| textura
de la súplica
Lucas
parece conciente
de que un texto no resulta convincente
si sólo narra milagros.
Jorge Aulicino
Así que para atraer a los hados amables
de la conciencia superior que nos rige
no deberían ser sombrías las palabras.
No
se convoca a la buena voluntad
ni a la fuerza interior de un gran espíritu
con esta chapa vieja de escritura oxidada.
Perdón.
Lo siento. Disculpas.
Fue cosa de arrebatos iracundos
tanto discurso decadente y derruido.
Vamos
a ver. Pongamos “celestial”,
“hermosura”, “apasionado”, “iris”:
“Contemplo la hermosura celestial
en el iris apasionado de tus ojos”.
Se
ha cumplido la consigna.
¿Y los hados amables?
¿Y la fuerza de voluntad?
Espero... resisto, no me socorren.
A
esforzarse más! Entonces digo:
“Plenitud de la noche engalanada
-se desmadejan las estrellas en su magia-
bajo ella una amorosa misa se celebra”.
Nada.
Ni una mísera escupida de vigor.
El estúpido verbo embellecido
ni a Cristo lo redime del poder
del pérfido verbo envilecido.
(hay
rima entre el segundo y el cuarto,
y quedó rima interna en estrellas/ella:
con estas perlitas se conmueve Hades
y me tragan los infiernos)
la loca esa
¿que
cómo hace para sobrevivir
si es “infantil” y “de piel”?
es que apenas con su resto
sobrevive
y si se encierra y se duerme
a las diez,
en sus relaciones ¿cómo se exime?
Fracasa. No, chiquito, no se exime
¿que se proyecta y se la conoce
como mujer-quimera?
Justamente.
Ella es la sombra en la caverna
y si se vuelve mala, malísima,
y engaña y hace daño:
Difícil.
no sabe/no contesta.
¿dijo que le gustaría más plata?
si dijo eso, ¿qué hace lejos
de un gerente soberbio
(como alguna vez pudo)?
¿que es depresiva?
¿que está pirada?
soltála, idiota,
¡soltála!
y pensar que por ella
-¿a quién se le ocurre?-
dejan a otras mejores...
es que no aprendieron nada.
aspira a la poiesis
mastica
el pedazo de pan, migas
de palabras desmenuza, come,
advierte sonidos guturales, habla
y escucha su propia disonancia
repite “indignación” marcando enes
espera formular la forma fónica
ansía manifestar un verso, deglute
su yogur angurrienta terca y tensa
bebe de una vez el refresco, oye
bajar los tragos por la garganta
no encuentra traducción para esos ruidos
en grupos fonémicos ni consonantes ni vocales
plantea la idea de una tarde quieta
busca un silencio sentenciado al negro
presiente los acentos ordenando un caos
falta un concepto y cuenta las sílabas
divisa las categorías paralelas
nociones que designan dualidades
a iguales concepciones las fundamentales
requeridas reglas de parataxis
sus ojos huyen espantados del texto:
este poema es una obra de hojalata
vulgar y cortante como un juguete barato.
los trabajos y ellas
Gracias, querida poeta de pitadas y disnea,
por prestarme nuestras conversaciones
-
se parece a un poema, intenta serlo
pero se me ha escurrido entre los dedos...
- empieza por esa imagen
-... pero es demasiado visual
- úsala aunque no te guste lo visual, luego la quitas
- sabes, creo que la dejaré. Sí, es como agua entre
los dedos.
copos
de nieve/irrealidad/bienestar/agua entre los dedos
pedruscos de placer/filos/cuñas engañosas
así transcurren los instantes/cortajeándonos
sin poder lavarnos las heridas/porque el agua
se ha escurrido entre los dedos
-
copos de nieve o cuerpos de nieve?
- son copos.
- no, son cuerpos.
- te digo que son copos.
- pues mírate: haciendo el amor con un cuerpo de nieve,
aguzado, escurridizo... tremendo!
si dejas el copo, es nimio;
si dices –o haces el amor con él, con el cuerpo-
se derretirá y desaparecerá, dejará de existir
ves? Ya no tienes el problema de lidiar con la imagen.
-
anda despacio, como cuando acaricias.
- noooo, no se va despacio durante el parto del poema
si
no viene de cabeza, pues que venga de nalgas
no esperaré las veleidades de las musas y su goteo
fijaré la vista largo rato en el retrato de Sonia de Klamery
voy a escuchar cien veces Watching over you
veré qué opina Miller (Henry) sobre los diluvios
de palabras de Mona
gritaré sentada en el cordón de la vereda -como
hacía la loca esa-:
“cuando la noche es más oscura, se viene el día
en tu corazón”
retozaré orgullosa al reconocer cada tropo de Góngora
trabajaré en convertir los impulsos heridos en el “goce”
de Barthes
no voy a negociar las condiciones de esas tipas semisonrientes
semidesnudas
-
¿verdad que sería un disparate buscar lo que no
se encuentra?
- sí, sí lo encuentras; lo que no puedes es forzar
que venga a ti
- pues que no venga, lo traigo de los pelos ... ¿tiene
pelos?
- sólo debes estarte atenta y agarrarlo a tiempo
- qué guay, que se escape si quiere, yo me lo fabrico
- no se escapará si no lo dejas, pero conserva también
el que fabricas
- al fin y al cabo, ambos se fundirán en la misma materia
príncipe/sé
cómo decirte/que lágrimas gruesas
enjugaron tu hermosa gran virilidad
todavía viscosa/y que el oro blanco
dejó picante tibieza/en mi garganta
despejó la pista
Y
ahora, cambiado el sueño en acto
¡qué dinamismo me levanta
y me obliga a creer que esto que hago
es lo que puedo, debo, quiero hacer;
este trabajo tan gustoso de contarte,
de contarme de todas las maneras,
en la forma que me quedó de todas, para ti!
Juan Ramón Jiménez
oye,
tú,
duende calvo
delgado pálido
doliente apresurado
¿por qué me llamas?
dime,
a ver,
soy tu dos soy tu dual
soy lo uno o lo último
soy de tu dios el desmán
¿qué tienes que declarar?
giras
desmesuradamente
tu figura crece deambulando
días, la figura dionisíaca
armonía de la domesticidad
desparramada por deleite
prefigurado
destino
pasado desfigurado
la forma la fisgona la figura
dibujo desarreglado y redimido
se
angela lo desangelado
la mudez de los huecos vocifera
la voz se define se delata en
las voces tenebrosas, la voz
fulgor de ecos en el agujero
dicta
el duende
cae todo lo elevado
lo que es caído se eleva
lo unívoco se destroza
se asocia lo dividido
gira
el duende dichoso
despabila lo movible
movedizas voces da y diseña
decide y dice movilidad vocinglera
con
aullidos te respondo
mezclo mi vuelo con tus giros
como trazo sombrío al bosquejo me incorporo
y montada en las alas de tu sala
me moveré dentro de tu sitio en el cosmos
así siempre las cuatro cuadras
Pensando
en el conjunto de vulgaridades
que irremediablemente la definen,
padece la mañana soleada
magníficamente despeinada y mal vestida.
Camina
echada hacia delante
como intentando la precariedad del mono.
Cotejándose con otras,
las que se desplazan como diosas
por la mera excelencia del calzado,
soporta el apremio de su propia portación.
Y a cada paso la incita o la despiada
la zanahoria esfumándose
de un concepto deslenguado,
es decir, la violencia desiderativa
de la idea del poema,
uno más, esta mañana.
Los
baches la dispersan
de “muer-teo-lo-gía” o “mar-ti-ro-lo-gio”.
pero el dolor de los tobillos le devuelve,
esta mañana ocurridas,
sus dos palabras.
Empecinada
en lo antiestético,
quiere decir “ornamentos”
y en el camino le aparecen
solo “atuendos” o “colgajos”.
Decide
entonces,
esta mañana,
hacer un texto irreversible
de suma alegría.
©
Gabriela Alia Botbol
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