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una
nueva canción
alumbrada por el perfume de tus noches
el círculo ha encendido
cuán lejano nuestro primer beso es
y cuán viejo el lazo cardinal
un dolor invita
capaz de aterciopelar la voz purpúrea
un dolor tal
purifica el más leve incendio
el trino del agua absuelve
la noche que baila
deja la ciudad con el rito
de una maravillosa desaparición
la ciudad muere de hambre
la prímula
la escolopendra
una canción nueva
memoria de tribulación
en otro tiempo vía
era lumbre mi voz que dormida
una nueva canción
apetecía
la piedra arrojada
con locura apetecía
también
una nueva canción
la mano alucinada
el pozo de agua ciega
nuestro predicamento
qué río extraviaría nuestros fósiles
sin cubrir el lecho
que fue su dulzura
cuál de todas las criaturas
vendría a beber de sangre
esta mañana
una nueva canción
improvisa
y perece el resplandor
su gesto a tu silencio
en fuego convertido
de vísperas y delirios
rasga tú
aquellas flores secas y silvestres
alta hora de la tarde pretende
crispa toda ráfaga
declara el ardor vencido
horas después
persiguiendo el olor
demorando las noches más inacabadas
una última canción
todavía
suspende el intento y la distancia
calla sobre todo
cuando sea desolado el paso
hacia los infinitos tímpanos del vacío
sabe bien que la vida fermenta
el tomillo
la salvia
en nada habrá misericordia
será falsa
toda semejanza
siquiera con el ocaso
tal florece el alba
y germina apenas suave aroma
tal un placer
ha de postrarse y descansar en el dolor
mientras la ciudad
sea lo que dicen
repugnante
a tu lucidez
y a tu trastorno
demasiada cal en tu memoria
el gozo implorado a la niebla
la canción ya no es canción
herida tampoco la tempestad
es del dolor
el desconsuelo
arranca
esos cabellos
esas pieles
desviste
aquellas venas
aquellos manantiales
y guárdate
más desnudo que nunca
en la nada
la ciudad fallará
el disparo
y la armonía
después de anunciada tu muerte
la mandrágora
el olmo
guardarán tu otro destierro
en nombre de quién
alimentarás
el vientre frío de los insectos
en nombre de quién
abrasarás
el rigor habido en la piedra
en nombre de quién
hollarás
distraído el invierno
bajo la piel
que se ha perdido
la claridad
más oscura en las tinieblas
la caricia te anuncia
adicción al misterio
adicción al enigma
se disuelva
se coagule
en la transparente llamarada
es el carnaval
el principio de nuestro espanto
sopla el viento
sobre los grifos
sobre los grifos de arena
reposa el olvido
la sinestesia de la rosa
en la rosa
serenamente
contemplas tu última escena
aquí
el borde que tiene
la primera noche
y en la ciudad renace
la jornada
plenitud ofrece
al más precario de tus gestos
la hermosura
porfía gerundios y gineceos
a la destitución del escombro
acerca la tranquilidad
efímera lumbre
a los nidos del ave rapaz
sobrevuela el desequilibrio
la gravedad del uno
nuestro esplendor infunde
la nueva canción
da mayor vértigo
ese sonido intacto |
<
James Merrill, Lost in Translation
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<< Víctor Fowler, Mientras
la noche imita la marea >>
Del
poemario inédito
[ extremos / íntimos ]

Quien
corre sin dios y completamente solo aprende a dormir entre pestes
y purgaciones Seca de golpe la garganta Un lirio por cada siglo
Germen brutal de un espectáculo Nunca la fatalidad y su
trágico sonido El ritmo de ese grito que lanzara el signo
del agua la hortaliza Que reine en este silencio todo insomnio
y toda epidemia despierte el azar de la rutina Fulminado estiércol
y rapidísimo Veneno los huesos raspados el orín
de los días Qué reza el golpe a la raíz en
sus visiones Cuándo contrariamos esa lenta y vigorosa ceguera
las fallas telúricas la insólita gravedad del ruido
la ausencia de latido el caos su goce inmediato La muerte en marcha
sí ahora el laberinto de tus dedos donde la lágrima
enfría cenizas de armaduras hermosas Flamas que oxidan
las copas y los bastos abandonados Qué desgasta el amor
y encuentra la ternura o el sexo de un protozoario La muerte en
marcha Masculla y trina el heraldo a su caballo Cuando la sangre
insinúa un pétalo cada instante Quien corre sin
dios y completamente solo sabe desde lejos renombrar la herida
de hambre locura olvido Se duerme más triste en el naufragio
Y habla haciendo daño la mies la fortuna cosechada Quiere
Extravía Avizora Celebra la llamarada en la nostalgia Ignora
la presencia de su aroma con el mismo paladar que lo devora En
pleno gesto A la deriva de aquel insomnio
Una
urdalia es una flor corpulenta que sirve la cena para distraer
a la muerte el día de las madres Nadie reclama después
de esa emoción Si a una urdalia le da el sol de mediodía
es atroz la tristeza o la alegría Nadie sale a llorar a
esa hora Profana Baila Se vuelca Lustra cada mal paso con cuidado
Se envenena Convida El dolor de una urdalia sólo florece
en la carroña la voluptuosidad y el tumulto Jamás
hallarás una urdalia junto a una pálida ceniza Para
celebrar una urdalia el día de las madres se embriaga con
el cuchillo Como un lancero fractura huesos y dentaduras Claro
se desmaya después sobre el lecho de un niño Sólo
una urdalia imagina la hermosa mortaja del amante
La
vieja ha vendido el cortejo Mientras la maquina virgen fija la
camada del jibuno relame al basilisco en su taberna el punto del
eclipse Un día de oro la calma inacabada deleite nada más
Procrea el soplo al incendio de lo demás es el amor atavío
y el tiempo decoro si se quiere Objetiva membrana de la gravedad
la pupila y la uña combinan esa tonalidad embrionaria Cuando
acudes Melopea falta esa huella sin duda urdida por la fatiga
Casi a la vuelta del ojo y de la sábana en que desapareció
la toxina de su núcleo y su deformidad para reconocer la
simple disciplina del agua sobre todo gesto marchito Recita Axis
torso y cabeza rapada una pieza comienza a interpretar los signos
de su higiene Grama acústica a mí sean del cerdo
espín quieto en los ojos tuyos Auspiciada por onanistas
la más reputación cal terrible espejo quizá
el canto que yo sin ti verbigracia Para echar de menos toca poner
el tacto a la mesa del banquete última sílaba escultural
sólo pétalos de azufre dulce en la boca Devotamente
somatiza Melopea el baño diario y desafina lo finado que
lo tuyo sea la cúspide y la vocal declinada al seno mismo
de la razón Juntas las más frescas damisondas No
tan grato ni tan parte aparte la sinfonía del otro xirbo
se abre hogar hogar Vuelvan a la bóveda los animales y
los monólogos del gnomón Pero no funciona acaso
la melancolía Oblación enorme de conjuro sana cura
tus lesiones perfumadas tan dulce y manado gesto supersticioso
salud al tuyo pudor fijo Y si la operación es incómoda
y durante los ensayos se forma la nata al borde del estío
ténganos augurio del repertorio Sicomoros en los años
venideros sea el vuelo del polen Tu amado Axis ha cesado de entonar
a su cielo y azorado el pálpito le toca decir adiós
El soplo sereno y su fábula son tus más puntuales
citas en esa mansión confinada la prueba el nuncio de las
espinas advierte Morsa morsa consiente la llegada al polo propicio
y discreto quebranto de mi guarda y la cornucopia donde se suicida
la virginal máquina esparce Óleo enjambre cadalso
confetti hiena zarza colibrí fresno begonia hoguera calabozo
golondrina colleja lagarto orquídea escorpión cabra
perdiz desaparece
<
Jorge Espinosa, Vestido de novia
>
Fragmentos
de
[ elogio de los coribantes ]
©
Rosario Rivas Tarazona
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