrastran y se muerden. Con la sangre
se enfrentan con la sangre. Todo
es azul, verde, naranja, verde. Todo
y el nocturno terror de conocerse.
como comer arcilla
A medias, sin hacer, la noche pende del hilo del silencio. Deja estancado el día las derrotas, conquistas desoladas para orillar el frío. Si es que supone el grito una victoria, abre las manos cielo a este lugar cansado donde muere el destino, extiende el horizonte, porque no hay transparencia ni paisaje. Si el hambre es galardón hacia los márgenes, apetito rendido y suficiente donde se cierra el verbo y cae el huso, vuelve a tu madriguera, deja la oscuridad a la deriva, vuelve para buscar la hora de nadie, pregúntate a quién obliga el celo, quién cerca tu desgana, quién cubre tu apatía, quién sueña con tu sueño.
Como el que come arcilla, pan y barro
umbilical
Estación transparente resuelta en luz y herida.
Lento espacio sin voz
abriéndose a la tierra.
Canción hasta el dolor, sueño de cal:
ardiendo,
qué hilo no nos separa de la nada.
en
Como si dos espejos se enfrentaran
una trenza de nada unió las dos ciudades.
Su oscuridad ilumina también este costado
donde alcanza el paisaje su horizonte.
A la orilla se acercan los dioses y los pájaros.
géiser
Moviéndose la luz en este cuarto
que insiste en su corriente extraordinaria.
Constante catarata que disuelve
su esbozo entre los ojos para abrirlos
a las calles mojadas por la lluvia.
© Ana Gorría |