Pedro Paramo

Rulfo

 La Muralla China:  Cuentos, relatos, y otros escritos

Kafka

El Libro de Los Seres Imaginarios

Borges

 

Incertidumbre
Salvador Luis

 

Desde que ella llegó a este hostal de mala muerte ha intentado dormir, ha extendido sus redes en pos del sueño, pero el sueño, precisamente en esta noche, es escurridizo, muy ágil.

Hace sólo unos cuantos días, ella se veía en un cuadro muy similar a este, y en ese cuadro también estaba él, la única diferencia era que en aquella invención ella era quien descansaba apaciblemente y él quien la observaba dormir; no obstante, todo lo demás era igual: había una habitación, una cama matrimonial, y también dos cuerpos.

De pronto, ella siente un viento helado y advierte que la ventana está abierta de par en par. Quién demonios la habrá abierto no recuerdo haberlo hecho y sé que Leo tampoco lo hizo porque apenas entró en el cuarto se dedicó a otras cosas puso la bolsa sobre esa silla enclenque y luego se dejó vencer aquí en la cama a mi lado pero en ese momento yo no estaba a su lado yo estaba parada en medio de la habitación con la corona en mi mano derecha mirándolo todo mirándolo a él deshacerse de la bolsa observando cómo se dejaba caer sobre nuestra cama la única cama que tenemos esta cama que llamo nuestra y que no es nuestra pero sí es nuestra al fin y al cabo al menos por unas cuantas horas mientras permanezcamos aquí en este hotel que nos recomendó esa mendiga en este cuarto sucio que hemos rentado para pasar la noche porque aquí sólo pasaremos la noche luego mañana volveremos a correr

Ella se levanta cuidadosamente. Se acerca a la ventana que permanece abierta y se acomoda en el alféizar. Hace frío pero no es esta noche la noche fría son todas las noches juntas no he dejado de sentir frío desde que partimos desde que dejamos aquel infierno que nos cobijaba ese infierno que nos busca y que no descansará hasta acorralarnos nuevamente por qué es éste nuestro destino y no otro por qué debemos huir por qué no nos dejan en paz ayer debía ser el día más feliz de mi vida y en cambio mi vida se ha convertido en una fuga ayer me casé con un hombre bueno que prometió amarme y respetarme hasta que se acabara el mundo con un hombre que jamás me hizo daño yo no tenía por qué maltratarlo yo no tenía por qué pero aun así estaba obligada a hacerlo jamás he amado de esta manera jamás he sido esclava de alguien como soy de Leonardo

En ese instante ella baja la cabeza y suspira. Le viene a la mente la fotografía de una señora y su hijo. No la quiere ver, agita su cabeza. Mañana tengo que tirar ese traje blanco y esa corona ya no puedo seguir cargando mierda conmigo

Entonces, vuelve a entrar en el cuarto y cierra la ventana, se recuesta. Apenas amanezca le diré a Leonardo que consiga un revólver y no me importa si me llama loca

Después, estira el brazo, sondea con cuidado debajo del colchón. Ella trata de probarse que la pañoleta aún está en su lugar, una vez, dos veces, que la navaja no ha sido libertada de su celda.

© 2002 Salvador Luis

 

 

 

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