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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2006
ISSN 1547-8114

 

 

EL DEMONIO DE LA BOTELLA

 

A diferencia de lo que muchos creen, Robert Louis Stevenson no basó su historia sobre este demonio en la simple fascinación que le produjo una fábula caribeña. De hecho, según testimonios, encontrados recientemente en uno de los archivos de la biblioteca de Samoa, escritos por puño y letra del autor, atestiguan que Stevenson poseía un demonio cautivo dentro de una botella.

En este documento, escrito a manera de carta, pero cuyo destinatario desconocemos, he encontrado lo que a continuación reproduzco sólo con el ánimo que da el compartir un hallazgo que tiene más valor de rara curiosidad que de literario:

 

18 de marzo de 1889

Estimado . . . . . . . . ,

 

Esta será la única carta sobre el tema que me atreveré a enviarte. Confío en que serás reservado con lo que ahora te he de revelar: Soy el obsequioso dueño de un demonio que vive dentro de una botella. Que es al mismo tiempo sombras y claridad. Que asemeja a nudos escarlatas y violáceos desenvolviéndose cansinamente. Que a diferencia del diablo de mi historia, éste no cumple deseos sino que se abstiene de cualquier acción que no sea la de engullirse y desengullirse, hasta volver a su apariencia inicial y vuelta a comenzar todo de nuevo.

Te preguntarás entonces, qué caso tiene el de ser propietario de algo que aunque insólito, no tiene mayor valor que el de la observación (tanto tú como yo sabemos que jamás intentaríamos lucrar con algo que pertenece al reino de lo desconocido, y por supuesto nuestros conocimientos sobre ciencia no son tan vastos como para llevar a cabo una investigación profunda). Pero es aquí donde está su verdadero valor. Me explico: encuentro a su estado de aparente indiferencia un centenar de veces más aterrador que si observara en él, no sólo movimientos, sino intenciones malignas. Espero me sigas. Cuando un ser o una fuerza desconocida hace lo que generalmente hace, es posible, con atenta y aguda observación, componer un esquema de su comportamiento. Se vuelve más predecible ante nuestros ojos; con el tiempo podremos anticipar sus movimientos y dilucidar por qué actúa de tal o cual forma y hasta llegaremos a descubrir sus puntos vulnerables. Pero un enemigo que no muestra nada, que aguarda en silencio, nos desconcierta. No lograremos saber en qué piensa ni cuándo despertará de ese letargo y con qué armas atacará. Nos mantiene en un estado de zozobra continua; así, la batalla emocional ya la tiene ganada.

Por mi parte, he intentado todo para sacar al demonio de su indiferencia líquida sin conseguirlo. He golpeado su botella con diversos objetos de acero, cristal, plata y madera santa. Lo he iluminado con potentes luces por doce horas sin conseguir cambio alguno; he sumergido la botella tanto en agua hirviendo como en agua fría. También he orado y colocado la Biblia a un lado de él y rociado su botella con agua bendita. Nada. Tampoco responde a ningún estímulo olfativo, musical o cualquier otro que tú y yo conozcamos. Su indiferencia hacia nosotros es total, y no dejo de sentir admiración por la manera en que nos evade y del mismo modo se integra a nosotros. Es por eso, y bajo las circunstancias antes descritas, que he decidido deshacerme cuanto antes de la botella y su abominable contenido. Lo haré enterrándola muy profundo o quizá (el sentido común me aconseja que es lo mejor) arrojándola al fondo del océano para liberarme y librar al mundo de él. Ahora, amigo, sé lo que debes estar pensando: ¿Cómo sé yo, bajo los argumentos nombrados, que lo que está dentro de la botella es un demonio?

Verás, hay algo que aún no te he contado: A veces, por las tardes, después de terminar mi cátedra, me siento a observar lo que a mí me parece el eterno girar del demonio, y entonces, mirándolo, de pronto le encuentro parecido con alguien que conozco o conocí en algún momento de mi vida. Poco después me entero que esa persona murió de forma violenta.

Quizá sucede que el demonio altera mi sentido de presque-vu: el sentimiento de algo que no ha sucedido pero que sucederá. De hecho, esto es lo que me ha impulsado a escribirte. Hoy, al estar mirando profundamente al demonio de la botella, de la nada tu rostro se apareció en mis pensamientos, y como hace tiempo no sabía nada de ti he decidido redactarte esta carta. ¿Verdad que son extrañas las coincidencias, querido amigo?

Queda de ti, afectuosamente,

Robert Louis Stevenson

 

© Carlos Bustos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Bustos | México, 1968 | Escritor y Editor de Ediciones del Plenilunio. Ha publicado, entre otros: La Música del Baile de los Gigantes, Árbol de Lunas, Antología de Cuento Fantástico. Obtuvo el 1er. lugar en el VIII Premio Nacional de Novela Jorge Ibarguengoitia, 2005 y 1er. lugar Premio Nacional de Cuento Corto Agustín Monsreal, 2005. Es director del Premio Acento de Cuento Breve 2006, con el apoyo de La Feria Internacional del Libro, y director del Pabellón de Literatura del Festival de Arte Contemporáneo.