la Voz
de la Manada
Yuo
eterno y feroz animal del tiempo
insomne se arrastra hoy sobre la sal de su ciudad
morador del papel y padre de reos culpables
escribe desde su tétrica morada
para poder devorarlos
los arrebata de otro animal del tiempo
hermano suyo menos salvaje
que retrocede negligente
a estos hombres antes del yerro
a otros los arranca con plena justicia de la misma muerte.
estos reos antes de ser devorados
ofrendan sus propias ciudades inútiles a Yuo.
no servirán para extraviar en ellas
las culpas de la memoria
o aplacar el hambre del temible animal
que suicida su cuerpo comiendo la sal en la que vive
como guardián atrapado de la ciudad de los reos.
me entregué a los que llamaban
desde el ruido o el latido de un muro. me buscan los parques
y sus bancas de cemento frío.
no me buscas tú, perdiste las manos en el cabello
que cubría mi locura amarilla extendida sobre tu falda
de paño y tu olor. perdiste la voz y el llanto cuando
se hicieron eco de nuestra casa o abismo que se lanzaba sobre
mi espalda para hacerme caer una y otra vez sobre mis ojos
desvariando. mujer, tu amor desesperado no evitó que
mi cabeza emanara el olor de la zozobra en fermento o que
el muro rechazara mi cuerpo contra el suyo. no evitó que
me olvidara en tu voz, tampoco el movimiento sinuoso de mis
miembros meciéndose para tocar mi locura como a la
fiebre helada que te obligó a escribir mi grito y
deshacerte de mi cabello haciéndose rabia deforme
en tus manos.
los Pies de Calemo
soy
el que va con los ojos muertos
bajo los párpados
el que camina
y se pretende sordo
al grito de la mujer deshecha entre sus manos,
que trae sus pasos
detrás de mi sombra
y pronuncia mi nombre
---------mordiéndose los labios
tocando el camino entre sus piernas
para que lo siga
y la posea.
soy
el hombre que imagina
lo que recuerda
y también lo olvida.
caigo infinitamente sobre mis pies
torturados por el mismo suelo
que hace de mis pasos
fantasmas abstraídos
a una cadencia perpetua.
sé que si escuchara el grito cansado
---------de la mujer que me sigue
o volteara a ser visto por ella
yo dejaría de ir,
dejaría de conocer el mundo
dentro de estos harapos,
besado por el frío
o con la piel quemada por el sol,
hambriento
embelesado por la locura
y los lugares vacíos.
dejaría de ser poseído por mis pies
me sentaría a beber del agua de los charcos…
sabría que en ellos
el reflejo del cielo
me mira en su propio trastorno
abrir los parpados
y despedir a la muerte.
ella,
la mujer,
se posaría sobre mis piernas
como una mariposa que va a morir
entonces abriría la boca
para besarla infinitamente
con mi saliva fermentada.
la dejaría buscar mi cadáver
dentro de estas ropas viejas
le permitiría detener mis latidos
la cadencia de mis pasos.
ella compartiría su fiebre,
descansaría el silencio de su boca
sobre mí,
quieto
imaginando su grito
o mi nombre dentro de su cuerpo,
recordándola de alguna muerte
---------bajo un puente ahogado
o en la imagen de alguna vida olvidada
aceptaría subir bajo el cielo
actuar para las luces de neón
y ser una sombra
extensa y abierta en el hastío
huyendo de la ciudad
y de seres hechos de bulla.
aceptaría un relato desconocido a
su lengua mil veces terca. vil.
y en su lengua un hombre de perfil
sin huesos,
sin ojos,
sin orbitas
y hablando de las mismas luces
como pistas de aviones falsos.
pistas de aviones en sombra caídos al rozar las luces
del poste.
él la tocaría tragando su vestido de cartón,
buscando los huesos bajo su piel,
y acomodando el olor sobre su cabellera
tan extensa como la sombra en la que morían envueltos
antes de descender a la bulla,
a la luz como carcajada insoportable
que los desnudaba de la sombra
en la que buscaban una muerte distinta.
coronación
Tengo la costumbre de tragar a mis hombres
cuando quedan dormidos sobre el polvo
también de convertirlos en nausea
junto al viejo escenario que regresa a mi
cabeza: ---------------------------los reinos inservibles
---------------------------de lata y de
cartón
que me delatan
como un rey innecesario
que muere inventado
las excusas y hombres que me entierren
y vuelvan a buscarme.
entonces reconozco las latas abiertas y vacías
el cartón que me abriga
y algún animal que a cambio de una caricia
me quiso orinar encima.
No,
no soy un rey,
Sino solamente un juego que se detuvo distraído en
la neblina,
el ruido
y el polvo.
Olvidé la coronación.
Respiré la neblina y me quedé dormido.
Perdí una mujer fea de grandes senos
que sonreía para mí y
se desnudaba para que pudiera esconderme del frío
dentro de su cuerpo grande
y de olor a metal oxidado.
Olvidé la coronación
respiré hondo dentro de las latas.
Sumergido,
preferí crear un reino de caparazón,
que se extienda
en cualquier mundo que haya dejado de serlo
para convertirse en algo menos que miseria.
© Cecilia Podestá |