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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

“Sangra aquí la piel del mundo,

abre su herida”

María Baranda

Toco la luz.

 

Nada en ella enciende la hoguera.

 

Un rojo nostálgico atraviesa la sangre.

 

En mis dedos el fuego danza

sus plumas doradas tiemblan,

ánimas azules revientan su ardor.

 

Abro la piel del mundo.

 

Mi lengua posee el hechizo

tejido debajo del mar

por los pájaros blancos.

 

No nací para contemplar la tormenta.

 

Yo soy el trueno

su brillo terrible

desgarrando los muslos húmedos de la noche.

 

Afuera: la belleza.

El caos revolcándose en su libertad de asombro.

 

Las criaturas renacen en lo informe

encarnan lo innombrable.

 

Vorágine

fiesta

carne sin cuerpos

mar sin espuma

sonido sin voz.

 

Amor al fin:

omega devora alfa devora omega.

 

He visto el caldero

la negra miel de su sexo.

 

Mundo: frágil, mínimo animal.

Obeso caracol

azar petrificado.

 

Arde la hoguera

en mis ojos hierve el misterio.

 

Herida discreta,

el oval no dejará de sangrar.

 

piramidal

 

Regálame un silencio de estos a tu lado,

con el gris que esconde esta mañana triangular

detrás de la angustiosa cresta de las rocas.

 

Dios lanzó aquí su herida.

 

Con su puño bien cerrado

sembró un círculo tejido de tímidos verdes

y petrificados reptiles.

 

El musgo corona la nostalgia.

 

Hay un aire de huesos ocultos

que asciende por el temblor sublime

de estas plantas.

 

El rojo finge aquí ser violeta,

se hace polen diminuto

adornando los cabellos de las algas.

 

Los pájaros rechinan muy de cerca,

su vuelo atraviesa la mirada

cual llovizna de mártires caídos.

 

Un olor a sangre despierta,

busca su salida la libélula

con la uña de marfil de los inviernos.

 

Para un morir discreto,

tan sólo las miradas cenizas

de este encierro piramidal.

 

naufragio

 

Luminosa tarde

abre la voz del canario,

desliza el vientre líquido de los veranos

debajo de la piel de esta décima nave.

 

Abre tus ojos de dragón apacible

dilata con tus alas de pez

este sueño de labios cerrados.

 

Habita el árbol redondo

sostenido en raíces

que calientan la sangre del tiempo.

 

Abrasa la carne rosada

de esta semilla estelar.

 

Revienta en un relámpago azul

su gravidez obsoleta.

 

Que seamos todos

mariposas de agua.

 

llovizna

 

Caen pájaros de sal sobre los verdes.

 

Un bozal diminuto impide el grito,

una crisálida de luz agudiza su tormenta.

 

Han muerto en la fatiga de las alas,

en el canto azulado por el vértigo.

 

Su blancura desnuda el abismo

con el diminuto llanto de los otoños.

 

Cómo no temblar ante el desmayo de las aves.

 

Cómo no rezar ante la niebla de su angustia.

 

Veo su luciérnaga agonía

caer en el asfalto.

 

Sé que ya no habrán más ángeles sobre la tierra.

 

en el olor de la hierba

 

Hechicero puntual

carne hecha de mieles

me haces semilla infinita

que palpita desnuda y febril

bajo todas las tierras.

 

Temblor suspendido en la sangre

abres mi cuerpo en gaviotas solares

y cada una lame el eclipse

devora el pez nadador del desierto.

 

Espuma que hierve detrás del instinto

me unes al universo.

Soy caos y estrellas

conjuro tormentas

quiebro los trigos

cosecho lluvias azules

espinas color violeta.

 

En mi boca renace el estruendo

pronuncio las sombras:

bestias de piel de asfalto

hábiles cuervos que se alimentan

del andar de su amo.

 

Pronuncio la luz

soy ciega en tu rabia,

despiertan los treinta y tres ojos:

uno frente al otro

contemplan el círculo del vacío.

 

Mi grito es el mismo que estalló terrible

en la era del agua.

 

Soy en tu cuerpo

en el olor de la hierba

en el crujir del volcán.

 

No más nostalgias

desafiamos al creador de caprichos

al metal que nos hizo

criaturas torpes y solitarias.

 

Por un instante somos eternos

lloramos por ver el comienzo más allá de la cueva

reímos al recuperar la ceguera que nos hace luz, sombra

volcán y desierto.

 

En tu cuerpo da inicio el mundo.

Bendito sea tu caos.

 

© Gema Santamaría

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gema Santamaría | Nicaragua, 1979 | Nació en Managua y reside en México. Su primer poemario, Piel de Poesía (2002), fue prologado por el desaparecido poeta Pablo Antonio Cuadra. Su obra ha sido publicada en diarios y revistas de México y Centroamérica. Ha realizado diversas presentaciones en México, entre las que destacan: el Centro Nacional de las Artes, Tianguis Cultural del Chopo y el Centro Cultural La Pirámide. En 2004 participó en el Primer Festival Internacional de Poesía en Granada, Nicaragua.