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el
cura muñoz confiesa su amor por wanda
Eres rusa,
yo español; y no tengo dulce oficio.
Mi sangre hierve como una rata encima de un boucan
si te miro a los labios, pues estoy hecho por completo
de esmeraldas y aguas cenagosas.
Me río del rey, mi rey, el tuyo, cualquier rey,
de su parlamento y su perdón. No le temo a la horca
ni al infierno, que ofrece buena compañía.
Si caigo en esta noche sin estrellas,
en las Antillas, lejos de mi hogar, no
temblaré delante de la sonrisa de la muerte,
esa puta que cohabita con todos sin importarle de
dónde vengan ni adónde no irán ya.
Moriré alegremente, pensaré que te amé,
que aún te amo, y que si no me hubieran dado
muerte, probablemente habría olvidado quién soy,
y a mí siempre me gustó cultivar la memoria.
No tengo oficio grato, Wanda,
en la vida que llevo, la nada me roe las entrañas
igual que tus besos. Piensa en mí, mi amor ruso,
asesiné a tu marido
y apuñalé uno por uno a todos tus amantes.
Que al menos estas pruebas de amor
te sirvan para recordarme con ternura.
monólogo de bellamy, un príncipe
libre
-------------------------------"Vete
al diablo", reanima, "Dios te bendiga", entumece.
-------------------------------------------------------------------------------------------William
Blake
En cuanto a mí, puedo deciros que jamás
defenderé otra bandera que el mantel de mi mesa,
ni a otro rey que al que se ufana
debajo de mi calzón que, por cierto,
no deja de exigirme tributo.
Lo de llevar triste vida de vasallo,
sin duda os lo dejo a vosotros, empleados y burgueses,
escoria ciudadana o patanes labriegos,
que vendéis por un bocado la libertad
y sois gobernados al antojo del que escribe
las leyes (que le sirven para proteger
lo que os medra del riñón y os rebaña del
costado).
Yo, y los que son como yo, al menos,
robamos a esos ricos con la sola protección
de nuestro coraje. Los mismos ricos que os roban a vosotros
amparados en eso que llaman la justicia.
La de ellos, porque mía no. No, yo no
tengo corazón de perro sarnoso ni espíritu de gallina.
Mirad el mar, se os gastarán los ojos antes
de que podáis abarcarlo todo: ése es mi reino,
y no otro. ¿Que mato y saqueo?
¡Sí, Dios mío!, ¡y ellos también!,
y seguiré haciéndolo hasta el fin
de mis días, (lo mismo que ellos).
Mi guerra es contra el mundo entero.
La empecé porque no les debo nada a esos bellacos
que administran gobiernos, imponen sus impuestos,
defienden sus haciendas y condenan a la horca mientras
le cantan misa al reo. No soy un hombre servil,
no me parezco a nadie que hayáis visto antes, en altamar
---no se me reclama peaje. Vivo al
revés que vosotros,
---que perdisteis la dignidad
---por un plato de sopa y un pulgoso
jergón. Yo,
---sin embargo, soy un príncipe
libre.
---Condenados os veáis todos.
Y adiós.
De
Capitanes de tiniebla
años de perro
¿Existen
trigales más allá de Orión?
¿hay musgo pegado a la corteza
de las constelaciones?
Yo hice un surco con la uña
sobre el tronco de un roble,
ignoré el ansia y la clara caricia
de mi madre, sin embargo no pude
enviar los rescoldos de mi aliento
a las estrellas.
Llovizna detrás
del cristal de mi mazmorra,
de mi hogar como un bosque de nubes sombrías.
No tengo a nadie, pero viajo sin pensar
que el Sol, a estas horas del atardecer,
no es más grande que el ala
de algunas mariposas.
como un pez en las olas saladas
Estrellas
de la tarde,
hilos de seda que fluyen en torrente,
amientos de los sauces,
las venas que recorren el cuerpo de las aves
que ya huelen a otoño.
Aquí estamos tú y yo,
borrachos y riendo, un par de locos
tocando con la yema de los dedos
si no el cielo rojizo,
sí el horizonte melancólico dibujado en el agua.
Ya no sé de otra luz que la que nace de su nombre,
ya no añoro el sexo ni el amor,
ni leer a los filósofos:
sentada a la orilla del mar, espero
simplemente a la profundidad del cielo.
Mientras haya
vino,
¿qué me importa el vacío?,
¿qué me importa la noche?
De
El tamaño del universo
©
ángela vallvey
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