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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

la Voz de la Manada

 

Yuo

eterno y feroz animal del tiempo

insomne se arrastra hoy sobre la sal de su ciudad

morador del papel y padre de reos culpables

escribe desde su tétrica morada

para poder devorarlos

los arrebata de otro animal del tiempo

hermano suyo menos salvaje

que retrocede negligente

a estos hombres antes del yerro

a otros los arranca con plena justicia de la misma muerte.

estos reos antes de ser devorados

ofrendan sus propias ciudades inútiles a Yuo.

no servirán para extraviar en ellas

las culpas de la memoria

o aplacar el hambre del temible animal

que suicida su cuerpo comiendo la sal en la que vive

como guardián atrapado de la ciudad de los reos.

 

me entregué a los que llamaban desde el ruido o el latido de un muro. me buscan los parques y sus bancas de cemento frío.

no me buscas tú, perdiste las manos en el cabello que cubría mi locura amarilla extendida sobre tu falda de paño y tu olor. perdiste la voz y el llanto cuando se hicieron eco de nuestra casa o abismo que se lanzaba sobre mi espalda para hacerme caer una y otra vez sobre mis ojos desvariando. mujer, tu amor desesperado no evitó que mi cabeza emanara el olor de la zozobra en fermento o que el muro rechazara mi cuerpo contra el suyo. no evitó que me olvidara en tu voz, tampoco el movimiento sinuoso de mis miembros meciéndose para tocar mi locura como a la fiebre helada que te obligó a escribir mi grito y deshacerte de mi cabello haciéndose rabia deforme en tus manos.

 

los Pies de Calemo

 

soy

el que va con los ojos muertos

bajo los párpados

el que camina

y se pretende sordo

al grito de la mujer deshecha entre sus manos,

que trae sus pasos

detrás de mi sombra

y pronuncia mi nombre

---------mordiéndose los labios

tocando el camino entre sus piernas

para que lo siga

y la posea.

 

soy

el hombre que imagina

lo que recuerda

y también lo olvida.

caigo infinitamente sobre mis pies

torturados por el mismo suelo

que hace de mis pasos

fantasmas abstraídos

a una cadencia perpetua.

 

sé que si escuchara el grito cansado

---------de la mujer que me sigue

o volteara a ser visto por ella

yo dejaría de ir,

dejaría de conocer el mundo

dentro de estos harapos,

besado por el frío

o con la piel quemada por el sol,

hambriento

embelesado por la locura

y los lugares vacíos.

 

dejaría de ser poseído por mis pies

me sentaría a beber del agua de los charcos…

sabría que en ellos

el reflejo del cielo

me mira en su propio trastorno

abrir los parpados

y despedir a la muerte.

 

ella,

la mujer,

se posaría sobre mis piernas

como una mariposa que va a morir

entonces abriría la boca

para besarla infinitamente

con mi saliva fermentada.

 

la dejaría buscar mi cadáver

dentro de estas ropas viejas

le permitiría detener mis latidos

la cadencia de mis pasos.

 

ella compartiría su fiebre,

descansaría el silencio de su boca

sobre mí,

quieto

imaginando su grito

o mi nombre dentro de su cuerpo,

recordándola de alguna muerte

---------bajo un puente ahogado

o en la imagen de alguna vida olvidada

 

aceptaría subir bajo el cielo

actuar para las luces de neón

y ser una sombra

extensa y abierta en el hastío

huyendo de la ciudad

y de seres hechos de bulla.

 

aceptaría un relato desconocido a

su lengua mil veces terca. vil.

y en su lengua un hombre de perfil

sin huesos,

sin ojos,

sin orbitas

y hablando de las mismas luces

como pistas de aviones falsos.

 

pistas de aviones en sombra caídos al rozar las luces del poste.

 

 

él la tocaría tragando su vestido de cartón,

buscando los huesos bajo su piel,

y acomodando el olor sobre su cabellera

tan extensa como la sombra en la que morían envueltos

antes de descender a la bulla,

a la luz como carcajada insoportable

que los desnudaba de la sombra

en la que buscaban una muerte distinta.

 

coronación

 

Tengo la costumbre de tragar a mis hombres

cuando quedan dormidos sobre el polvo

también de convertirlos en nausea

junto al viejo escenario que regresa a mi cabeza:

---------------------------los reinos inservibles

---------------------------de lata y de cartón

 

que me delatan

como un rey innecesario

que muere inventado

las excusas y hombres que me entierren

y vuelvan a buscarme.

 

entonces reconozco las latas abiertas y vacías

el cartón que me abriga

y algún animal que a cambio de una caricia

me quiso orinar encima.

 

No,

no soy un rey,

Sino solamente un juego que se detuvo distraído en la neblina,

el ruido

y el polvo.

 

Olvidé la coronación.

Respiré la neblina y me quedé dormido.

Perdí una mujer fea de grandes senos

que sonreía para mí y

se desnudaba para que pudiera esconderme del frío

dentro de su cuerpo grande

y de olor a metal oxidado.

 

Olvidé la coronación

respiré hondo dentro de las latas.

Sumergido,

preferí crear un reino de caparazón,

que se extienda

en cualquier mundo que haya dejado de serlo

para convertirse en algo menos que miseria.

 

© Cecilia Podestá

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cecilia Podestá | Perú, 1981 | Nació en Ayacucho. Ha publicado Fotografías Escritas, (Premio Dedo Crítico de Poesía 2002), la pieza teatral Las Mujeres de la Caja y la plaquette Tranvías. Antologada en Los Nuevos y Antología de la Nueva Poesía Hispanoamericana. Estrenó las obras teatrales Las Mujeres de la Caja y Placebo, bajo su dirección escénica, y La Repisa de los Juguetes Vacíos, dirección de Sara Joffré. Es directora de la serie de libros Intramuros, y Tránsito, y del sello editorial Tranvías Editores.