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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

planeta de poliuretano

 

¿Cómo llenarte, soledad, sino contigo misma?

Luis Cernuda

 

Hemos cambiado los cafés con leche

por el fuet y el jamón en la nevera,

por húmedos estropajos solitarios

por ropa puesta al sol en la ventana.

Cambiamos el bullicio de los bares

por el eco de cuartos aún vacíos,

por el olor a pintura, a muebles nuevos.

Por polvo derramándose despacio.

Cambiamos el arrebato en descampados

por cómodos somieres de diseño

por tele en el dormitorio, por semillas

en las macetas rojas de la calle.

Cambiamos el no vernos por el vernos

en la mañana oscura tras la ducha.

Mientras tú duermes yo me visto

y zarpo casi en cueros ahí afuera.

Olvidamos las noches de butacas

de cines con olor a palomitas

por teleseries con sabor a pepinillo

y películas en modernos deuvedés.

Dejamos de citarnos en el parque

para acabar viéndonos cada atardecer

empujando un carrito de la compra

entre estanterías repletas de lechugas.

Perdimos las carantoñas en el coche

por abrazos soñolientos en pijama

que ya no queman pero aún calientan

y apaciguan la batalla de los días.

¿Hemos ganado algo? Me preguntas

mientras persigues las pelusas

con tu arsenal de escobas y de trapos

y con el mango del aspirador.

Aún no sé si hemos ganado

o si seguimos jugando cada viernes

a comprar el cupón por si nos toca

el premio gordo de la convivencia.

Por cierto, ¿te has fijado que, además

de pudrirse la cebolla en la nevera,

ha anidado una familia de gorriones

en la cestita verde de las pinzas?

Parece que a pesar del eco del pasillo,

de las escobas, del arroz con leche azucarado,

de la lejía, de los estropajos,

a pesar de ti, a pesar de mí,

hay algo con vida en este planeta.

 

milagro

 

Nunca multipliqué el pan y los peces,

ni caminé sin hundirme sobre lago alguno,

tampoco he convertido el agua en vino,

ni he curado la lepra a los mendigos.

No he sido presidenta de ninguna nación

ni druida en ninguna tribu celta,

ni maharaní de Kapurtala o reina de copas,

ni he sido estrella de Jazz cerca del puerto.

En cambio he hecho otro milagro

que, por cotidiano, no es menos importante

que los que salen reflejados

en los libros sagrados o en los de historia:

he comulgado con ruedas de molino,

me he tomado la sopa con ondas

y me la dieron mil veces con queso.

Pero a pesar de tanto plato indigesto

que trataba de enfermarme

he llegado a hacer, después de todo,

de las tripas, corazón.

 

cuando menos te lo esperas

 

Hiciera lo que hiciera

todo lo hacía mal.

Todas las discusiones

eran por mi culpa.

Comprendo

que la mejor compañera

de un cafre

es alguien sin voz ni voto,

que nunca lleve la contraria,

ni proteste, ni pida.

Una especie de perrito

-que me disculpen los canes-

siempre dispuesto a llevar

las pantuflas a su dueño.

O como esos otros chuchos,

que venden en tiendas chinas,

y ponen en las bandejas

traseras de los coches

para que con el vaivén

muevan la cabecita

hasta que se descoyunten

de tanto asentir.

Así debería haber sido:

una muñequita callada,

graciosa con los pocos

amigos que tenías,

amable con tu familia,

comprensiva con tus vicios,

ciega con tus mentiras,

muda con tus ademanes.

Pero te salí rana

y una mañana de viernes,

cuando menos lo esperabas

-fui cruel, lo sé-,

te dejé tirado

en el Bulevar de Avenida de la Paz

exigiéndote que no me dieras

ni un breve beso de despedida.

El domingo al mediodía

volví a verte sentado

allí donde te dejé

hace más de cinco años.

Una chica discutía contigo

mientras la ignorabas

con gesto de fastidio,

y los brazos cruzados.

Te miré con media sonrisa

y pensé en que mi madre

siempre acierta cuando dice

que hay ojos que,

algunas veces,

se enamoran de legañas.

 

en noches como ésta

 

En noches como ésta,

de café cortado en restaurante chino,

de cena con amigos,

de tormenta de otoño,

de insomnio creativo,

madrugada de jueves;

en noches como ésta

intento parir un poema,

poner un huevo magnífico,

incubarlo y, con el tiempo,

ver a mis propias palabras

eclosionando,

abriéndose camino

humedeciendo la cáscara

que las envuelve

y caminando sin mí.

 

En estas noches

una lo recuerda todo

y quiere anotarlo en tinta

como si se tratase

de una enorme fotografía panorámica

llena de rostros, sitios,

peinados anticuados,

niños con granos, pizarras,

abuelos, bicicletas,

música sonando al derecho,

al revés, rayando el viento

como la de un carrusel en la feria.

 

Esta noche soy

la guardiana del infinito

y vigilo por la ventana

que todo siga en orden,

que el perro del vecino

se acurruque y descanse

y no ladre

a esa rana que pasa

asustada a su lado.

Se oye la alarma lejana

de un coche

reclamando la atención de su dueño,

las gotas cayendo

en el charco del balcón

y él, ajeno al mundo,

durmiendo a mi lado

mientras me da, sin saberlo,

la paz que me falta

en noches como ésta.

 

Y el café fluyendo por mis venas,

transformándome lúcidamente

en un espíritu insomne.

 

He recordado a José Hierro

mientras me firmaba un libro

cuatro meses antes de morir.

No sé por qué pienso en él

ahora que estoy pariendo

estos versos.

 

Esta noche soy la madre muerta

de estas palabras huérfanas

que nacieron sin comadrona,

sin testigos ni anestesia

a finales de verano

o, tal vez, de otoño,

en una noche idéntica

a ésta en la que velas.

 

© Sonia Sanromán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sonia Sanromán | España, 1976 | Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Rioja. Ha publicado en antologías: Cosas de niño, Cuentos por encargo, Una palabra en la recámara, La otra voz, poesía femenina en La Rioja 1982-2005, La verdadera historia de los hombres y Hablando en plata, antología de 17 poetas españoles. Es autora del poemario De tripas, corazón (Logroño, 2004). Durante este año tiene previsto publicar su segundo libro titulado Planeta de Poliuretano con la editorial Crecida (Huelva).