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anczel
/ celan
"El
seudónimo del poeta Paul Celan
es un anagrama de su apellido cuya
pronunciación es Anczel"
I
Inversión
de sí mismo
que perfección exhala,
el poeta suicida
juega con su nombre:
de hombre vivo a hombre muerto.
Cambian los rastros, las palabras:
vocales y consonantes
se invierten a derrota:
espejea en el juego
el horror de volverse Otro,
para siempre extranjero
entre ellos,
los humanos.
II
Yo he sido
una cosa
y luego otra:
un pasajero,
el más insomne
de los esclavos.
Saltando entre los dedos
de los muertos
alcancé la cima de mis días,
puse de cabeza
la cumbre del monte
que corona mi vida:
sima, entonces,
lo alcanzado.
¿No es mi historia un poco
la de todos los hombres?
Un episodio sin explicación,
una sombra que cae
desde lo alto de un puente.
III
En los ojos
de mi madre
siempre soy
el niño más bueno,
el joven más lozano,
el hombre más noble:
espejo misterioso aquel
de la mujer amada
cuyo ser
cobija nuestra imagen.
En los ojos
de mi madre,
ahora ausente,
la verdad sobre mí
estaba escrita
de un solo trazo.
En qué
verbo
de una lengua extraña
vino la noche a completarse,
para ser
noche interminable.
Un río
corre
bajo mis pies:
ya deriva en él
hacia atrás
la forma abandonada
de mi cuerpo.
IV
Entonces me
entregué
al idioma
sin significados:
en corte de muertos
fui príncipe.
Había
vuelto al hogar,
pero la casa
estaba vacía:
desde entonces
se fueron mis señas,
aquí y allá
me dejé ir.
También
en el hijo
y en el delirio
anterior a las palabras
había depositado
su larva
el maestro de la destrucción.
Velé
cada día
por lo perdido
y ya sólo por lo perdido:
¿no es mi historia un poco
la de todos los hombres?
Un episodio
inexplicable.
V
Mi destino
fue otro
que el de aquel
de cuya muerte
no se sabe nada,
a lo sumo una lista
de horrores probables.
Mi destino
fue
un destino capital
dado para mí
de mano propia.
Me hice ajeno
para vaciarme de culpa
y me entregué al hermetismo
de lo abierto ilimitado.
Del monumento
que levanté
en una lengua enemiga
me quedó una cicatriz
a la altura del corazón,
una marca real
en una carne irreal.
Un envoltorio
fue
el que dio el último paso
hacia el vacío único:
el verdadero poema.
©
sonia scarabelli
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