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el
nacimiento de eva
Ponencia
leída durante el "Primer Congreso del Movimiento Internacional
de Metapoesía" realizado del 31 de enero al 2 de febrero
de 2003 en las instalaciones de Casa de Teatro, Santo Domingo,
República Dominicana.
Yo
tengo un clon. Mis dos hermanas se han encargado de hacer este
trabajo para traerlo aquí a República Dominicana
mediante un hijo de Eros, confieso que todo el esfuerzo ha sido
encaminado para contradecir a Jorge Piña -nada más
por gusto deportivo- este día cualquiera de enero del taitantos.
Últimamente se ha puesto de moda girar en el eje de las
discusiones; a diferencia de años atrás ya no se
elevan y solapan las palabras dichas por X o por Y "excelentísimas
señorías del establo sagrado" sino que con
regularidad se escuchan nuevas voces y se convierten en noticia
las prolijas emancipadas y originales escritas por cualquier hijo
de vecino seleccionado por una selecta, cada vez más preparada
en la lectura y escritura y culta fauna de los medios de información
cuyo criterio radica en el manejo del lenguaje, catapulta de descubrimientos
cada día más esperados por entes como yo que se
deleita con la mente procaz y erudita de la desvergüenza
de Nicolás Mateo y la ejecutiva dirección de Taty
Hernández.
Del mismo modo, el lector, auditorio cautivo de nuestros exabruptos,
se ha convertido en un filtro cauteloso de lectura y escritura
que no permite que pasee cualquier frase del mismo vecino por
sus ojos ni se cuele en su alma sentimiento inadvertido. Cada
día el ser humano, más capaz para seleccionar su
relación con el entorno, se ha ido apoderando y apropiando
con mayor firmeza de su propio lenguaje y su conocimiento gesta
incluso la creación de escritos propios y selección
de música apropiada.
¿Pero qué somos sino palabras? Palabra que sé
que existo más allá de estas paredes y que la voz
que acompaña mis deletreos, aunque amiga, también
analiza y contradice mi manipulador impulso por expresarme del
todo en forma opuesta, violenta y directa con el lenguaje retrucándolo
como plastilina. El día que conocí "Eros contra
Thanatos" y miré la "Tela" por culpa de
los metapoetas no pude dormir, hallé un templo en ruinas
donde las palabras no tenían origen ni destino y su destinatario
era simplemente el escribirlas. Un templo que conservaba dentro
el tiempo, sin drama, sin historia y sin pretensiones. Palabra
que ese día comprendí a Thanatos y su afán
de fusilar a los románticos suicidas antes que se convirtieran
en drama, y a Eros porque me resultó divertido descubrir
el drama del hombre por el hombre en sí.
Ese día comencé a desembuchar hacia cuatro direcciones
las ideas apabullantes de mi propuesta ante una autopista en marcha,
pues hasta entonces ignoraba que existieran otros seres así
de extraños y extraordinarios en la búsqueda del
lenguaje por sí mismo; la irresistible delicia que me provoca
jugar y paladear cada vocablo uno por uno y sumarlo a mis voluntades
me llevó a buscarle las orillas a la membrana de la tela
de Piña y Joel Almonó; el placer de permitir a un
caballo desbocado irreflexivo pasó por la estela al frente
de un breve auditorio, pero conciso pensamiento provocando la
reacción y la reflexión, y el dar por medio del
lenguaje y otorgar con la palabra algo más que un simple
sentimiento me respondió y recordó que aunque me
sienta palabra soy de carne y hueso y existen modales. Y así,
sintiéndome y sabiéndome empática tuve que
derrotarme y darme cuenta que de poeta tengo un cuerno y de provocadora
tengo mucho talento, pero poco futuro.
No tiene caso desembuchar sin auditorio, dialogar sin interlocutores,
ni pelear sin afrenta. La realidad poco a poco me fue convenciendo
que en la literatura había ocurrido un cataclismo, un mal
divorcio que separa cada vez más al individuo de sus propias
palabras, y que vivimos en la época de la literatura o
lo que es igual a la epopeya editorial del siglo; me percaté
de que el autor no gusta ni de entender, ni de mantener diálogos,
ni de festejar con el populi sus entuertos descritos y su silencio
es equivalente a sus rugidos. Festejo a los autores que hablan
y dan clases por medio del escrito a sus lectores, o que ante
un grupo de gente abren la boca para decir mal lo que tan bien
escriben, pero que se atreven a engrasar de vez en cuando a su
media neurona artrítica.
Para mi clon es más fácil, mi clon comenzó
con una amistad epistolar, sus cartas interminables poco contradicen
al catedrático de la U Barcelona, Miguel Siquan que considera
que "Los rapidísimos y efímeros mensajes vía
internet han sepultado la cultura epistolar" y a René
Rodríguez Soriano con su temida globalización del
lenguaje, pero ¿qué harían bichos como yo
si no se globaliza el castellano?, ¿acaso podríamos
escribir bien lo que los demás leen mal? Manejar y proyectar
dentro del lenguaje en esta búsqueda gracias a estas dos
armas mal temidas como son el internet y la globalización
del lenguaje ha sido la entretención de muchos, pero el
poco análisis de esos muchos. Lo que mal llaman peligros
de la globalización, yo le llamo el gracias a Dios entendimiento
del ser humano con su propio yo y su entorno mediante el conocimiento
del medio a través de su mejora en el uso y comprensión
del lenguaje. Y conste que Pedro Salinas nos había advertido
ya hace muchos años (antes de que yo existiera) que el
hombre que no sabe hablar tampoco sabrá vivir. Para mí,
si el hombre mejora en su desarrollo y aprende a leer, a escribir,
a conocerse y a expresarse, sabrá también comunicarse;
le urge, no puede más, casi estalla del susto que le provoca
no poder reflexionar, ni comunicarse mediante la palabra escrita,
¿cómo decir que le pica si no sabe qué significa
rascarse? Hombre que no habla, no escribe.
Goldemberg diría que yo vivo fuera de la realidad y debería
estudiar en alguna universidad antes de ponerme a escribir (quizá);
tampoco tuvo el detalle de contestar a mis preguntas cuando le
cuestioné por qué rechaza una forma de comunicación
literal que desconoce. Hoy estamos a muchos meses de distancia,
lo cual evoluciona cada día como meses de distancia en
un papel irrenunciable en el proceso de desarrollo social, porque
es nuestro momento, nuestra época y novelístico
destino; es el irrenunciable momento de reflexionar y ser observadores
que la literatura y sus procesos no están divorciados de
esta evolución en la comunicación, aprendizaje y
emancipación de conocimientos y deseos de expresión
escrita de la sociedad como nos los hacen interpretar los onerosos
precios de las novísimas ediciones de los autores famosos;
afectada como vive mi clon con las ocurrencias mundanas, se percata
día a día que la originalidad no existe; que muy
probablemente en otro lugar del mundo nuestro otro clon desconocido
estará reflexionando y haciéndose estas mismas preguntas
llegando a las mismas conclusiones.
Desvariando como sobrevivo, soberbia como me expreso, poca sobriedad
asiste a la alcohólica embriaguez de mis palabras borrachas
de su cautiva química azucarada. Fue Orlando Alcántara
quien me descubrió paseando por esos pasillos de las dudas
desbocadas en pesadas llagas al aire y atrapó algunas ideas
que se escaparon de este intensivo maquillaje del no decir diciendo
lo que el decir sabe que quiere proyectar al entendimiento del
receptor sin permiso del razonamiento reflexivo interlocutor o,
lo que es lo mismo, metalenguaje buscando y hallando en un abrir
y cerrar de vocablo su contacto leído en lo escrito de
su lectura sin proponérselo, pero consiguiéndolo
de plano. Unos lo llamaron pre-tiempo, otros post-tiempo, para
mí sigue siendo el instante preciso que antecede el ejercicio
del yo. Encontré que si existe un momento en el que una
persona puede decidir cerrar el pico para no decir barbaridades
o abrir el pico para dejar que salgan todas, la palabra misma
tiene esas mismas propiedades. Lo que hace años llamaron
metapoesía en el desparpajo de Lilith y otros de sus alumnos
al redactarse abruptamente sobre temas y con lenguaje novedoso;
el metalenguaje presente en las líneas y entrelíneas
de cada propósito cualquiera de expresión va a provocar
entonces otra comezón con una descripción que no
lo deja enajenarse de las entrañas de la sociedad actual.
Los pormenores de este detalle elemental y simple como la tela
han sido explicados por las eruditas voces de IKE Méndez
literal y Piña sicoanalista; y Orlando con su frescura,
los tres ocupados en el hombre, su proceso de creación,
análisis y reflexión, tuve pues, gracias al internet
al alcance de los ojos y para deleite de mi media neurona paticoja
sus propuestas, ponencias y expresiones por muchos meses, y aprendí
a darle forma a mi plastilina y deleitarme con el mensaje coloquial
de cualquier escrito cuya forma firme se asiente sobre su contenido.
Me percaté también de que no tiene sentido parafrasear
los pensamientos de los otros, porque finalmente no son creaciones,
sino meras ideas evolucionando a partir de las ideas; luego, entonces,
en el metalenguaje página a página se emancipa una
vertiente distinta de la otra, se gestan y cultivan embriones
de uno y otro crío como la Realia, que surgió de
pronto y tomó forma y consistencia, pero el uso del metalenguaje
es personal, está hecho por gente un poco cansada de la
simple y llana comunicación a medias consigo mismo y el
entorno; también tiene sus atajos y cabos de pensamiento
y provoca mundos propios. Asómense en los laberintos de
Toño Reyes; claro que para otros menos técnicos,
pero más aguerridos, no fue más difícil que
decir que las palabras provienen de una jarina con lluvia en la
tinaja y, como decía Cantinflas: que esto, que lo otro...
gracias, joven.
©
Livia Díaz
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