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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

POSTFACIO A ELLAS

 

Me causa gracia el primero de mis prólogos, me atrapa sobremanera el segundo, y éste –que en realidad es un postfacio- me ubica a mitad de camino. Hoy cuento con mis dedos los tres años de Ellas, y observo que desde un lado de la soga existe una simetría que corresponde a la del otro: esta es la última, pero también la primera vez.

Después de meditar un poco acerca de lo que deseo hacer en el futuro, hablando, naturalmente, del futuro de esta revista, me doy cuenta de que, luego de tres años, Ellas ha ido y venido como si formase parte de un imperecedero ciclo del agua. Poniéndolo en términos biológicos, pienso que en cierta forma hemos vuelto a la matriz: a un punto de gestación primigenio. Pero prefiriendo un desvío metafísico, más allegado a mis contradicciones y a mis máscaras, diré que en un plano infinito el tiempo es el mismo, no existe el ayer ni el hoy ni el mañana, y que por lo tanto jamás dejamos de ser. Ellas, entonces, siempre son ellas:

He intentado cuidar de estas tres ediciones como si fueran la hija que siempre he imaginado anunciándome a un novio que no termina de conquistarme. Pero más allá de lo tragicómico, y de las niñas que de todas formas se toparán con un espantapájaros censurable, me satisface que esta revista haya servido de nexo entre ellas y nosotros. Pienso que todas nos han instruido en algo nuevo, idas y vueltas, ruedas y cubos. Hoy, desde luego, somos más sabios.

Esta última vez debo darles las gracias a Eva Vaz, Rocío Silva Santisteban, Andrea Jeftanovic, Eunice Shade, Ana Gorría y a Tryno Maldonado, porque sugirieron y ayudaron a completar esta edición de Ellas. Tampoco puedo omitir a Rebeca Yanke, que nos ha regalado un momento de sus ojos –los ojos que cuidan de este número–. Ella es una gran amiga y no precisamente una modelo, aunque en ocasiones pienso que sus ojos sí lo son.

Cuando todo esto empezó nadie me pidió que lo hiciera, ni que lo repitiese tres veces. En mi opinión, esta no fue más que una forma de presentarlas y leerlas. Creo que lo deslicé aquella primera vez: Ellas simplemente escriben, y mi única intención –ya que siempre hay una entre líneas en todo lo que anotamos– no ha sido otra que distinguir la belleza que las hace originales, sean ellas parcas o toscas, en ocasiones unas murallas, y las mieles más dulces.

Salvador Luis
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