
POSTFACIO A ELLAS
Me causa
gracia el primero de mis prólogos, me atrapa
sobremanera el segundo, y éste –que en realidad es
un postfacio- me ubica a mitad de camino. Hoy cuento con
mis dedos los tres años de Ellas, y observo que desde
un lado de la soga existe una simetría que corresponde
a la del otro: esta es la última, pero también
la primera vez.
Después de meditar
un poco acerca de lo que deseo hacer en el futuro, hablando,
naturalmente, del futuro de esta revista, me doy cuenta de
que, luego de tres años,
Ellas ha ido y venido como si formase parte de un imperecedero
ciclo del agua. Poniéndolo en términos biológicos,
pienso que en cierta forma hemos vuelto a la matriz: a un
punto de gestación primigenio. Pero prefiriendo un
desvío metafísico, más allegado a mis
contradicciones y a mis máscaras, diré que
en un plano infinito el tiempo es el mismo, no existe el
ayer ni el hoy ni el mañana, y que por lo tanto jamás
dejamos de ser. Ellas, entonces, siempre son ellas:


He intentado cuidar de estas
tres ediciones como si fueran la hija que siempre he imaginado
anunciándome a un
novio que no termina de conquistarme. Pero más allá de
lo tragicómico, y de las niñas que de todas
formas se toparán con un espantapájaros censurable,
me satisface que esta revista haya servido de nexo entre
ellas y nosotros. Pienso que todas nos han instruido en algo
nuevo, idas y vueltas, ruedas y cubos. Hoy, desde luego,
somos más sabios.
Esta última vez debo
darles las gracias a Eva Vaz, Rocío Silva Santisteban,
Andrea Jeftanovic, Eunice Shade, Ana Gorría y a Tryno
Maldonado, porque sugirieron y ayudaron a completar esta
edición de Ellas. Tampoco
puedo omitir a Rebeca Yanke, que nos ha regalado un momento
de sus ojos –los ojos que cuidan de este número–.
Ella es una gran amiga y no precisamente una modelo, aunque
en ocasiones pienso que sus ojos sí lo son.
Cuando todo
esto empezó nadie me pidió que
lo hiciera, ni que lo repitiese tres veces. En mi opinión,
esta no fue más que una forma de presentarlas y leerlas.
Creo que lo deslicé aquella primera vez: Ellas simplemente
escriben, y mi única intención –ya que siempre
hay una entre líneas en todo lo que anotamos– no ha
sido otra que distinguir la belleza que las hace originales,
sean ellas parcas o toscas, en ocasiones unas murallas, y
las mieles más dulces.
Salvador Luis |
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