| fuente
de claridad
I.
esto
es magia:
un hombre camina bajo la arboleda
en medio de una lluvia de pétalos blanquecinos
mantiene
los ojos entrecerrados como si la luz fuera demasiado
intensa
y al cabo de un momento
sonríe
y
sigue su paseo
con la pesada maleta
esto
es magia
III.
me
gustan las barbas desaliñadas
las barbas de uno o dos meses
él
se afeita cada cierto tiempo
y se convierte en niño
hasta
sus ojos miran sorprendidos
sobre esos labios gruesos y sexuales
le
va mejor la barba asalvajada y disparada como una estrella
cuando
vemos películas de canibalismo se vuelve loco
no me deja tocarlo
IV.
vino
la noche y yo escupí
sobre todas mis flores hinchadas
sobre mi llanto aguado
rompí muchos poemas
mañana clara ésta en que hablo
soy todo lo que conozco
no
tengo nada que ofrecer
soy todos los hombres y mujeres
cada uno su valle
VI.
el
hombre casi famoso miraba en torno
sonreía su pecho agitado decía gracias
Dios mío
mis estudios aburridos mi trabajo este día
el fruto el sensual vaivén de las miradas
oh, una cámara
X.
todos
se ríen de mi amor por mi mesa de cristal negro
la que compré ya vieja y gastada
no
aprecian que la luz, redonda, se hunde en ella
como la vieja luna, Li Po, en un charco
XII.
hay
algo en su forma de placer
que recuerda la masturbación de un idiota
ante las bragas de una niña, quizá su propia hermana
paladea
sus logros con miedo
mientras bajo la mesa las arcas
emiten sus vibraciones sensuales
cuando
tiene oportunidad de mostrar sus bienes
se eleva encogido sobre sí mismo
cerrado, cubierto de baba, obsceno
amo absoluto de planeta miseria
XIII.
encontrarás
tu lugar en el mundo
como yo he encontrado el mío
en tu oreja de nácar
mi
caracola iluminada
lo
hallarás
mi
rayo de sol mañanero
mi
albaricoque dorado
XIV.
estudiando
el anillo
trashumante y redondo
del dolor
amanece un día alegre
mi
relación con él, mi vaguedad,
lo incisivo de su herida, lo sucio del asunto
todo ello estudio
lo
trago de un bocado enorme
e inicia su baile de llamarada
en mi estómago poblado de insectos
en mi garganta de desear
hablan
todas las preguntas como perros nerviosos
XV.
bajaban
los cadáveres desnudos por el río
con toda su limpia tersura en muslos y pechos
mientras una luz dorada alcanzaba nuestros ojos
eran
muchos, varias decenas
y yo tengo fábricas de símbolos
los primos de los presagios, los mercaderes
claro,
el sentido final de la ceguera
tan tema mío
el silencio como una película viscosa
de desconocimiento
no
había nada – insistían -
no había nada
ningún cadáver en el río
no – consentí -
supongo que no bajaban los cadáveres
un poco hinchados ya
por el río
XIX.
él
siempre escucha la misma música
that was the river!
this is the sea!
una
y otra vez
día tras día
hoy
en la película un héroe iba a morir
desconocido y hermoso y sentí algo
como una fuente de claridad
que inundaba mi garganta
¡aquello
era el río!
¡esto es el mar!
©
estefanía g.
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