I
Deja que las moscas entren deja que coman mis demonios deja
que las moscas sacudan su polvo infecto deja que las moscas
naveguen y se derritan en un esplendor de espíritus
que esta pieza ya está llena de espíritus deja
que las moscas entren el desafío es posarse en mi
mierda y salir mariposas azules brillantes eternas como todo
lo que tengo en esta cosa lo llaman corazón yo lo
llamo cosa no importa sigue siendo el mismo vacío
perpetuo deja que las moscas bailen con mi sombría
y se apesten de la peste de mi sombría deja hombre
que las moscas mueran antes que yo yo quiero velarlas y tú me
traes flores después. Blancas.
XVIII Hay olores que son volutas de carne húmeda un estigma
en la entrepierna y pienso en que las flores son el invento
más cacofónico de dios me alejo de mis antiguas
metáforas de inocencia he conocido los espíritus
de la demencia y un sistema de palabras que no son mías
he abandonado el calor de las utopías ahora soy un
desastre de versos inservibles la máquina es ahora
una máquina sin rodamientos pura y simple atrocidad
de letras frío frío como las mantis vómito
de hielo y sé que no puedo.
XIX
Quisiera saber por qué buscas estas piernas llenas
de arañas por qué insistes en alimentarlas
ellas crecen juegan en mis piernas a veces vuelan hasta mis
ojos y siembran en silencio sus telas yo te miro con estos
ojos llenos de telas y tú insistes en sacudir mis
canas y dejarme bella y sonámbula como a ti te gusta
cuelgas tu sangre de las paredes y elevas promesas eternas
a mis arañas besas mi frente reseca me imaginas en
el aire de las mariposas amarillas hay un olor profundo yo
me tapo las narices no quiero oír tu olor profundo
buscas mis arañas te dan pena y sonríes sin
cansarte yo no puedo quererte así tengo la boca rebalsada
de otros besos son una seria peste que me ataca tú no
sospechas que mis piernas tiemblan para otros besos ni siquiera
yo.
XXII
Siento un sueño melancólico un sueño
a pedazos estornudo y soy gaviota nosotros estamos equivocados
es un equívoco exquisito duele la cabeza los músculos
son leche condensada quiero abrirme como nuez sobre tu espalda
con mis obsesiones retorcerme bajo tu sombra como caracol
en sal despedazarme hasta que me veas el hueso trato de sacarte
sangre trato de que te asquees de mis arañas soy un
pequeño engendro fétido ando con el sabor de
los perros en el cuerpo tengo lágrimas podridas entre
los dientes y tú no crees.
XXVII
La muchedumbre
que tú y
yo envidiamos a morir de muerte
Yuri Pérez
Y si no fuera esta fría noche de ladridos, y si no
fuera el humito discordante del cigarro, si no fueran las
oscuridades de los astros, yo caminaría con la pena
de tus huesos sobre mis huesos, caminaría metafórica
y celeste, con todos los cementerios a cuestas que me llevan
a tus berrinches. Estamos incómodos y helados, hay árboles
sin nombre que seducen nuestra carne llena de terrores. Entonces,
me equivoco al lamer tu cuello adulto y se me quedan tus
olores de poeta fusilado en los pliegues de la lengua. Me
voy en otro carruaje iluminado, llego a casa y el rostro
se me pone reseco, saludo como si trajese en los ojos las
actitudes indecentes y me acurruco en el cuarto de Nos a
contar los besos que todavía me florecen en las manos.
Nadie sabe que estoy como las princesas prohibidas, nadie
sabe que ando con el alma a dos manos, nadie sabe que ya
no soy, porque entre las veredas de la primavera somos. Y
si no fuera la peligrosidad de la muchedumbre, estaríamos
al pie de los ciruelos en flor escribiendo poemillas dulzones
y húmedos, estaríamos repartiendo pasos por
las mismas calles, sin atavíos silenciosos y culpables.
Pero la historia es un texto insalobre y doloroso, como los
eucaliptos abandonados. No hay camas cristalizadas con nuestras
lágrimas de furia, no hay cobijo de sábanas
limpias, no hay permiso de volvernos intoxicados. Las horas
avanzan en un letargo de polillas y creo que ya no tengo
flores blancas que darte.
Textos inéditos de Ático,
en preparación
© Úrsula Starke |