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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

reto entre poetas suicidas

 

Alejandra Pizarnik,

Alfonsina Storni,

Sylvia Plath,

Anne Sexton.

 

Cada vez

que la propia mano

se levanta y

c

a

e

 

fría roca filuda

sobre sí misma

el graznido

de un pájaro

desnudo a sabiendas

de la ausencia

deja caer su pluma de luz

en el incesante horizonte

que se desmorona

 

g-o-t-a -a- g-o-t-a

y se repite

 

A grandes zancadas

tu silencio

remonta

mis fronteras

y me atosiga

Tu viento mudo

musita más que tu quietud

tu lamento

 

Más que tu olvido

tu alarido.

 

De En lugar de los sueños


 

desafío de la pared que oculta una pederasta

 

 

Este asunto es como haber

sido demolida en sobresalto

 

Es ver cómo el día entra

tan disimulado por las ventanas

como si fuera la cortina

quien premedita la noche

y nadie se percata

 

Este asunto de vivir

arropada por un susto

con un arrumaco de vidrios

soporíferos que llegan a instalarse

con su hurgante oscuridad

sobre ventanas que

te miran aterradas como si

les debieras una explicación

 

Este asunto de tener que ser

--arrebatada de entresueño

y sentirla atrevida y abusiva

 

sopesa las ventanas

que se quedan amoratadas

y no se abren al grito en este instante

 

Qué atrancada la puerta

y qué viciado el desapego de la calle

contra las ventanas

 

Qué tormento no poder arrancarme

un ladrillo y dispararlo en alarido

para asestar puñal de vidrios

a este albergue de ventanas opresivas

a esta pesadez depravada

en que los días parece que se abrieran

 

y se callan

se silencian

y se sellan.

 

 

conjuro para saponificar misoginia*

*Saponificar misoginia

en el sentido de revertir

cuerpo de manteca de cerdo

y mentalidad de soda

cáustica, a jabón.

 

Que me cale

este guante de médula

hasta mi entumecida

mirada tuerta

 

Ego-típico recelo

de zorrillo

me caduca

 

Ladra mi paranoia

retrohelada

en la mazmorra

de mi envidia

porque la presencia

de la otra

me provoca una violencia

que hurgante

me desmorona

 

Látigo su conjuro

para mi sonsonete vacío

que quiere negar el poder

de su palabra hirviente

Minúsculo lo que

siento y digo:

¡Este aire es

solamente mi aire!

 

Yo manoseada poetastro

en quien ladra el malolor

carie del alma

porque libre la otra

lleva de la orquídea

el miasma arbóreo

el regocijo de ambrosia

que sustenta lo que

a retorcijones de gusano

apenas lamo diminuta

 

La otra es quien

lleva el habla de

lo no dicho

adentro Y yo

saco a la otra

de su aliento

 

Mi costra déspota

la pretende ínfima

y en hambricia

del fumo sagrado

me esfumo boquiabierta

y destemplada

El tirano en mí

recoge las gotitas

de tinta que

de la otra en mí se caen

porque con ellas

devaneo frasecitas

¡quién no sabe!

De Monólogo de transgresora

 

 

clepsidra en flauta

 

Con la mirada bajo párpados naufragamos abismo en los zapatos para eludir el proyectil de otros ojos. Jugamos al ensimismamiento de aprender...

Esto aquí se llama el borrón de la nostalgia, papel que desdice un fabulario para nadie.

Esto, la hormiga de tu esperanza con un edificio a cuestas. Y aquello en la esquina, incisivo y peligroso, plástico basura.

Lo que llega afilado por el reverso de tu oído, la onda sonora de mi boca; retumbante y cadencioso, dedos contra conga.

Esta O, labio soplón contra orificio en caña, que tu insistente nombrar piensa flauta y la clepsidra instalada en la lluvia, dueña de las músicas viscerales, gesticula con sus húmedas manecillas que a un sólo compás se cierran. Se abren y se cierran.

 

Suspendemos

la intuición en

una bitácora y

nos sorprende la

lengua madre con

la vertiente de

la sangre que

nos segrega.

 

El péndulo de su pecho, nos amarra, entre compás y señal, a su cortejo fulminante. Madre al fin. Pobladora de partos y dolores. Nos sorprende de nuevo y nos dice:

"No hay mal que dure, ni cuerpo". Y nos revestimos de la piel escamosa de las lombrices y venimos de la tierra a merodear la extrañeza.

Y jugamos a agruparnos por tamaños y colores, transmigrando un intrincado cuerpo desde adentro.

Que si es cobrizo y seco viene de los internos desiertos, que si es fluido y ufano se mece desde los interiores ríos, que si es verde y fangoso, la anaconda del viento. Y así nacemos.

 

Desterrados nos

desprendemos con

toda la esencia

fatigada de nuestras

propias aguas.

 

Nos dejamos ir esporádicos. Nos dejamos carcomer por una deliciosa complicidad, hasta que llegamos de regreso a morar en la hormigueante y reseca momificación de la sal entre las tumbas.

Arráncanos del tiempo, clepsidra de respiro enmohecido. Entiérranos en el fuego con un ánfora de viento. Y enciende nuestro cuerpo con tu cumbia ensalzada en jazz ardiente.

Sobre nuestro cadáver en llamas tu conjuro de arcilla y una pluma de cóndor con el tizne de nuestras cenizas en la punta. Tu péndulo de luna en la laja de nuestras palmas para que haga buril con nuestros huesos.

 

Y una tajada

de árbol larga

y delgada

para codificar.

 

Sin embargo, ahogados en una inmensa idea que pretende esclarecer el mundo, permanecemos para destrozarnos, en una hambrienta ingratitud.

Clepsidra si no te leo…

no dejes que ningún fuego filudo nos desaparezca. Inunda de milenios nuestra mano.

 

De Los acantilados del sueño

 

© Antonieta Villamil

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antonieta Villamil | Colombia, 1962 | Nació en Bogotá. Incluida en la película documental Voces en tiempo de guerra. Es autora de poemarios como: Diálogo de las ínfimas cosas, En lugar de los sueños, Violento placer, Diario de ser hermafrodita. Premio Internacional de poesía Gastón Baquero 2001. Reside en Los Ángeles desde 1980 donde dirige la editorial Caza de Poesía, edita la colección anual Caza de Poesía y la colección monográfica bilingüe Solos de Poesía / Poetry Solos. Sitio web: Antonieta Villamil