«LA MARCHA DE 150.000.000» —parte 1ª: ¨El Saqueo"—
fragm. XI
01 Soy altura de perro.
02 Naceré en los instantes de cada luz volcada.
03 Mis nombres me los dieron el libro la bala la
guerrilla.
04 Tuve amigos.
05 Los huesos se apagarán con una voz tranquila
una voz prestada.
06 A lo lejos mis ojos se derrumban tras el humo
de los tanques.
07 No sé si respirar.
08 Extrajeron las algas los caminos tus clavículas
de estaño.
09 Extrajeron los gatos sus agujas de trampas policiales.
10 Sacaron los esófagos extirparon las camisas
de su dueño.
11 No hubo ruido.
12 Soy altura de niño enloqueciendo todas
estas tumbas.
13 Otra vez naciendo muerto en las matanzas de
la boca.
14 No sé si respirar.
15 Hablaron como bucles en el plomo.
16 Hablaron cómo tengo que plantar un árbol
nuevo.
17 Hablaron como si-has de respirar?
18 Soy la altura de un pueblo perseguido.
19 Naciendo a cada instante de una bala muerta.
20 He de ensuciar los patios los cuchillos los
pozos ciegos.
21 Entierran a los hombres con un pañal
de frío.
22 Algunas detenciones te incomodan.
23 Ruptura entre la sangre de las tardes tranquilas.
24 Quiero morder las averiguaciones.
25 Quiero levantar el mirto abierto.
26 Estas zonas ilegales.
27 Estas llagas.
28 No sé si respirar.
29 Poseeré todas las hojas las escuelas
los fusiles.
30 Cuando ya me hayan convertido.
31 Repleto de estaciones y cuartillas estúpidas.
32 Cada lenguaje castiga las bocas.
33 He de poseerme refugio y estanques en flor.
34 He de levantar todas las ventanas.
35 He de conseguirte menta barricada pájaro
y estampida.
36 A los voluntarios que dejaron la noche.
37 Al heno, al último peligro en los portales.
38 Soy el primer hombre en haberte avistado.
39 Altura de las lenguas en las masacres públicas
radiadas.
40 Poseo todo lo advertido las canciones.
41 Naceré de las conchas que volcaron tu
hambre.
42 A los sucios epitafios de la zona prohibida.
43 A tu nuca de aguaceros detenciones perfectas.
44 A tus ojos descritos en las cartas oficiales.
45 Soy amargo como un niño tremendo.
46 Yo no sé si respirar.
47 Un perro que baja entre el suicidio del agua.
48 Mis dedos despelados por el nervio de la sangre.
49 Y, sí, yo te he visto desde antes de
nacer.
50 Besabas clavícula meseta funda de los
muros.
51 Que te bebiste la muerte sobre el árbol
del madero.
52 Todo lo que no pude contra el olivo.
53 O para ti, —ruedo a rabias de Revolución.
54 En los dedales de su puño hambriento.
55 A la espera de otra soledad.
56 Yo no sé si respirarte-decirte tierra, “aliento” .
57 Con mis labios atravieso la historia niña
de los desposeídos.
58 Diminuto como un pretexto blanco.
59 Quiero pasarte por encima - por debajo toda
tu sed.
60 Quiero penetrar tu vientre hendido.
61 Yo no sé si respirar.
62 Una altura de mujeres dislocadas.
63 Por los campos rojos de las revueltas yo camino.
64 (Sólo las grietas que fusilan los caminos).
65 Solas las cenizas, arrasadas, todas marcha,
liquen-boca, —y nevisca.
66 Yo no sé si respirar.
67 Como tú: loco y calentura.
68 Soy el primer hombre en decirte hermano.
(De La marcha de 150.000.000)
protección de testigos
«La conciencia de que esta ecuación era
posible: dolor que finalmente deviene rabia. La conciencia
de que esta ecuación era aplicable a todo o casi
todo».
(Roberto Bolaño: 2666)
Poco deben importarle
la disolución del pentotal en los días de
trabajo
y la lenta inhalación de estrellas por su espalda.
Le pagaron por callarse
la dirección de las palomas, el remite en las postales
certificadas de tan lejos, la piel de una mujer
que él no ha visto y no ha besado,
–el corazón de los inviernos–,
las sedes comunistas, su necesidad de ir ardiendo
por una extremidad de la cara.
Toca apenas con los dedos
nuestro inútil portal, y la luz de todos los aullidos
que pincelan la tarde, por encima
de muertos y estaciones,
a un paso sólo del domingo
vuelve a casa, toma de su llave
se maquilla una lágrima con cuchillas de afeitar.
(De Amonal y otros poemas)
«LA MARCHA DE 150.000.000»
—parte 2ª: ¨Los Otros Pobladores"—
fragm. XI
Dos minutos antes de la creación del fuego
cuando se hablan solas las lluvias del bosque y porque
lo peor resulta ser la canción de los ojos en el
taller de los chillidos
entonces el hombre, ob-
jetivamente el hombre, mira tu cabello
y en la fábrica Lucasan, de Guatemala, las trabajadoras
son puestas en fila
y golpeadas en el vientre cada 15 días para detectar
los embarazos motivo
[luego de su expulsión, donde
se deduce tu manera de quedarte muda
tu indignación color azul por creerte fértil
clavícula cansada en las quijadas de este pedazo
de mundo
donde nadie va a quererte
donde nada
—allá donde se enferma y mata—
va a quererte en el saqueo de la boca, la impaciencia de
tus vulvas
por alzarte entera
por llamarte hermana
por cansarte siempre.
Desde el último acuerdo firmado, las empresas químicas
norteamericanas
[cuyos vertidos industriales
debían ser tratados con métodos costosos en
la propia región
son instaladas en México y directamente vertidos
sus contaminantes en los ríos de Motamaros
directamente vertidos en tu espera
porque no alcanzaste la edad de los aullidos
porque no
les dejaste el vientre, la espiral de tus caricias, el árbol
solo
de tu cuerpo fronterizo dos metros antes de la creación
del fuego, sólo antes
del resultado estadístico oficial de 80
nacimientos con descerebración localizada por gases
tóxicos
y luego sólo es verte
tan luego arrinconar tu mano hendida
y contar con ingeniería sueca el número de
abortos,
dos kilocalorías antes de la creación del
fuego y del DBCP
antes que se extinga el miedo
antes que se extinga el odio
antes que se extinga el nombre
más allá de las políticas de subvención
en renta y te digan
que en la región de César se les niega el
agua potable a los temporeros
y que los braceros se ven obligados a lavarse en ríos
o lagunas
donde se aplica la solución de los antiparasitarios,
en la hora del fuego y la hora de-no-quererte,
de no poner tu nombre en este lado del suelo
este otro lado del suelo
el rincón de las orugas donde todo cabe en él
salvo tu espera
donde aguantas la espera
donde sólo hay espera
a dos toneladas de la creación del fuego
y de la compra de plantaciones por parte de la Provident
Tree Farms Inc.
y las mujeres que no entienden inglés y no saben
no lo saben
que no deben quedarse embarazadas
que no puede más tu próxima espera
que en poco más se quedará tu vientre mudo.
Dos minutos antes de la creación del fuego eres tú toda
su nieve
y miga aplastada en los bordes de la oruga,
a la diestra del brazo
donde cabe el miedo y tu sitio en la marcha, la
marcha de 150
mil millones al año,
en concepto (tan sólo)
de devolución.
(De La marcha de 150.000.000)
[Parasceve]
/antes de sí lo dices ‘cuchas el sonido
y amo la estampida del cristal sobre la niebla
por lo demás oh tomad mis venas mis
ojos de ciervo pobre con dee con laiimá
helecho en cruz mis clavículas, abanico en rojo de
los cuerpos
donde todo ‘scucha el camino de los ataúdes y
hasta dónde aguantaremos sí el (sí)
gri-
to hasta dónde desnuda el Arponero el parque de las
aceitunas
o cráneos de gorrión bajo los brazos
o nieve de amor cuando tú llegas
o facciones de amor hasta el incendio
otra cosa que esta tierra o nadie o
el agua
es —nadie/
(De AUTT)
«LA MARCHA DE 150.000.000»
—parte 4ª: ¨Canción de E"—
fragm. XIV
Ya no quiero descender por tu patria
ni saltar de dos en dos escalera abajo
por delante la luz
desabre las puertas hasta merecer sus astillas
de caliza rota y nieve aguardándote:
ya no quiero entregarte mi patria.
Recuesta entonces esta tierra de trapo
a buscarse entonces la luz y las camisas,
asciende a tus tumbas de salón idiota,
ya no quiero dispararte a la cabeza
ni bajar al sobresótano
a comprarte la mentira la risa la escafandra.
Ya no puedo decirte aullido
ni reclamar derecho a tus incendios
dulces y manchados como un niño largo.
Desde luego entonces
voy a privarte de las cosas
que se han roto y se desprenden
de tu modo de plantarte ante la casa
y ocupar sus chimeneas y a vivir en sus rincones.
Ya no puedo acoger a tus hermanos
(los que aquí murieron
te abrieran la lengua con su pan encendido).
Deberías salir por tanto de mis dedos lentamente
renunciar a tus enigmas y partir muy pronto:
ya no puedo recoger tu bandera
y guardarla en el cajón-de-meter-los-miedos—;
podría (desde luego)
olvidar tu asco pobre y de mentira
a tu pizca de amistad hecha masacre
y a razón de cinco balas por segundo
colocarte en tus agujeros y traerte más bufandas.
Ya no tengo intención de cuadrarte más las
cuentas
ni salir por consiguiente con tu niño muerto
a estrujarte en las palabras o a posarme nuevamente
en tu puzzle de conquistas. No reparo en tu derecho
a intervenir sin sal en las partes del mundo
donde se juega a otras mentiras y se mata otras palabras.
Desde luego, que no cuentes ya conmigo
ni aparezcas en las fiestas del Ashura en Muharram:
para desquiciar las puertas y abatirlas sobre el miedo
bastan tus aullidos y tu sangre ronca.
Al final de la tarde
no podrás descender a mi casa
ni danzar por más tiempo por los codos del cuarto.
Ni podrás desvestir a las muñecas
ni podrás esconderte más del lobo
no podrás atiborrarte de tiza—
son otros mis amigos y no hay tiempo
ya casi no hay tiempo
no sobran ni dos balas más de tiempo
en vomitar tu nombre Europa, aullido,
tras el cementerio blanco.
(De La marcha de 150.000.000)
rodeado de imbéciles en el centro público
Y desde luego cercado
en la misma inexacta raíz de los insectos
con que divide el mundo
hasta hacerlo estallar.
En una orfandad de cosas que apenas se mueven
y se tocan despacio
pliegan el sudario de la araña coja,
la de las llaves tibias,
su otra vez de esponja a niña muerta
casi en espiral.
Soy la matanza de las cien cabezas
y luego escribe, braman
la voz del centinela y el ojo del leopardo.
Gesticula el presupuesto
de un torpe estallido,
su imponente
canal de panamá;
desde luego cercado en cada avenida
de su encanto a niño roto
apenas ya me resta
despertarle el rehén:
cerrando con insectos la vagina del mundo.
(De Amonal y otros poemas)
«LA MARCHA DE 150.000.000»
—parte 4ª: ¨Canción de E"—
fragm. II
Quebrándose en la herida cerrada en el fondo del
cielo, Saint-Pierre ,
sobrevive Ludger Sylbaris
del que apenas hay postales ni consta que pudiera haber
nacido
antes de la escupida incandescente de todas las montañas:
el único preso de la ciudad de Saint-Pierre
se mira las manos impacientes de espuma,
voltea las nubes y las vuelve añicos
para luego entregarse a la piel de las tormentas.
La gran blasfemia
fue haberse salvado y saludar con los dedos
sobre el vientre torcido de los 28.000 hombres,
preguntarles la hora y mirar hacia la nube,
menear la cabeza como en una alucinada pose de muerto.
Las paredes aguantaron a la montaña rompiéndose
y haciéndose pedazos en un último bostezo,
pero no aguantó la mirada, ni el olvido de entonces
en que él era un crío llamándose Sylbaris:
destrozaba su mundo y perdía a las cartas.
El único preso de la ciudad de Saint-Pierre, calcinada
de hoy para siempre,
caerá bajo las balas en el frente de Teruel,
no saldrá en las tv's a causa de ser serbias sus
miradas
—o nada sus canciones—,
reensayará su risa resistiendo por la tierra
después en Palestina.
Pero aún no ha llegado para él su futuro
y en nada, desde luego, su resurrección postrera
y por palpar,
de olor a menta y bucle en sus caderas:
Sylbaris se mira las manos y olisquea a Sylbaris
un sólo siglo antes de las bombas en Freetown,
en el único minuto en la montaña que rompió sus
dos mitades
para mirarle la pena, a Sylbaris (frente a frente), los
ojos.
SÓLO SE SALVA EL CONDENADO
y se vuelca de alacranes en todas las estrellas.
Llevaría él la venganza.
El único preso de la ciudad de Saint-Pierre
apenas se fuma el dolor que le queda:
incendiado de olores que le vienen de lejos,
recuerda noticias y avisos de más tarde,
llenándose de cosas que todavía podrán
ocurrirle:
cuando él mismo se llame Roque Dalton
y otras paredes de cárcel —de puro derrumbadas—,
le pongan las tetas del mundo a sus pies.
{ Dal
ton amueblado de cabezas por sus tres costados de alacrán,
externo a las palabras y cal en la guerrilla,
Ro-
que Dalton-Sylbaris-del-revés
no ve las cigüeñas, sus agujeros de trapo–
la muerte se le acerca a besarle de niño
y no ve las tormentas.
Ciego de Sylbaris, lud-
geroquedalton,
de pie con tres manzanas
desafía el cantador:
¿Para qué debe servir
la poesía revolucionaria?
¿Para hacer poetas
o para hacer la revolución?
}
Según la calculada
ley de las canciones,
sobrevive Sylbaris
del que no hay reprografías ni constan sus desastres
de niño lobo escupiendo a las montañas
antes de estallar:
el único preso de la ciudad de Saint-Pierre
disloca sus heridas,
rodea a las nubes para después saquearlas
y sacar de todas ellas el ojo de las víctimas.
La gran blasfemia, la de haberse salvado,
saludó con los dedos la saliva del mundo,
nueve décadas apenas tras la pérdida de E.
Caída de esta forma la ciudad
— SÓLO SE SALVA EL CONDENADO —,
no aguantó la mirada ni su pose de muerto:
Ludger Sylbaris, de pie frente a la cárcel,
se mira las manos y olisquea a Sylbaris,
se dobla interminable
la piel de las tormentas
nos abre los ojos con un puñal de ruido
en los ojos nosotros
evadiendo la memoria
de sus ojos con asco
se cose a Palestina con un collar de arena
y después a las trein-
ta y cuatro mil cabezas hundidas en Teruel
no aguanta su deriva
ni el olvido de entonces
en que Roque Dalton amorrándose a una flauta
i) resistía por la tierra,
ii) despertaba a los insectos,
iii) escapando de prisión.
(De La marcha de 150.000.000)
© Enrique Falcón |